Los Guardianes del Legado cap 5 por Silvia Marinho

CAPITULO V: GRECIA EN LA ACTUALIDAD:

 

“Las dificultades hacen que la mente se fortalezca,

Como el trabajo lo hace con el cuerpo.”

Séneca

 

Adriana Ugarte es Alicia

Según las notas de ella, había alguien detrás de esos descubrimientos, y por el evidente interés con el que parecían seguirla, no parecían precisamente amigables. En ese momento Alicia llamaba a su puerta.

 

-¿Jaime? ¿Estás listo? –Dijo desde el pasillo.

 

-Claro, vamos -dijo al fin, saliendo a su encuentro.

 

-La verdad es que tengo hambre, ha sido un día muy duro con el viaje y todo lo demás, pero mi cabeza parece una olla a punto de ebullición.

 

-Veras como después de comer algo te encuentras mejor, ¿Has tomado ya algo para el dolor?

 

-Sí, y si tenemos en cuenta que me he bebido medio mini-bar…

 

-¡Caray chica! No quisiera tener que llevarte a que te hagan un lavado de estómago ¿Aun no sabes que no se deben mezclar medicamentos con alcohol?

 

-Serás idiota… a ver, listillo, en primer lugar necesitaba tomar algo fuerte para desconectar de toda esta historia, como tú mismo habrás visto, las cosas están más bien jodidas, al menos si tenemos en cuenta que unos frikis con aspecto de sicarios nos siguen… o mejor dicho… me siguen desde hace una semana. Y en segundo lugar, si no me tomaba algo para el dolor la única solución hubiera sido la amputación, y a día de hoy… pequeño capullo… ¡Prefiero tener mi cabeza sobre los hombros! -Exclamó irritada, algo que le ocurría siempre que le dolía la cabeza; su carácter se agriaba.

-Vale, vale… caray que carácter. –Decía Jaime en tono risueño.- Anda vamos, por cierto ¿Qué te ha parecido la habitación?

 

-Oh Dios, ¡Es preciosa, realmente preciosa! Pero…

 

-¿Pero…?

 

-¿No será demasiado cara? Yo… no me puedo permitir tanto lujo.- Dijo ella sintiéndose algo incomoda.

 

-No te preocupes, creo haberte dicho que corría de mi cuenta ¿No?

 

-Sí, lo dijiste, pero insisto Jaime, es muy cara, no quisiera causarte problemas.

 

-No te preocupes preciosa, considéralo mi regalo de bodas. Aunque con retraso… No temas me van bien las cosas.

-Ok, de acuerdo, no me volveré a negar y simplemente lo voy a disfrutar- dijo riendo y dándole un tierno beso en la mejilla.

 

-Así me gusta, pues espera a ver el restaurante, ¡Te va a encantar!

 

El restaurante, era de piedra y bóvedas con decoración medieval, realmente encantador, el lujo estaba tan presente en él, como en el resto del Hotel.

Durante la cena se pusieron al día con sus respectivas vidas. Le preguntó acerca de Marta, hasta donde ella sabía su última conquista. Una espectacular rubia que no tenía mucho cerebro pero si un cuerpo impresionante. La respuesta que le dio Jaime no le extrañó lo más mínimo, pues en todos los años que hacía que se conocían, ella sabía sobradamente, que él jamás se tomaba ninguna relación demasiado en serio. Le gustaba tontear con todas, y cuando se cansaba de una, la dejaba. No sin antes, eso sí, haber encontrado sustituta.

 

-¿Marta? que va, fue divertido al principio pero su interés por la moda, y su escaso intelecto, me volvían loco. Ya sabes que no aguanto más de tres meses con la misma mujer, no preciosa, las ataduras no están hechas para mí, – Le guiñó un ojo y su sonrisa pícara, no hizo sino reforzar esa imagen de playboy que ella tenía de él.

 

Jaime cogió la copa y la levanto en señal de brindis, inclinando un poco la cabeza y enarcando las cejas en un gesto tan arrogante como seductor, que empleaba siempre con ella.

