La vecina de al lado cp 20 por Elena Saavedra Siles

Capítulo 20

portada-vecinaMartin miraba su móvil alicaído no había recibido ni una sola llamada de Vera desde su último encuentro. La había llamado y no respondía a sus llamadas, empezaba a pensar que Vera había cambiado de opinión y había decidido olvidarle. Pero no tenía sentido, ni siquiera se había despedido de él; no había tenido noticias suyas desde hacía ya una semana. Decidió ir a verla si quería cortar la relación por lo menos esta vez tendría que decírselo a la cara. Martin se levantó del sofá decidido y fue caminando hasta el bloque de pisos dónde vivía Vera. Observó a una mujer rubia en la escalera, parecía como ausente… estaba observando a la nada. Martin pasó a su lado y ni siquiera notó su presencia. Aquello le estremeció, aquella mujer parecía totalmente trastornada.

Martin subió las escaleras y cuando llegó hasta el piso de Vera observó que la puerta estaba abierta. Entonces se temió lo peor. ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si era ese el motivo por el cuál no tenía noticias de ella? En aquel momento se sintió estúpido y le entró una rabia interior indescriptible. Se llevó la mano instintivamente hacia su pistola de 9mm, la había comprado hacía un par de años a después de verse involucrado en un robo a un supermercado. Desde entonces se había sentido inseguro y desprotegido, aquel ladrón podría haberle matado y sino fuera por la intervención de la policía él estaría muerto.

Martin había sentido como una pistola le aprisionaba la frente justo antes de entrar la policía y detener al ladrón. Pensó… ¿Y si no hubiera venido a tiempo la policía? Seguramente estaría muerto. Y fue entonces cuando decidió llevar una pistola, únicamente a modo de protección. Era la única manera de que volviera a sentirse seguro de nuevo, la única manera de poder salir de su casa sin miedo.

Martin apuntó a la puerta del apartamento de Vera y lentamente se fue acercando hasta llegar a la puerta. Martin inspeccionó el piso nervioso y tras comprobar que en el salón no había nadie cerró la puerta del piso, era probable que quien quisiera que estuviera allí volviera después. Martin se dirigió hacia el cuarto de baño, estaba vacío; inmediatamente cerró la puerta y se dirigió hacia la cocina, tampoco había nadie. Había dos dormitorios en uno de ellos estaría Vera suplicando que alguien entrara y la ayudase; puede incluso que estuviera mal herida. Abrió uno de los cuartos, pero estaba vacío era el cuarto que usarían para el niño. A Martin le invadió una sensación de recuerdos y sentimientos que no podía controlar.

A cada paso que daba estaba más nervioso, ya sólo faltaba la habitación de Vera, tenía que entrar y salvarla. No sabía que se encontraría al otro lado y tenía miedo pero debía superar todo aquello por ella.

Martin entró  en la habitación y vio a Vera tendida en la cama durmiendo que se despertó sobresaltada al verle. Martin guardó su pistola y suspiró aliviado,  Vera estaba viva y parecía estar bien. Aunque eso significaba que le había estado evitando a propósito, por lo que Vera ya no quería formar parte de su vida…

Martin sonrió, en aquel momento descubrió lo mucho que de verdad significaba Vera para él, le da igual todo volvía a verla de nuevo. Volvía a estar a su lado de nuevo, ahora lo sabía con más seguridad que nunca: estaba enamorado de ella. La necesitaba, sin ella su vida no tendría sentido, lo sabía… lo sentía.

Martin se sentó a su lado y la abrazó con fuerza con lágrimas en los ojos- No te imaginas lo mucho que me alegro de volver a verte Vera. Ya pensaba que te había pasado algo. Vi la puerta abierta y pensé…pero estás bien, gracias a Dios estás bien.

– Martin- musitó Vera con los ojos rojos- Yo no estoy bien. Tengo que tomar unas pastillas para sobrellevar el dolor de la pérdida de mi hijo. Creía que… creía que por fin estaba comenzando a superarlo pero no es así. He pensando tantas veces en terminar con este sufrimiento… Me siento tan sola Martin.

Martin le cogió el rostro- No estás sola Vera, yo estoy aquí contigo y no pienso abandonarte nunca. ¿Me oyes?- Ver asintió como respuesta- Dime, ¿qué pastillas te estás tomando?

Vera cogió el frasco de pastillas de su mesita de noche- Estas, me la mandó un psiquiatra amigo de mi vecina- Vera le entregó el bote a Martin- el doctor Barker.

A Martin se le cambió la cara- ¿Cuántas de estas te has tomado Vera?

– No lo sé…- musitó confusa. Martin se levantó de la cama, quitó el adhesivo identificativo del bote de las pastillas, se lo guardó en su chaqueta (era posible que los médicos lo necesitara posteriormente) y luego tiró el bote aún con las pastillas dentro en la basura- ¿Pero qué haces?

– Estas pastillas son alucinógenos te destruyen e cerebro Vera- dijo furioso Martin.

– ¿Y qué sabrás tú? ¿Acaso eres doctor?

