La vecina de al lado cap 24 por Elena Saavedra Siles y Elizabeth Thor

Capitulo 24

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Xavier tiró de Mara hasta que las sensibles puntas de sus senos tocaron su pecho. Las manos de Xavier flotaron por su espalda hasta cerrarse en sus nalgas y la levantó. Comenzó a penetrarla, primero lentamente y después con más intensidad. Con la piel caliente y resbaladiza se unieron con una mínima sensación de roce o presión. Mara no pudo evitar gemir de placer, era una sensación que no había experimentando nunca, él la volvía loca hasta un punto inimaginable.

– Oh, me gusta – susurró, complacido Xavier.

– ¿Qué te gusta? – preguntó Mara.

– El ruido que has hecho. Ese gemido.

– Lo lamento; no era mi intención ser tan ruidosa.

Xavier rió y la carcajada profunda reverberó en las columnas del techo- He dicho que me gustaba. Y me gusta. Es una de las cosas que más me gusta de hacerte el amor.

Xavier sujetó más cerca de Mara y posó su frente sobre el cuello de ella. De inmediato, el vaho brotó entre ellos, resbaladizo como el agua cargada de azufre. Xavier hizo un ligero movimiento de caderas y Mara respiró hondo para sofocar un nuevo gemido.

– Sí, así-  Xavier murmuró con suavidad-. O… ¿así?

– Mmm -musitó Mara.

La respiración de ambos ya era más acelerada. Mara sostenida  por los fuertes brazos de Xavier comenzó a galopar sobre él.

—Mejor aún… —murmulló Xavier sobre el oído de Mara—… cuando te penetro con fiereza y ansiedad y gimes y forcejeas como si quisieras apartarte, pero sé que sólo pugnas por acercarte más y que yo estoy librando la misma batalla.

Las manos de Xavier exploraban con ternura y lentitud, como seduciendo a una trucha. Se deslizaban hacia sus nalgas y descendían para tantear y acariciar el tieso y excitado punto de unión.

– No te imaginas cuando necesitaba penetrarte

Mara notó como comenzó a penetrar aún más fuerte- ¡Xavier!- se quejó.

Clavó las manos en mi cintura para acomodarme y retenerme- Todavía no he terminado. Tenemos tiempo. Y quiero escucharte gemir así otra vez. Y que gimotees y solloces, aunque no quieras, porque no podrás evitarlo. Quiero hacerte suspirar, como si tu corazón estuvie­ra a punto de romperse, y gritar de deseo y, por fin, estallar en mis brazos. Así sabré que te he dado placer.

El torrente surgió entre los muslos de Mara y se disparó como un dardo hacia lo hondo de sus entrañas. Mara aflojó y sus manos resbalaron laxas e indefensas de los hombros de Xavier. La espalda de Mara se arqueó y sus senos resbaladizos se aplastaron contra el pecho de Xavier. Mara tembló en la oscuridad caliente y Xavier la sostuvo para que no se ahogara. Xavier sujetó las caderas de Mara con firmeza y la impulsó con potencia. Mara se aplastó contra él y Mara oyó el grito de Xavier, y supo que le había dado placer.

Sin embargo, cuando se apartó de Mara giró la cabeza hacia la mesilla de noche, y allí estaba aún la foto de Vera. Aún seguía pensando en ella e incluso después de aquello.

Mara pensaba que tenía que matarla, era la única manera de que por fin se olvidara de ella.

Mara poso su cabeza en el hombro de Xavier intentando que sus miradas se entrecruzaran, para que el pudiera el amor que reflejaban sus bonitos ojos. Ese sentimiento era verdadero era lo que sentía realmente por él. Solo quería que olvidara esos amores del pasado para quedarse para siempre con ella. El chico paso su mano lentamente por el cuerpo desnudo de su amante, acariciando su pecho y ombligo. Mara se mordió el labio inferior cuando sintió sus dedos acariciando su sexo lentamente. Los dos se fundieron en un largo beso que parecía que no tendría final.

-Para Vera solo eras un juguete, hasta la aparición del hombre que realmente deseaba-Le susurró al oído lentamente-Yo te daré el amor que olvidaste……ella te absorbió dejándote como un recuerdo, yo te quiero Xavier.

Al abrir los ojos al nuevo día Xavier descubrió que estaba solo en la cama, al levantarse se puso su ropa y comenzó a andar por la casa de Mara. Había entrado cuando estaba muy borracho y no había visto nada de aquel hogar. Poso su mano en el pomo de  una puerta pensando que era la habitación de Mara. Lentamente comenzó abrirla sin saber lo que encontraría, escuchándose como crujían las bisagras. Tirada en la cama estaba la madre de Mara que al ver algo de luz se esforzó en comenzar a gritar, pero era imposible ya que Mara la amordazaba y le tapaba la boca durante el día. El joven fue a  entrar en la habitación hasta que una delicada mano le cogió de la muñeca, hay estaba Mara que le abrazaba con fuertemente. Xavier la agarro por la cintura y le miro a los ojos, esos ojos tan profundos como el océano. Mara le sonrió con timidez mientras veía como dejaba de mirarle a los ojos, sentía su tristeza en él. Un recuerdo había vuelto a el y eso le dolía, saber que la mujer con la que había compartido un dulce sueño de amor le había dejado para siempre. Mara sabía lo que pasaba y sus manitas fueron a la cara de su amante, le miro a los ojos y le miro con seriedad:

-Tienes que olvidarla, sabes Vera es mi amiga pero se ha comportado mal contigo…….Fuiste su segundo plato cuando la relación con Martin se fastidio. Tú la amantes ya que estabas cegado por ella……..pero ella no te merece, me escuchas.

