Lo que fuiste por J.D. Arias

Heme aquí, otra vez, tratando de encontrar refugio y seguridad en letras que mi monitor representa con la ayuda de códigos basados en unos y ceros. Acomodando palabras delante de otras para formar un sentido que saque peso de mi corazón —y quien sabe, tal vez llorando un poco—, aquellos conjuntos de palabras que dicen los demás, son de calidad, mientras que para su creador no son más que amasijos sin forma, disgustos que no logran llenarlo, pero nada lo hace. No. Porque él no se lo permite.

Regreso a este hechizo, a este rito milenario que han hecho un centenar de personas quebradas, a las que la vida les ha dado miles de golpes y que con ello crearon cuervos que revolotean por la estancia con su incesante sentencia que pesa en el corazón y en el alma, “nunca más” acusa, y vaya que duele y desquicia, aquel maldito cuervo no se va, solo repite cosas en tu oído para adelantar la locura que ya de por sí, te profieres.

No sé lo que me has hecho, no sé porque me he comportado de tal forma a lo largo de estas semanas. Pero he aprendido, que no hay peor sentencia que el cuerpo te pida algo y la razón te prive. No me malentiendas, no es nada malo, o de ello me quiero —y debo—, convencer. Si, maldita sea, me he enamorado de ti, te he pensado desde frías mañanas en las que las gotas de lluvia golpean la ventana, hasta noches calurosas en las que no uso cobija. Y me aferro a recuerdos que no quiero que cambien y amenazo a mi mente para no olvidarlos, lástima que no pueda sentirlo como en aquella ocasión, me hace falta el latir de tu corazón. Aun así, abrazo mi almohada, cada noche, antes de dormir, cuando mi mente esta sobrecargada de pensar, y pienso que eres tú, solo entonces me siento a gusto.

Y después…

Siento miedo.

Me empeño en expulsarte, en creer que nada de esto es real, es solo una ilusión y que por nada del mundo quisiera arrastrarte a mi infierno —aunque sé que caminarías hasta allí con gusto—.

A estas alturas no sé si te odio o te amo.

Quiero amarte, anhelo amarte, y que me abraces y me beses como lo has hecho en mis sueños. Que me protejas… de mi.

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