– Vera mi antigua esposa las utilizó conmigo para intentar separarme de ti, por eso pasé una semana en el hospital. No te dije nada antes porque no quería preocuparte- Martin dio un puñetazo en la pared furioso- Joder.

– ¡Martin tranquilízate! No volveré a tomarme las pastillas.

– ¿Me lo prometes Vera?- preguntó mas calmado Martin y ella asintió. Martin volvió hasta su lado y la abrazó- ¿Cuántas pastillas te tomas al día Vera?

– Dos o tres creo.. no lo sé. ¡Estoy confusa!- dijo Vera llorando.

– Tranquila amor mío,, yo estaré a tu lado. Voy a llamar a una ambulancia.

– Pero…¿qué? ¡No!. Martin, Xavier sabrá que has estado aquí, él no puede saber lo nuestro- le suplicó Vera.

– Vera, podrías tener una embolia o un shock, tienen que hacerte un lavado de estómago. Me da igual que se entere tu marido, me da igual todo con tal de que te salven la vida- Martin marcó el número de emergencia en su móvil- ¿Hola? Me gustaría pedir una ambulancia para Lincoln St., bloque de pisos número 4. Estamos en el ático B. Gracias- Martin colgó y miró a Vera intensamente- Ya vienen de camino. No pienso separarme de ti en ningún momento Vera. Vera, para mí eres lo más importante de mi vida y…. No sabría qué hacer si te pasara algo…- Martin se limpió las lágrimas de sus ojos y  besó a Vera apasionadamente sobre sus labios y entonces Vera escuchó lo único que deseaba escuchar desde hacía ya mucho tiempo un te quiero tan sincero, tan lleno de amor que su corazón se entregara a aquellas palabras de tal modo que no pudiera volver a respirar sin escucharlas de nuevo- Te quiero.

Vera acarició el rostro de Martin- Yo también te quiero Martin.

Martin volvió a besarla como si se fuera la vida en ello, como si no hubiera un mañana la tomó en sus brazos y sus sentimientos los desbordaron. Comenzaron a llorar emocionados juntos porque acaban de experimentar el amor más sincero y profundo que pudiera ser experimentado por alguien. Aquellos minutos juntos mirándose a los ojos, sin decir nada pues no hacía falta, fueron los minutos más intensos que vivieron ambos. Y supieron entonces que no podían vivir separados, y que a pesar de todo lo que había pasado, de todo lo que les separaba su amor había permanecido allí resistiendo los golpes que le había dado el destino como una roca resistía los golpes de las olas de mar. Aquellos minutos para ellos los significaron todo, y a pesar de ser tan sólo unos minutos los vivieron como si fuera toda su vida.

Llegaron por fin los servicios de urgencias y se llevaron a Vera, Martin pudo acompañarla hasta el hospital; pero una vez dentro se tuvo que separar de ella.

Las enfermeras llamaron a su marido Xavier, pues era él su contacto de emergencia. Aquello volvió tenso a Martin, se iban a volver a encontrar y en una situación que no hubiera querido nadie. No sólo estaba la vida de Vera en peligro sino la suya al verle sabría que había algo entre ellos. Y sí había algo que sabía Martin sobre Xavier es que podía llegar a tener muy mal temperamento.

Xavier estaba apunto de entrar en la sala de interrogatorios cuando recibió la noticia de que su mujer estaba en el hospital. Sin pensárselo dos veces salió corriendo de la oficina hacia el hospital. Nunca antes había sentido tanto pánico desde el aborto de su mujer, y recordar de nuevo aquellos sentimientos no le hico precisamente bien. Entró en el hospital y entonces vio a Martin. Dentro de él se despertó una ira nunca vista antes. Había sido él, seguro para vengarse de Xavier por arrebatarle a su mujer. Ambos se miraron, pero Xavier no vio satisfacción ni venganza en su mirada sino dolor y tristeza. Estaba allí, porque aún amaba a Vera…

No era posible. ¿Vera tenía una aventura con Martin? Aquello le enfureció si era posible aún más. Salió disparado hacia él y le tumbó. Comenzó a pegarle, pero Martin se protegió con sus fuertes brazos. Consiguió escapar de los ataques de Xavier y se alejó de él, Martin sabía muy bien de lo que era capaz Xavier.

– ¡Hijo de puta! – gritó furioso Xavier- Aléjate de Vera, ¿me oyes?- ¡Aléjate de ella!

– No pienso hacerlo Xavier.  No pienso separarme de ella nunca más.

– ¡¡¡Es mi mujer!!!

– También era la mía cuando tú y mi exesposa la traumatizasteis para que creyera que la estaba maltratando. Yo la amo de verdad Xavier. Tú desentiendes de ella, y no te excuses por tu trabajo recuerda que te conozco muy bien. Sé tú historia, y tú sabes la mía. Así que no me vengas con que es tu mujer, porque no es verdad. Tú sabes perfectamente que su corazón me permanece desde siempre, y por mucho que intentéis separarnos no me separaré de ella.

– Sigue estando casada conmigo- le recordó Xavier.