 

-¡¡Uf!! Jaime, eres incorregible. Tu actitud te hará verte solo, ya lo verás. No es normal tener tanto miedo al compromiso. –Estaba segura que nunca cambiaría, seguía siendo el mismo inconformista, inmaduro y cobarde de siempre.

 

Cenaron tranquilamente, mientras seguían hablando de banalidades, pues desde que se conocían nunca hablaban de trabajo en las comidas, al menos hasta el postre.

Era consciente que los dos alargaban la tertulia porque evitaban hablar del tema, del mismo modo que era consciente, valga la redundancia, que debían hacerlo, de hecho por eso había venido ella hasta Grecia. Cuando acabaron de cenar, se dirigieron la terraza del Hotel para tomar una copa. De camino pasaron por el salón bar, junto a la piscina, estaba amenizado con conciertos de piano y violín, lo cual confería un ingrediente único a la cena mediterránea que acaban de tener. Pidieron un cóctel y salieron afuera, se sentaron junto a la piscina y allá volvieron sobre el tema que los había reunido. El ambiente era maravilloso, una enorme luna llena se posaba sobre el Partenón, dando un aspecto evocador de la Grecia antigua. La piscina iluminada en su interior, reflejaba una calidez digna de enmarcar en una pintura. Todo ese escenario invitaba al amor, al cariño, a los recuerdos. Como el ambiente invitaba a ello, él le pasó el brazo por encima de los hombros la atrajo hacia sí y dijo:

 

-Bueno creo que es hora de que hablemos sobre tus descubrimientos, ¿No crees? Déjame a mí el tema de mi soltería cariño, y vamos con lo importante. –Con ese marco inigualable le dieron ganas de besarla y de pedirle que volviera con él, y lo alejara de esa soltería que no deseaba. Pero cambió de tema- ¿Por qué no empiezas por contarme la historia desde el principio? Tan solo me has contado algunos detalles, muy por encima por cierto. He leído tus notas pero… prefiero oírlo con tus propias palabras. Sé que te siguen, sé que descubriste unos manuscritos, que al parecer serían más bien evangelios, al menos eso creo. Pero la historia está muy deshilvanada, así que… mejor será que empieces por el principio. – La miraba ensimismado, las luces de los farolillos que bordeaban la magnífica piscina en el centro de un inesperado jardín repleto de árboles y flores y la luz que reflejaba la luna sobre sus ojos le conferían un brillo de intensa emoción a su mirada.

 

-Está bien es un poco largo, pero intentaré contártelo. A grandes rasgos, te diré que fue Héctor quien me habló de la supuesta tumba de María en Francia. Como imagino que ya sabrás, hay varios sitios donde dicen tener la tumba real de María. Pues bien, al parecer alguien le había dicho que había pruebas fehacientes en dicha tumba, de la unión sentimental entre María y Jesús por un epitafio en la misma. Él sabía que ese tema me apasiona así que… ya me conoces, allá donde se vislumbre un misterio o una aventura estaré -Decía Alicia, guiñándole un ojo -La leyenda popular decía que las reliquias de Santa María Magdalena se hallaban en el convento dominicano de Saint-Maximin-la-Sainte Baumé (Todavía en la actualidad es muy popular la peregrinación a dicho convento). Llegué a el aeropuerto de Marsella y de ahí fui hacía la basílica (que es donde se halla la tumba) más o menos a hora y media. El lugar era precioso. No es ningún misterio el por qué muchas personas desean vivir en Provenza-Alpes-Costa Azul. La calidad de vida y el clima de esta región se encuentran ciertamente entre los mejores de toda Francia. Los atractivos paisajes del interior con llamativos suelos de colores vivos, que manchan tus pies durante días, las asombrosas formaciones rocosas que son una verdadera belleza. ¡Ni hablar de los profundos barrancos entre las colinas y las montañas!, simplemente espectacular. Y de los bosques de almendros, lavanda y antiguos vinos y olivos llenando los fértiles valles- le describía el lugar con la vista perdida en el horizonte, como si la imagen del Partenón que tenía frente a ella, se hubiese transformado por unos instantes en esa evocadora provincia francesa-. Las preciosas playas con unas aguas y una arena que rompen la respiración. Los placenteros y cautivadores aromas de la albahaca, tomillo, romero, verbena, limón y otras hierbas salvajes, que pueden ser apreciados en los alrededores, haciendo que la tierra huela tan dulce que no es ningún milagro que la industria de los perfumes sea muy substancial. Ciertamente es un paraíso…

 

-¿Oye que pretendes, ponerme los dientes largos?- la interrumpió al ver cómo su mente se alejaba de su lado- lo cierto es que suena a paraíso, pero no te distraigas de la historia, ¿Que me ibas a contar?

