Los Guardianas del Legado cap 3 por Silvia Marinho

CAPITULO III: EN EL HOTEL

“La amistad disminuye cuando

Hay demasiada felicidad de una parte

Y demasiada desgracia de la otra.”

Isabel de Rumania

 

Josh Holloway es Jaime

 

 

Ya en el hotel; la preciosa fachada hecha con detalles de piedra y espejos que reflejaban las ruinas antiguas, le dio una idea del lujo que hallaría en su interior, al contemplarlo una corriente de emoción la embriagó. La elegante entrada con estatuas y pinturas ofrecía una cálida bienvenida a los clientes, mientras ella confirmaba la reserva que Jaime había hecho para ella y se registraba, se quedó ensimismada ante la imagen que tenía frente a ella. Un grandioso hall con brillantes suelos de mármol pulido y mosaicos en los que podía verse reflejada, una escultura a tamaño real, increíblemente preciosa, y una impresionante escalinata que subía hacía las habitaciones. Cuando finalmente terminó de registrarse, y le dieron su llave, Jaime la acompañó. Por el camino, le indicó cual era en la que se alojaba él, y quedaron que en quince minutos ella bajaría a su habitación.

Cuando Alicia entró al fin en su habitación la; Athenian Panorama, una de las más bonitas del Hotel y quizás de todo Atenas, se quedó sin palabras, todo era, simplemente perfecto, ignoraba como podía Jaime permitirse ese lujo, pero le apetecía disfrutarlo. No había tardado ni media hora en coger la llave, subir, darse una agradable ducha en un baño todo de mármol y tomar una copa de lo más fuerte que había en el mini-bar. No se molestó en sacar sus pocas pertenencias de la bolsa que llevaba, estaba ansiosa por hablar con él y, además, sin darse cuenta se le había echado el tiempo encima.

Poco después del tiempo acordado, fue a la habitación de Jaime para contárselo todo. Mientras lo observaba, no pudo evitar rememorar cuando se conocieron, cuando se dieron su primer beso. Ese beso que tanto la había turbado, que la había dejado sin respiración. Recordó que parecía que su corazón hubiera dejado de latir, durante al menos, unos segundos…. Por su cabeza pasaron muchas imágenes de añoranzas pasadas. “Está realmente guapo con esa camisa blanca, esa mirada de preocupación y el crepúsculo reflejado en su cara.” Pero también recordó que la persona que la había hecho sentir todo aquello, era la misma persona que tiempo después rompería su corazón en mil pedazos. Con un suave movimiento de cabeza volvió a la realidad. De pronto, se percató de que tal vez, no estaba siendo tan buena idea haber ido a verlo, sobre todo, por la sensación de intimidad que le invadía, lejos de su verdadera vida y que estaba volviendo a florecer. Dejando de lado todos esos pensamientos, ahora estaba expectante ante la reacción que pudiera tener él, por lo que acababa de contarle. “Al menos, de momento, es mejor que le vaya contando todo poco a poco. Aun así… a pesar de no saberlo, lo intuye y se nota que está tremendamente preocupado. No sé, tal vez no debería haberle contado nada…”- Se decía a sí misma. Aunque hubiera madurado, seguía siendo en el fondo, una mujer insegura.

La historia que ella acababa de contarle era realmente increíble, hasta tal punto que él la hubiera considerado totalmente absurda de no haber venido de ella. Pero sí, estaba preocupado. Poco antes de salir del aeropuerto, cuando iban a por el taxi pudo observar como unos hombres, aparentemente turistas, los observaban con atención. Mientras ellos montaban en el taxi los… “otros”… recogían el coche que acababan de alquilar sin apartar ni por un instante, la vista de ellos. Él no pudo verlos con claridad, el gentío, la distancia y las pintas que llevaban esos hombres, hacía que fuera un poco difícil verlos bien. No pudo verles las caras. Tras salir del aeropuerto, mientras iban por la carretera camino del Hotel, Jaime miró varias veces hacia atrás por la ventana, y aunque al principio no los vio, creyó sentir que no andaban lejos. Curiosamente poco después, un 4 x 4 negro, el mismo en el que había visto montarse a esos personajes, estaba a unos pocos coches de distancia. El coche aparentemente los seguía. Era eso, o que casualmente iban en la misma dirección, cosa poco probable. Aunque tal vez y solo tal vez, realmente fueran imaginaciones suyas. Pero el hecho de que su padre y su hermano fueran policías, influía considerablemente, en la forma en la que él veía las cosas. Y esos hombres vestidos de payasos frikis… no pintaban nada bien, estaban fuera de lugar, eran como una versión de algún comic mal escrito. En ese momento decidió no decir nada y dejarlo correr. Ahora contemplaba desde la terraza de la habitación, ese mismo coche, y visualizaba como uno de los personajes, del que a esa distancia solo pudo ver que era de color, se bajaba corriendo del vehículo tras unos momentos de lo que parecía una acalorada conversación, y se dirigía hacia la recepción del Hotel. Fuera o no fuera real el descubrimiento que había hecho ella, la cuestión era, que parecía interesarle a alguien más. Lo cual le daba a los manuscritos, sino la suficiente credibilidad, al menos la suficiente importancia. Entró al dormitorio, pensativo y preocupado a la vez. Al final parecía que su primera impresión sobres esos hombres, estaba siendo cierta.