– No durante mucho más tiempo. Ella también me ama Xavier. Sabe la verdad, toda la verdad de lo que sucedió, de cómo la engañasteis. No te confundas Xavier, ella esperó que tú les respondieras y no le has respondió. Ahora sólo será cuestión de tiempo para que pida el divorcio y vuelva a estar a mi lado, que es dónde debería estar. Jamás me perdonaré perderla por segunda vez, no. Eso no volverá a suceder.

– ¡¡Señores!!- intervino un doctor furioso- Hagan el favor de solucionar sus problemas fuera del hospital sino quieren que ordenen que seguridad les eche y no les permita volver a entrar- Xavier y Martin se tranquilizaron- Bien, ¿están aquí usted por la paciente Vera Johnson verdad?

– Sí, ¿qué le sucede doctor? – preguntó preocupado Martin.

– Pues hizo usted bien en llamarnos. Gracias al lavado de estómago que le hicimos volverá estar como siempre en apenas un par de días. Ya hemos terminado la intervención pero la mantendremos un día más en observación. Pueden entrar a verla, pero uno a uno y sólo tendrán unos minutos. Necesita descansar.

– Gracias doctor- le dijo Xavier- el doctor se marchó.

Entonces Xavier recibió un mensaje y suspiró frustrado- A ver si lo adivino. Tienes un caso muy urgente que no puede esperar- Xavier no le contestó tan sólo se limitó a lanzarle una mirada penetrante – Ve a verla tú primero yo esperaré a que termines.

Xavier miró su móvil- ¿Sabes qué? No hará falta, tú tan sólo dile que he estado aquí.

– ¡Espera Xavier! Hay algo que tienes que saber antes de marcharte- dijo Martin.

Xavier que había comenzado a marcharse se volvió- Tú dirás.

– Está así por culpa de unas pastillas que estaba tomando- Martin buscó en un bolsillo de su chaqueta y le entregó a Xavier el adhesivo de las pastillas- Se lo enseñé a los médicos, pero me dijeron que no era necesario. Iba a tirarlo, pero luego recordé que eras policía. Esto es una prueba para condenar al hijo de puta que le ha hecho esto a Vera.

– ¿Sabes quién le hizo esto a Vera?- preguntó algo cabreado Xavier.

– Las pastillas se las mando un psiquiatra que se llama Doctor Barker, no sé el nombre de pila, quizás cuando Vera se despierte me lo diga en cuyo caso te lo enviaré en un mensaje. Xavier estas pastillas te destruyen el cerebro, un par de días más y Vera hubiera muerto de una embolia o un shock.

Xavier le miró y entonces lo comprendió. Comprendió la profundidad del amor que sentía Martin hacia Vera, no era ni remotamente parecido a lo que sentía él. A él sólo le gustaba porque estaba necesitada, pero pronto dejaría de estarlo y Xavier lo sabía. Martin la amaba de verdad, tanto que estaba dispuesto a entrelazar lazos con su actual esposo con tal de coger al hijo de puta que le había dado aquellas pastillas a Vera y que casi le costaban la vida a su esposa. Firmaría el divorcio, Vera sería mucho más feliz con Martin y Xavier lo sabía. Además él necesitaba a alguien que le necesitara por siempre,  y que aceptara también su trabajo.

– Gracias Martin- Xavier se guardó el adhesivo- Si averiguas algo más que pueda ayudarme para encerrar a ese cabrón llámame- Xavier le dio una tarjeta con su número- Quiero que sepas que yo no monté aquella farsa con Cristal, peor sí que supe de ella poco después. Y no hice nada sabiendo que Vera estaba viviendo engañada, fui egoísta y ahora lo veo claro. Ella siempre te quiso, jamás te olvidó por eso seguía viéndote a mis espaldas. Y me imagino que ahora que sabe toda la verdad lo nuestro no podrá seguir adelante. Así que firmaré los papeles del divorcio en cuanto ella me los entregue y te prometo que me aseguraré de encerrar al responsable de esto.

– Eres un gran hombre Xavier.

– Quizás así sea; pero veo tú la amas de verdad. Tienes razón, yo jamás la he amado de verdad. Y sé que tú jamás la engañarías, y jamás la decepcionarías.

Channing Tatum es Xavier Carpenter

– ¿No estás triste por perderla?- preguntó Martin.

– Yo jamás la tuve Martin, no del todo. Además las cosas entre nosotros nunca fueron bien. Yo necesito otro tipo de mujer y que acepte mi trabajo a pesar de lo duro que pueda llegar a ser. Mantenme informado de cómo va mejorando, ¿de acuerdo?- Martin asintió- Ahora tengo que marcharme.

Martin le estrechó la mano- Adiós, Xavier.

Xavier se dio la vuelta y justo cuando estaba a punto de irse dijo- Cuida de ella como yo no pude cuidarla Martin.

– No te preocupes, lo haré- le aseguró Martin y sin más Xavier se marchó- Hasta el día que me muera cuidaré de ella, te lo prometo Xavier.

 

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