 

-Lo es, la verdad, es precioso. Quizás algún día me anime y me vaya a vivir allá. Bueno ¿Por dónde iba? Ah si, por supuesto era conmovedora la fe que se respiraba allí. Aunque es bien sabido que no es esa, la única supuesta tumba, pero era la que supuestamente tenía el epitafio. Héctor había hablado con André Beaumont; un distinguido caballero con mucho dinero, contactos y conocimiento del lugar para acompañarme. Gracias a él, pude…

 

-Espera un momento, ¿No te acompañó él? –Dijo Jaime algo sorprendido y rápidamente añadió– Ay claro, que tonto soy, si te hubiera acompañado habríais venido juntos… ¡Uy se me había olvidado lo de su curso, es cierto! –Dijo sintiéndose un poco tonto, sabía de sobra que no la había acompañado, pero en el fondo esperaba oír que algo andaba mal entre los dos- vaya es una pena, con ese ambiente tan romántico hubiera sido perfecto que lo compartieras con él.

 

-Oh no, no pasa nada, en otra ocasión iré con él, seguro que sí. Sabes de sobra como le encantan las aventuras… pero de lejos, -adujo riendo- por eso siempre procura presentarme a alguien con conocimiento del tema para que me acompañe. Prefiere acompañarme cuando no tengo ningún trabajo que realizar, básicamente… porque así estamos juntos todo el tiempo. Bueno, ¿Continúo?…-Preguntó ella mirándole de un modo inquisitivo.

 

Ese comentario no le había hecho ninguna gracia, pues le daba la certeza, de que entre ellos todo iba a las mil maravillas. Se habría sentido mejor si la respuesta hubiera sido que estaban peleados. Le deseaba toda la felicidad del mundo a Alicia, pero en el fondo, le desagradaba que esa felicidad se la ofreciera otra persona. Aunque también le tenía un enorme cariño a Héctor, y no le deseaba ningún mal, le dolía sobremanera imaginarlo poseyéndola.

-Si por favor –dijo Jaime con desgana.

 

-Además tan solo fui para investigar la tumba, ¡No esperaba encontrar nada especial!, Era algo más… como te diría… espiritual, un anhelo de demostrar algo. (Desde luego yo no sabía que me encontraría con semejante historia) y además, mientras él pueda vivir la aventura a través de mis ojos… ¡¡Es feliz!!

 

-¡Ayy! Empiezo a pensar que te uniste a alguien muy cobarde –añadió él riendo a su vez- bueno continúa por favor. Esto se pone interesante.

 

-Si a veces yo también lo pienso, aunque no sois tan diferentes. Como puedes comprobar ¿Eh? –Decía Alicia inclinando un poco la cabeza a la vez que sus ojos sonreían- ambos sois unos cobardes, cada uno a su manera claro. Bueno ¿Por dónde iba? Ah sí, André. Bien, me llevó cuando casi habían acabado los horarios de visita, (entre otras cosas para que yo pudiera explayarme a gusto) Me comentó que al parecer había inscripciones en las que se podía leer una especie de epitafio dedicado a su “esposo”. Como conocía al párroco nos dejaron quedarnos solos -una sonrisa iluminó su rostro ante lo que para ella era, de alguna manera, una especie de privilegio –bajamos a la cripta, nos retiraron el cristal que protege la tumba, tras mucho mirar y cuando ya pensaba que no había nada… vi una losa bajo la urna. Parecía el anagrama de Magdála, (aunque muy deteriorado por los años) y resultaba apenas visible. En la losa apenas podía leerse los restos de una frase; “E… te… hacía el… a… “Limpié un poco el contorno esperando leer mejor la frase o hallar el epitafio, pero cuál fue mi sorpresa que al presionar un poco la losa hacia dentro, esta se abrió y me desveló todos los secretos… en fin… Hablando claro, que de su interior salieron unos manuscritos, ¡Aparentemente un Evangelio! >>-Chilló entusiasmada- Bueno aprovechando que me creía sola y a salvo recogí los pergaminos para poder estudiarlos a fondo a mi regreso a casa, no sin antes eso sí fotografiarlos, bueno ya te he mostrado antes en mi habitación las fotografías de esos manuscritos.

