La Prueba cap 15 por Elena Saavedra

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Capítulo 15

Diseño: Digital Impresión S.L. Impresión: PrinteryShop
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Diane había conseguido infiltrarse dentro de la organización gracias a Jack Remis. Cuando aceptó su invitación jamás se imaginó lo que había detrás de la fiesta, lo que esas apuestas ocultaban. Eran realmente atroces, pero Diane se mantuvo fiel a su personaje y no se dejó engañar. Tenía que hacerse con las pruebas necesarias para encerrar a todos los allí presentes.

Howard Buffet y su hija Agatha también estaban presentes, sin embargo no estaba Isabelle, al principio no lo entendió hasta que el señor Buffet se levantó y habló para todo el mundo— Bienvenidos damas y caballeros. Antes de comenzar, como ya sabéis, los que han perdido con sus apuestas no pueden estar aquí; tan sólo los nuevos inversores y los que aún no han perdido— Bastantes personas abandonaron la sala, pero muchas otras se quedaron— Gracias. Bien y ahora que comience La Prueba.

De la nada salió una pantalla gigante con las nuevas imágenes de La Prueba. Uno de los concursantes había resultado herido, pero ninguno había muerto hoy. Sin embargo ahora que el secuestrador había muerto el señor Buffet estaba en un buen aprieto, todo su juego podía venirse abajo. En un principio eso alivió a Diane, pero sus ilusiones se esfumaron cuando el señor Buffet anunció una reprimenda contra los jugadores usando un grupo de cazadores. Inmediatamente unos cuantos hombres se ofrecieron voluntarios para estar bajo sus órdenes y darles su merecido a esos perdedores, palabras textuales del señor Buffet. Iban a partir de inmediato hacia la isla. Aquello le cogió totalmente desprevenida a Diane. ¿Qué podía hacer?

— ¿No vas a apostar? — preguntó Jack devolviéndola a la realidad.
— Sí, por supuesto— contestó Diane nerviosa. Estaba bastante nerviosa era mucho dinero, tenía que elegir bien— Apuesto por el jugador que ha desenmascarado al secuestrador; si ha sido capaz de hacer eso, quien sabe qué más es capaz de hacer.
— Es una buena apuesta, pero la mía es mejor. Tyra, puede que sea negra pero era caza—recompensas. Ha metido en la cárcel a muchos de las altas esferas. Y ahora depende exclusivamente de los que ella ha encarcelado. ¿No es irónico?
Diane se quedó escandalizada— Lo dices como si no se lo tuviera merecido— la verdad, le sorprendía hasta qué punto estaba interpretando de maravilla su papel como Casandra— Yo apuesto por el mío… unos $120.000.
— Yo he apostado $80.000. ¿Tan segura estás de que vas a ganar?— le preguntó Jack y Diane asintió como respuesta— Entonces yo aumentaré mi apuesta a $140.000. Y si gano me concederás una cena.
Diane le apretó la mano en símbolo de un trato cerrado— Trato hecho.
En ese momento se acercó hasta ellos Agatha enseñando sus espectaculares curvas— He visto que has decidido unirte al grupo de apostadores de la Prueba y además has apostado fuerte. Eso me gusta.
— Si y además también me he apostado una cena con Jack— respondió Diane.
Agatha se volvió hacia Jack susceptible— ¿No me digas? eso es realmente interesante, yo pensaba que ya ese tipo de apuestas no las ibas a hacer Jack.

Diane había conseguido clavar el dedo en la llaga, era obvio que Jack y Agatha poseían algún tipo de relación y que él seguía comportándose como un soltero ligón, eso le proporcionó el momento idóneo para alejarse sin ser vista mientras Agatha discutía con Jack. Diane salió del edificio y allí la esperaba el agente Jared Mills. Tenía que encontrar la forma de dar con la ubicación de esa isla y ponerle un localizador a uno de los cazadores podría ser la solución definitiva. Así que acudió corriendo junto a Jared y éste se la llevó a un lugar apartado para poder hablar de la misión sin ser descubiertos.

