Las Ocurrencias de Mark Crackup: El Gato Reloj de R. J. Frometa

¿Crees que me pueden engañar? ¿Crees que no sé que eres un gato convertido en maquina? No te preocupes amigo, te salvaré a ti y a tus compañeros vilmente disecados y convertidos en reloj ¡Transformado en un reloj!… Siempre dije a todo el mundo que en una vida pasada fuiste un gato de verdad. Un pobre e inofensivo gatito con ganas de vivir la vida, pero que un horrible día fue atrapado para… ¡Santo cielos!

Me llaman Mark Crackup. Todos dicen que soy un lunático y un paranoico.¡No estoy cuerdo! Pero a ver ¿Quién lo está allá afuera? ¿Los que llaman vivir, beber hasta morir? ¿Aquellos que conducen a mil por hora matando a todos los que se les cruce por su camino, y al final hasta ellos mismos? Porque si eso es vida, ¡Entonces si soy un loco!… ¡Un loco cuerdo!

Se lo expliqué así mismo a mi hija adolescente. Chica preciosa para mi calamidad. No es suficiente que tenga que costear sus vanidades. Además tengo que vigilar sus pasos, para que algún pervertido no me le quite su pureza. ¡Un animal traído de los confines más malévolos del infierno!

—Eres todo un anticuado.

—Creédme. No soy una antigüedad. Cuarenta y cuatro años no es antiguo. Es posiblemente no nuevo. ¡Ni siquiera, viejo!

— ¡Eres raro! ¡Me Avergüenzas! ¡Todos se burlan de mí!

—Pues ten cuidado. La rareza en mi familia es hereditaria.

¡Jaja! Tuvieron que ver el rostro de mi hija. ¡Fue tan hilarante! De seguro tiene pesadillas desde ese día hasta hoy. Terminé mi mini discurso con una de las frases enigmáticas que le digo cuando ella viene con sus llantos. Me acuerdo muy bien como si hubiera sido ayer… ¡Oh esperen! Fue ayer.

—Avergonzado estoy de que la vergüenza sea vergonzosa.

Mi hija piensa ahora que he pasado de la locura a la demencia. ¡Bah! Pero los jóvenes en la actualidad piensan que sus padres están fuera de onda y fuera de sí ¿No?… ¡Esperen hasta que crezca!… Tres años y contando.

Pero de que iba hablándoles, ¡Ah! ¡El gato reloj!

No lo puedo soportar, tengo que ver quienes son las mentes malignas detrás de tal atrocidad… Compañía Match… Bien, es hora de buscar su localización. ¿Dónde estará su posada de brujería?

Calle K…

¡Aja! Ya los tengo, sé donde están.

Es hora de enfrentarlos y hacerles pagar. ¡Me vengaré!

Compañía de relojes Match.

¡Qué hermoso cuartel! Desde afuera y mirando a primera vista parece realmente un edificio empresarial. Nadie pensaría que aquí se crea atrocidades macabras.

Son astutos. Muy, pero muy astutos.

Pero no iba a desistir. Tenía que entrar allá dentro y enfrentarme a ellos. Ellos se la han pasado… ¿Cuánto tiempo tienen en el mercado?… ¡20 años!… ¡Por los cachorros de mi perra Nini! ¡Espantoso!

Entre.

—Buenas tardes. ¿En qué le podemos servir?

—Mi nombre es… Marrrrio Crrrementina. ¡Eso mismo! Mario Crementina.

«Dios, que la joven me crea. Padre, no os supla con inteligencia a éste espécimen», pensé en ese momento. ¡Oh la secretaria pareció no obstante darse cuenta de mi mentira! Debía lucir tranquilo…

—Bien… ¿Tiene usted alguna cita, Sr. Crementina?

— ¿Cita? Lo siento, estoy casado. Ve… Tengo mi anillo de compromiso. Y no soy un hombre infiel; aunque usted sea muy bonita.

— ¿Disculpe?

— ¿Sí?

—Me refería si tiene alguna cita de trabajo… ¿Busca a usted tener una reunión con un departamento: Compras, recursos humanos?

—Recursos humanos.

La chica cogió el teléfono y se dispuso a llamar, me imaginaba, a los de Recursos humanos. Al fin cerró.

—Sr. Crementina. Nadie le espera aquí. ¡Seguridad!

— ¿Seguridad?

En pocos momentos unos gorilas me echaron del enorme edificio bruscamente. La joven tuvo la indecencia de llamarme loco. ¡Loco yo! Yo no mato gatos indefensos para convertirlos en relojes aterradores.

Ahora tengo que encontrar otra manera de entrar sin ser visto. Pero esos demonios deben tener cámaras vigilando y no puedo olvidarme de sus poderes demoníacos.

Piensa Mark, ¿Cómo le harás?

—Buenas tardes, señorita.

— ¡Seguridad!

— ¡No, espere! ¿Ustedes reparan los relojes? Es que compre uno y me salió defectuoso. Quisiera repararlo. Mire, si no cree —Le enseñe mi reloj el cual le había colocado baterías defectuosas.

La chica lo probó y lo confirmó sin percatarse de mi astucia.

—Bien. Pero, ¿Por qué no lo fue arreglar en una tienda de reparación?

—Ustedes me quedan más cerca. Y tengo entendido que se puede reparar cosas suyas, es decir, que hay servicio al cliente.

—Ya. En ese caso, a mano derecha en aquella puerta de cristal se encuentra las oficinas.

—Muchas gracias.

Me dirigí tranquilamente y con indiferencia al lugar que me habían indicado. Creo que logré despistar a la chica de mis planes.

Llegué al centro de reparaciones de la oficina. El chico que atendía tenía una cara de que se iba a morir de aburrimiento. En ese instante un brillo de esperanza se vio reflejado en éste. Mi plan podría funcionar a la perfección.

—Muy buenas mi estimado amigo.

—Hola, ¿en qué podemos servirles?

—Sí. Mi reloj está dañado. Lo probé y no arranca para nada.

El que me estaba atendiendo volteó el reloj y sobrenaturalmente en lo primero que se fijo fue en las baterías. Las quito y las reemplazo por nuevas. El aparato empezó a funcionar nuevamente. ¡Lo sabía! ¡Brujería! No pude quedarme en silencio.

— ¿Cómo supo que eran las pilas?

—Normalmente son las pilas. Por eso las veo primero.

—Sí, claro. Me va a decir usted, que ahora no es un brujo entrenado para confundirme. ¡Muy tarde! Ya sé que son unos hechiceros que matan gatos y lo convierten en relojes…

— Otra vez no.

— ¿Otra vez?

—Si me pagaran por cada persona que dijera que somos mata gatos que malignamente transformamos en relojes, sería millonario y no tuviera que estar aquí pudriéndome.

Me estaban engañando. Algo me dio a intuir eso. Antes de protestar, el chico agregó:

— En la compañía no somos unos lunáticos malignos. Al menos no de gatos. La compañía es maligna a la hora de la paga, en eso son los mejores.

— ¿Por qué debería creerle?

— ¿Acaso me veo como Harry Potter? Mi único poder es el de resistencia a no saltar de un puente y terminar con mi vida.

Nuevamente tuve el presentimiento de que me engañaban. Pero la misma voz me dijo que no encontraría nada volviéndome desquiciado y estallar culpando a todos y cada uno. Además, estaba en la oficina. Lo más probable es que tendría que ir a la fábrica.

Y me fui. Pero no termine, algún día volvería y terminaría mi venganza.

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