 

-Si los que hablaban del… “teléfono divino”, ¿Me equivoco? ¡Espera un momento!, ¿Me estás diciendo que los robaste? –Le espetó el con un rictus de asombro en la expresión.

 

-No, eso es, los mismos manuscritos, ¿Teléfono divino…? suena bien- dijo riendo por lo bajo- Y… ehmm… ¿Robar? Bueno no exactamente… tan solo los tomé prestados… Aunque de la famosa inscripción o epitafio como tal no hallé nada de nada, lo cual es raro, porque Héctor nunca me ha hablado de nada de lo que no estuviera bastante bien informado… En fin no se, tal vez no la vi. Bueno chaval veo que aun sigues despierto. –Le dijo dándole unos golpecitos en el hombro- Como tú mismo pudiste comprobar en mis notas, también de la losa tengo una foto, pero por más que la estudio, no sé qué es lo podía poner en su día.

 

-¡Claro que sigo despierto! Por cierto ¿Quieres otra copa?, Yo tomare una, ¡Uhm! Aunque puede que te emborrache y me aproveche de ti…

 

-Si te emborrachas querido Jaime, no podrás aprovecharte de nadie. Además te recuerdo que estoy casada… felizmente casada. –Dijo enfatizando las palabras

 

-Ya, ya, lo sé… uf… bueno y ¿André? ¿Cómo reaccionó él al ver los manuscritos?

 

-¿André?… pues ahora que lo mencionas no pareció muy sorprendido, la verdad -dijo ella poniendo cara de sorpresa.- Ni siquiera había reparado en ello hasta que lo has mencionado. Lo que si es cierto es que me ofreció ayuda para estudiarlos, pero decliné la oferta, me despedí muy agradecida por su compañía y por su tiempo y me marché.

 

-Quizás él no sabía qué eran esos documentos, ¿No? Quiero decir que ni siquiera tenía porque saber arameo, así que probablemente no supiera que era lo que habías encontrado. Aunque no termino de entender porque permitió que te los llevaras…

 

-Sí, puede que tengas razón, aunque lo cierto es que él fue el único que me vio encontrar los documentos. Allí no había nadie más y, por tanto nadie más podía saber lo que yo había encontrado. –Dijo ella pensativa- Cuando llegue al Hotel, pasé las fotos al ordenador y me bajé a cenar, y, bueno… es cierto que en ningún momento me dijo que no me los llevara, es más, como ya te he dicho, me dijo si quería que él me ayudase con ellos. En fin el caso es que cuando subí… bueno verás… mientras yo estaba en el restaurante alguien entró en mi habitación. Me revolvieron todo y me robaron los manuscritos. Me dejaron una nota sobre la cama. La nota era muy clara, se identificaron como “Los hijos del Padre’”, la nota decía;

 

-“Dicen que puede asumir con facilidad el aspecto de un brillante ángel, y entonces, para variar, toma la forma de un león rugiente en la noche. Helo aquí, con cuernos y pezuña, los párrocos lo llaman el diablo: ellos nos dicen que vive en un sofocante lugar. En el infierno arderás, si no sigues estos consejos. Debes de cuidar muy bien tus pies, para que tampoco pisen SERPIENTES. En ningún lugar estarás a salvo. Olvida todo esto y sigue con tu vida, pero no tientes tu suerte porque hallarás la muerte.”

 

-¡Caray! ¿Sabes algo de esa gente?

 

-Apenas se nada de ellos. Salvo el nombre de su organización o más bien de su secta –decía ella.