Cuando él hubo entrado, se sentó en la butaca que había al lado del mueble bar, ensimismado todavía en sus cavilaciones, y fue en ese momento cuando ella decidió salir a la terraza, necesitaba fumar.

Apoyada sobre la barandilla, fumaba con ansia un cigarro, su pelo todavía mojado caía sobre sus morenos hombros y su enigmática mirada se perdía en el horizonte como buscando respuestas. Él contemplaba esa escena pensando en cómo su belleza no había hecho sino acentuarse con el paso de los años, como un buen vino de reserva. Había adquirido madurez, experiencia, y una belleza cautivadora.

-¿Alicia?- dijo al fin- No sé si te has dado cuenta…

 

-Si ya lo sé. Estaban siguiéndonos. Llevan siguiéndome desde el día que llegué a París. Me pareció verlos en el avión y veo que no me equivocaba. Aunque jamás les he visto bien la cara, su aspecto es inconfundible y acabo de verlos; uno ha salido del Hotel, se ha montado en el todoterreno y supongo que habrán ido a aparcar cerca de aquí. –Alicia empujó con fuerza la barandilla de la terraza, aspiró intensamente su cigarro y lo lanzó con rabia a la calle- Por eso quise que vinieras a recogerme. Estoy algo asustada.

 

-¿Y no hablaste con Héctor? ¿Por qué no fue contigo? ¿Por qué fuiste sola? Eres una irresponsable, ¿Lo sabes?- Decía Jaime irritado.

 

Héctor era la pareja de Alicia, los tres se conocían desde los tiempos de la universidad, Héctor fue profesor de ambos. El profesor se había enamorado casi desde el principio de la estudiante, pero bien sea por la ética profesional o por el hecho de que ella estaba con otro, nunca le dijo nada. Durante los dos primeros años forjaron una muy buena amistad, solían quedar los tres de vez en cuando para cenar, tomar algo y charlar de sus aburridos temas.

Poco tiempo después de que Jaime y ella rompieran, Héctor se decidió finalmente a pedirle una cita. Alicia quedó encandilada con él; por el apabullante cortejo que este desplegó para conquistarla. Héctor era un atractivo catedrático de historia quince años mayor que ella. Tenía el pelo negro, del cual asomaban ya algunas canas, con, aproximadamente unos ciento ochenta y cinco centímetros de altura, y el cuerpo muy musculoso a pesar de que contaba ya con cincuenta años. Sus ojos, de color marrón poseían una mirada muy intensa y cautivadora. Tenía también, un interesante hoyuelo en la barbilla, el conjunto en sí era digno de ser comparado con un adonis griego.

A ella siempre le gustaron mayores, tal vez porque le aportaban la seguridad y tranquilidad que un chico más joven no podía darle, cosa que había descubierto por propia experiencia. Los chicos de su edad no tenían ni el valor, ni la hombría para aceptar responsabilidades. Aunque Alicia pensó que jamás volvería a confiar en un hombre, finalmente descubrió en uno mayor lo que jamás imagino, el amor. Llevaban cerca de seis años juntos, y se habían casado hacía más o menos ocho meses. Jaime no había estado en su boda, puso la excusa del trabajo, pero en el fondo, Alicia sospechaba que había sido porque no era capaz de verla casándose con otro. Desde entonces y a pesar de todo, seguían quedando los tres, pues nunca habían dejado de ser amigos. Bien era cierto que entre ellos dos había una especie de pique, o de celos, porque uno tenía lo que el otro no había sabido mantener. Pero consiguieron dejar de lado sus diferencias por ella.

-No era posible, verás, Héctor estaba demasiado ocupado, se marchaba dos días más tarde a Santander. Iba a impartir un taller sobre el románico al alcance de la mano, el curso iba a durar una semana. Lo impartía en UIMP (Universidad Internacional Menéndez Pelayo) y… No quería molestarlo. Además, pensaba estar de vuelta para cuando él volviese, y tampoco esperaba que los acontecimientos fueran… los que han resultado ser… ¿No? Por otro lado, sabiendo que tú estabas de vacaciones por las islas griegas, sabía que no te negarías a aconsejarme o… ayudarme. –Le dijo guiñándole un ojo de un modo coqueto y divertido.

 

-¿Y cuándo me he negado yo a seguirte hasta el fin del mundo? O ¿Cuándo me he negado a ayudarte, eh preciosa?- Decía él con una tierna sonrisa, aprovechando el momento para acercarse a ella y de paso comprobar si el coche seguía o no abajo.