— ¿Qué le ocurre Diane? Parece muy alterada— observó Jared. Al principio Diane no podía hablar porque estaba exhausta— Si es por Isabelle no se preocupe, se marchó hace un tiempo con su chófer al hotel.
— No es eso. Necesito un localizador ya. No haga preguntas— le advirtió Diane al ver la intención de Jared— después se lo explicaré— Jared le entregó a Diane una jeringuilla con un microchip dentro— Gracias. Usted espere aquí.

Diane entró corriendo de nuevo en el edificio y llegó hasta el ático. Los cazadores estaban en el cuarto de baño preparándose para marcharse de inmediato a la isla. Diane esperó hasta que sólo quedase uno para maniobrar su plan.

Se acercó por la espalda y le pinchó en el cuello; por suerte para ella el hombre ni siquiera notó el pinchazo pues estaba demasiado borracho e incluso la confundió con uno de los cazadores. Diane suspiró aliviada y tiró la jeringuilla a la papelera. Por fin podría reunirse con Jared y contarle todo lo sucedido.

— Has sido muy imprudente Diane. ¿Y si aquel hombre no hubiera estado borracho y te hubiese visto?— le reprochó Jared.
— Tenía que arriesgarme. Esas personas van a morir si no damos con la isla, Jared— contestó Diane— Además podías oler el aliento de alcohol de ese tío desde 3 metros, no hay que ser un genio para saber que iba borracho.
— Aun así te has arriesgado mucho— insistió Jared.
— No podía hacer otra cosa. Lo único que llevaba era el dinero de Isabelle y la navaja que usted me dio. ¿Qué hubiese hecho usted? — Jared no respondió pues seguramente hubiese hecho lo mismo que Diane, sólo que usando la llave del sueño, claro que ella no tenía ese tipo de formación. Por mucho que le cabrease Diane tenía razón no tenía otra alternativa— Al menos podría darme las gracias.
— Gracias por ayudarme a atrapar a los malos y a intentar salvar a esas personas inocentes señorita Pearson. Ha sido usted muy valiente— reconoció Jared.
— Cumplía con mi deber. Además después de todo esto podré dar la mayor exclusiva de la historia. ¿Podré contar con una declaración suya?
— No puede usar mi verdadero nombre, ¿usted lo sabe verdad?— Diane asintió como respuesta— Déjame que lo piense esta noche.
— Yo también estoy cansada— reconoció Diane.
— No se preocupe hoy podrá descansar, por hoy ya hemos cumplido. Ahora son los informáticos lo que tienen que pelearse para sortear las defensas informáticas del señor Buffet y poder activar el localizador. En cuanto demos con la isla todo esto habrá terminado y en gran parte ha sido gracias a usted Diane. De verdad no sabe cuánto se lo agradezco— confesó Jared.
— Si está tan agradecido deme esa declaración— le pidió Diane.
— Déjame que le invite mañana a almorzar y le daré esa declaración.
— ¿Me está usted pidiendo una cita señor Mills?— preguntó curiosa Diane.
— ¿Y qué pasaría si así fuera? — preguntó Jared.
— Aceptaría encantada— contestó Diane.
Jared le cogió la mano— Entonces quedamos para almorzar, a eso de la una en su hotel. Así no llamaremos la atención, después de todo hay que mantener su identidad secreta. ¿Cómo era su nombre? ¿Casandra?
Diane se sonrojó— Sí así es.
— Entonces mañana seremos Casandra y Thomas— dijo Jared refiriéndose a él mismo— ¿Le parece bien Casandra?
— Me parece genial Thomas— respondió Diane con una sonrisa tímida.
Jared la acompañó hasta un taxi y le besó la mano para despedirse de Diane, ella se sonrojó como respuesta— Buenas noches Casandra.

Jared vio cómo se alejaba el taxi con el corazón en un puño latiéndole a mil por hora. ¿Qué estaba haciendo? Ella era una periodista, una compañera de trabajo nada más. Pero por mucho que intentó quitársela de la cabeza más pensaba en ella; y entonces se dio cuenta de que se había enamorado.

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