 

-Es decir, no sabes quienes son, y deduces tú solita porque te sale de ahí mismo ¡Que son una secta! –Decía él.

 

-Bueno si, evidentemente, lo he deducido yo sola, porque… ¿Quién sino lanzaría unas amenazas por el descubrimiento de unos pergaminos? Y ¿Quién sino los robaría?

 

-Bien pues… evidentemente podrían ser cualquier cosa, un coleccionista caprichoso, un grupo organizado… que se yo, la mafia por ejemplo, ¡Incluso la iglesia!

 

-¡¡Exacto!!

 

-Exacto ¿Qué? Vamos no me fastidies Alicia

 

-No Jaime, no me fastidies tu ¡¡¡MIERDA!!!! –Dijo elevando el tono de voz – ¿Acaso no lo ves? -Preguntó bajando su tono- pueden ser lo que quieran. Si fueran cualquier cosa de las que has mencionado… no se… se habrían limitado a robarlo simplemente, sin más, o me habrían ofrecido dinero por ellos o… ¡Qué sé yo!, Pero no me hubieran amenazado, ¿No? Y la ¿Iglesia?, ¡¡Joder con los sicarios de Dios!! No, francamente Jaime, no lo creo. La explicación ha de ser que son una secta.

 

-Bien y ¿Qué me dices de la nota? A todas luces ¡Es una alusión bíblica!

 

-¡Por Dios! ¿Qué ocurre? ¿En qué estás pensando? ¿Realmente crees eso?

 

-Pues… si, está bastante claro. Veamos hablan del diablo, de serpientes, del infierno… chica no sé, que más necesitas para verlo claro.

Josh Holloway es Jaime

-No sé, ni siquiera se me había pasado por la cabeza. Todo esto me agobia, sinceramente. No obstante… si fueran miembros de la iglesia… no sé, los tiempos de la inquisición pasaron, ¿No?, Quiero decir, que ya no van por ahí matando gente, ni amenazando, ¿No? No sé, no creo, ¡Bueno, no sé!… Prefiero pensar que son un grupo extremista radical, al margen de la iglesia, lo que comúnmente… se denomina “secta”. Bueno y cambiando de tema… ¿Sabes lo que más me asombra? No entiendo como lo supieron, eso escapa a mi entendimiento…

 

-A que te refieres –dijo el con una sombra de temor en los ojos.

 

-Pues… no sé, ¿Cómo podían saber que yo había encontrado esos manuscritos?, No sé… la verdad. –Dijo Alicia frotándose los ojos con ambas manos en un gesto de cansancio e incertidumbre- en fin bueno continuemos. Después del hallazgo mandé un correo a Héctor. Le dije que no había ni rastro de ese epitafio, al menos nada legible, pero que había encontrado algo más gordo y le pasé toda la documentación en un “pdf”. Cuando subí de cenar, y descubrí lo que había pasado… bien, omití el pequeño detalle de las amenazas… y… del robo, no quería que Héctor se preocupara. Ya me entiendes una ladrona roba unos manuscritos y le son robados a ella… madre mía aquí es donde se dice eso de; quien roba a un ladrón… El caso es que decidí callar eso, mas por vergüenza que por otra cosa- dijo Alicia sonriendo virginalmente- ¡¡Es imperdonable la pérdida de esa documentación!!… lo sé… y pensé que debía seguir investigando, porque en el fondo, eso era una prueba más fehaciente que la del epitafio. ¿No? A decir verdad si conseguía el… “teléfono” como tú lo llamas, podría demostrar que definitivamente la unión que hubo entre los dos, estaba infravalorada en las escrituras. Finalmente tomé la decisión, debía seguir investigando, creo que iré a Marsella, aunque no quería ir sola por eso antes… quería compartir estos hallazgos contigo –concluyó.

 

-Bien, mañana a primera hora llamaré al padre Antonio, ¿Le recuerdas?- decía Jaime.

 

-Sí, de la universidad, el amigo de Gonzalo, ¿Verdad?

 

-Sí, eso es, tal vez él pueda ayudarnos un poco. Bueno ¿Nos vamos?