 

Ella sonrió, lo miró, y en tono jocoso dijo:

 

-No me hagas hablar. Siempre tiendes a desaparecer cuando las cosas se ponen serias. Ya sabes, la eterna inmadurez del género masculino. Ah y no te preocupes, como te dije; se han debido ir a aparcar. – Alicia enarcó una ceja y añadió- ¿Crees que no me había dado cuenta de la burda excusa que has buscado para salir a mirar si seguían o no ahí? –Le dio un suave pellizco en el brazo y sonrió.

 

Al instante él comprendió que su indirecta acerca de la inmadurez había sido un derechazo directo a la barbilla y cambió sutilmente de tema:

 

Adriana Ugarte es Alicia

-¿Tanto se ha notado? –Jaime frunció ligeramente los labios en una mueca muy divertida- Tendré que practicar más ¿Te apetece cenar? – Dijo tendiéndole la mano en son de paz, y llevándola hacia el interior de la habitación.

 

El coche ya no estaba, se habían ido. No es que no la hubiera creído cuando ella se lo dijo, pero él tenía más dotes detectivescas que ella.

 

-Sí, ha sido muy obvio –añadió sonriendo- Bueno, estoy algo cansada pero lo cierto es que tengo hambre. Voy a mi habitación a arreglarme un poco y cenamos abajo. ¿No será un poco tarde ya?

 

-Unos clientes VIP como nosotros pueden cenar a la hora que quieran… –lanzó una pícara sonrisa que le resultó contagiosa a ella- La realidad es que hay todavía una hora de margen para cenar, cierran a las diez así que no te preocupes. Aunque eso sí, date vidilla ¿Eh princesa de barro? Pensé que cuando te fuiste antes a tu habitación para arreglarte… lo habrías hecho, arreglarte quiero decir…- dijo sarcásticamente.

 

-Ja, ja, y ja, gracioso el chico. Pues no, simplemente me di una ducha porque la necesitaba, pero si te fijas, te darás cuenta de que voy en chándal y sin maquillar…- le dijo señalándose a sí misma- ¿Vale?, Bueno te aviso cuando esté. Por cierto, te dejo las notas para que las repases, no olvides guardarlas en la caja fuerte antes de bajar a cenar.

 

-No lo haré, puedes ir tranquila. Ah y no tardes, preciosa. No, a menos que… quieras ponerte especialmente guapa para mí, en cuyo caso… ¡Uhm! ¡Estaré encantado! –Decía poniendo pose de anuncio de Martini.- Aunque tú siempre estás preciosa te pongas lo que te pongas.

 

-Idiota… ahora vuelvo.

 

Mientras ella se preparaba, echó un vistazo de nuevo a las notas. Según lo escrito, un evangelio apócrifo hablaba de cuando Jesucristo enseñó algo especial a María Magdalena. Leyó la traducción que ella había hecho, venía a decir algo así, como:

 

-“Ella ha realizado una buena obra en mí, al ungir mi cuerpo para mi entierro. Donde sea que el Evangelio sea predicado, que también lo que ella ha hecho por mí, sea relatado en memoria de ella

Que usáre las piezas

Díjole el maestro:

Y heme aquí que me encuentro junto con el grupo que el maestro eligió para su misión, dejando testimonio de lo acaecido. Y fue justo tras su muerte que se apareció, para recordarle a María que usare el objeto. Que como quiera que una parte no pueda ser usada sin la otra, que las uniera

Que cómo las tres gracias, la santísima trinidad o las tres culturas pues es el tres el número necesario para hacerla funcionar por ser el numero clave. Poco está faltándome ya para reunirme con él

Que este relato de los hechos que acontecieron es fiel a la realidad, pues muchos vendrán que contaran aquello que jamás aconteció, por eso quiero dejar testimonio de todo

Y quiero decir también la localización de dónde se haya en realidad la tumba de María, junto con

…”

 

En base a todo lo que Alicia llevaba investigado hasta el momento; el evangelio, que debido a su estado, no se sabía muy bien por quién había sido escrito, ni sobre qué hablaba, daba a entender una larga escritura, aunque solo se hubiera hallado parte de un papiro. Estaba bastante deteriorado, pues faltaban muchas partes del texto, pero venía a significar algo así como que María podía hablar con el maestro usando las piezas necesarias tras su muerte. Y lo que era más importante aún, parecía que daba pistas sobre la ubicación del objeto y de la tumba. También ratificaba las recientes investigaciones llevadas a cabo, en las que se ponía de manifiesto una relación especial entre María y Jesús, o más claramente de su matrimonio y de su descendencia. Lo que resumiendo, parecía que Jesucristo sabiendo de su muerte prematura quería proveer a María de un medio para comunicarse con él en el más allá.

Para Alicia significaba algo mucho más importante aún, era tal su seguridad en el hecho de que Jesús se había casado y había tenido hijos, que estaba convencida que con ese evangelio y con los demás (si conseguía encontrarlos) podría demostrarlo y romper de una vez por todas, la imagen falsa que la Iglesia había creados de ambos. Pero entre sus papeles había algo más. Algo para preocuparse, algo que no pintaba bien.

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