Un nuevo beso en los labios, un nuevo paso para volver al campo de batalla donde el sexo era la única arma y el lugar de batalla esta vez era el sofá del comedor, Mara intentaba por todas sus fuerzas que Xavier olvidara la sombra de Vera. Alguien que jamás le mereció. Mientras se besaban nuevamente las ideas de cortar el último cabo que le ataban a Vera nacían en su mente. Mientras se sentía abrazaba, mientras que su sudor se mezclaba con el hombre de su vida pensaba en la muerte, clavarle un cuchillo en el vientre para que esa zorra se apartara de su ya perfecta vida. Que no quería que nadie destrozara, le había costado tanto volver a levantarla que quería que fuera perfecta. Cuando sentía el placer de ser penetrada solo era capaz de ver un cuchillo cortando la piel, solo podía ver como penetraba con su cuchillo de carnicero el cuerpo de la otra mujer, esa persona que no se merecía una vida perfecta. No le valía ni sentía pena que ella hubiera perdido un hijo ya que Mara lo que había perdido era su corazón y su sentimientos. A hora que volvía a nacer en su interior no quería volver a perderlo. Mientras llegaba al orgasmo cogiendo con fuerza a Xavier solo pensaba en el cuerpo sin vida de Vera, solo pensaba que aquel hombre volvería a ella llorando y ella le ayudaría a olvidar para comenzar una vida perfecta entre los dos.

Xavier se volvió a quedar dormido, Mara le observaba en silencio y entre sus manos un cuchillo de carnicero. El mismo que usaría para cortar la carne de su querida amiga. Escucho unos golpes en la habitación y comenzó a pensar que su querida madre se había soltado, que esa loca se podría hacer daño.

Al entrar en la habitación de su madre vio cómo se había soltado una de las manos, veía como penosamente la levantaba para señalarla a la cara y se esforzaba en decir unas palabras tras quitarse la mordaza.

-Maaaaaaara déjalo de una vez-Dijo alargando las palabras en un vago esfuerzo de intentar hablar por culpa de su parálisis facial-Noooooo hagas mas daño……

Mara miro su cuchillo y pensó que ya era hora de olvidar el pasado, miro a su querida madre con una sonrisa en sus labios. Se acercó a ella y con fuerza comenzó a clavárselo en el pecho sin ninguna clase de remordimiento:

-Me quitaste lo que me hacía más feliz y a hora no permitiré que me arrebates mi nueva vida……..me escuchas?-Dijo Mara.

Sandra se levantó poco a poco de la cama, esos días tan húmedos hacían que su cadera le proporcionara un fuerte dolor y todo por ese maldito tornillo. Recordaba como la estantería de libros le cayó encima aplastando sus huesos y rompiéndolos uno a uno. Pensaba que era una buena persona y podría rescatar de la locura a su buena amiga Mara y ayudar a unos vecinos. Veía la obsesión de su amiga creciendo lentamente y tenía que detenerla, deseaba que alguien la ayudara para volver a tener a su amiga de toda la vida. Después de la visita de la policía mara fue a verla y la aterrorizo con un cuchillo, la arrastro hacia el comedor y le tiro la gran librería de libros. Solo por defender su amor. Había pasado la noche entera sin dormir solo pensando en su vecina y saber si tendría que ayudarla para que Mara no le destrozara la vida. Su cabeza saturada con esa idea y mientras se hacía un café pensaba en sí tendría que ayudar, mientras se dedicaba a escribir su novela en el ordenador solo podía pensar en detener a Mara. Ya le había advertido en el parque que no se metiera, pero no quería ver como todo acababa tan mal como años atrás. Respiro profundamente y comenzó a pensar en Mara, como quería recuperar a su vieja amiga y como devorar esos labios que la tenían tan enamorada. Como quería ayudarla para que dejara todo atrás y no volviera hacer más daño. Detenerla era lo mejor que podía hacer. Cogió su móvil y marco el teléfono de Vera, eso era lo bueno de ser una escritora que dedicaba su tiempo libre en hackear cualquier ordenador que estuviera conectado en internet o móvil.

-Hola Vera soy tu vecina Sandra, quisiera hablar contigo…….

-¿Como es que tienes el número de mi móvil?, ¿que es lo que quieres? Pregunto Vera.

-Sera mejor que me escuches hay alguien que conoces que quiere hacerte mucho daño…….Nos tendríamos que ver en la cafetería Brooklyn.

 

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