 

-Vamos. ¿Oye, crees que André está relacionado con la secta?

 

-No lo sé cariño, aunque parece bastante sospechoso… pero por ahora será mejor que no saquemos conclusiones precipitadas, ¿Vale?

 

-Ok, vayámonos.

 

Eran ya cerca de las cuatro de la madrugada y ambos estaban agotados, Sería mejor que descansaran un poco antes de que el alcohol y el cansancio hicieran mella en sus mentes. Además al día siguiente iban a buscar al Padre Antonio, (una eminencia en cuanto a mitología, leyendas e historia se refiere). Tal vez el pudiera ayudarles a entender los manuscritos hallados en la tumba de María, ese Evangelio apócrifo que tanto los había sorprendido. Y sobre todo quizás pudiera decirles algo sobre la dichosa secta. Ella tenía la esperanza de que fuera así.

 

-Gracias Jaime, por todo, no sé qué haría sin ti. -Se dieron un abrazo y cada uno se fue a su habitación.

 

Mientras cerraba la puerta tras de sí no pudo evitar pensar:

 

“Dios mío cada vez que lo veo no puedo olvidar todo lo que pasó, no consigo sacarlo de dentro, ¡Como pudo ser tan cobarde de huir sin dar la cara siquiera! De dejarme sin más, y ¡¡¡Por correo…!!! ¡¡Dios!! Nunca me lo dirá, pero intuyo que tenía a alguien. Siempre hace lo mismo, siempre lo ha hecho, ¡Con todas! Nunca ha dejado a una sin tener preparada a otra… Bueno será mejor no darle más vueltas, yo ahora estoy muy feliz con Héctor, no debo permitir que la presencia de Jaime me haga flaquear. ¡No puedo volver a sentir algo por él! ¡No debo! Será mejor que duerma algo o mañana el cansancio será más que notable”.

 

Mientras ella se debatía con sus demonios del pasado, él pensaba en la conversación que habían mantenido. Sus palabras acerca de aquella secta no habían hecho sino inquietarle todavía más. Al entrar en la habitación reparó en una pequeña nota que se encontraba en el suelo, cerca de la entrada. Estaba escrita en arameo y el membrete era una especie de cruz de malta con unas inscripciones rodeándola. En ese momento vino a su mente el coche aparcado abajo. Corrió a la terraza y lanzó un suspiro al comprobar que no estaba. Aunque eso ya lo sabía, estaba seguro que se alojaban en el mismo hotel y que no andarían demasiado lejos. Pensó que había sido una imprudencia dejarla sola sabiendo que alguien los acechaba, y con más razón ahora que en sus manos tenía una nota que parecía provenir de “ellos”. No significaba nada para él y aunque era muy tarde tenía que contárselo, porque seguro que para ella sí tendría significado.

 

La llamó:

 

-¿Ali? perdona que te llame ¿Puedo subir? Tengo que enseñarte algo…

 

-Buena excusa, ¿Estás seguro de que quiero verlo? – Bromeó.

 

-No te burles, de verdad es importante…

 

-Bueno sube, pero no te prometo que cuando lo hagas, me encuentres despierta.

 

Llamó a su puerta con suavidad. Le abrió y mientras pasaba, vio cómo se dirigía al baño con el cepillo de dientes en la boca y ataviada únicamente con una camiseta blanca, que por lo menos, era lo suficientemente larga como para no tener que taparse los ojos. No le sorprendió su confianza hacia él, forjada por tantos años de amistad. Entre ellos se permitían ciertas licencias. Incluso después de que lo suyo terminara se comportaba con él con esa naturalidad. Él como siempre trataba de disimular y procuraba tener sus ojos a la altura de los suyos para no hacerla sentir incómoda. Pero por encima de todo, lo que más ansiaba era llevarla al interior de la cama y aliviar con su cuerpo el interior de su propia alma. Ansiaba estrecharla entre sus brazos y hundir la cara en su melena. Sintió la necesidad de apartarse de su cuerpo esbelto. Se sentó en su cama y esperó mientras miraba la nota.

Ella salió del baño y mientras se aplicaba una buena cantidad de crema hidratante en la cara le preguntó:

 

– ¿Bueno, que es eso tan importante que tienes que enseñarme?-Jaime le mostró la nota, se quedó mirándola unos segundos y se apresuró a cogerla.

 

-Dame eso. ¿Dónde la has encontrado?

 

– Alguien ha debido echarla por debajo de mi puerta. ¿Sabes qué es?

 

– El anagrama es de Los hijos del Padre. Si te fijas bien es el mismo de la anterior nota. La que te mostré antes.

 

– Si, lo sé, por eso te llamé ¿Puedes traducirla?

– Si, dice:

 

“No continuéis con esta vana búsqueda u os conducirá a vuestra destrucción”

 

Le sonrió mientras la dejaba caer con desdén.

 

-¡Hombre! Me tranquiliza que te lo tomes así. Yo ya estaba temblando de miedo…

 

-¿Y para esto has venido? Por favor… tengo el portafolio llenito de notas de éstas. En todas las excavaciones que he ido, siempre hay alguien que siente una necesidad imperiosa de amenazarme. Pero ya lo sabías, te lo conté mientras cenábamos ¿Recuerdas? Incluso tú mismo viste la que me dejaron en la habitación del Hotel en Francia.

 

– Si… te repito que eso ya lo sé. Pero Ali… es una advertencia… te lo tomas a broma y no creo que lo sea, sinceramente –un frio sudor le recorría la espalda.

 

-Tranquilo chaval… eres muy impresionable –se jactó ella tratando, en vano, de tranquilizar el ambiente.

-Bueno, sí, que alguien diga que me va a destruir me impresiona un poco si… –de pronto todo parecía dar vueltas a su alrededor

 

Alicia se acercó y le cogió las manos. Su semblante se puso serio por momentos, mirándole fijamente a los ojos le dijo:

 

-Confía en mí, no te preocupes ¿Vale?… -Con eso le bastó. Cerró un momento los ojos y suspiró.

 

Al fin y al cabo, ella estaba curtida en mil batallas y por supuesto, no era la primera vez que se enfrentaba a amenazas, Solo que en las anteriores ocasiones había sido con embajadas o gobiernos con motivo de sus hallazgos, no con un grupo al margen de la ley, como en este caso.

 

-Espero que sepas lo que haces -le dijo finalmente.

 

Y mientras seguían cara a cara, se soltó las manos y le cogió suavemente la cara, la acercó hacia sí y le dio un suave beso en la frente.

 

-Sabes que me importas, y mucho, no quiero que corras peligro. ¿Quieres que me quede a dormir contigo? –Decía Jaime con un tono de excitación en la voz

 

-¿Estas de coña?

 

-No, no lo estoy

 

-A ver Jaime, sé que te preocupas por mí y te lo agradezco, pero no es necesario que te quedes. Vuelve a tu habitación e intenta dormir un poco ¿Vale? Mañana hablamos, estoy muerta de verdad.

 

Cuando él por fin salió de su habitación, se sonrió ante la ocurrencia que había tenido. ¿Dormir juntos? Eso habría significado complicaciones. Meneó la cabeza en un gesto divertirlo al imaginarlo, al hacerlo reparó de nuevo en la nota, se agachó a cogerla y cerró firmemente los ojos; tenía miedo. Encendió el ordenador, necesitaba decirle a Héctor lo que estaba pasando;

 

“Amor te echo de menos; desde que estuve en París no dejo de recibir notas, no te preocupes, seguro que son como todas las que he recibido a lo largo de los años, pero esta vez la han dejado en la habitación de Jaime. No sabes lo asustado que estaba, y aún a mi pesar, confieso que yo también empiezo a estarlo. Hasta ahora no te había dicho nada porque no quería que te preocupases, pero… ¿Quién es esa gente, Héctor? ¿Qué quieren de nosotros? ¿De mí? No sé qué creen que tengo, O que piensan que he descubierto para que estén tan interesados, pero parece que he dado con algo realmente gordo. En unos días estaré ahí, junto a ti, te necesito tanto Héctor… hay algo que no deja de preocuparme, ¿Cómo saben en cada momento dónde estoy? Bueno debo descansar un rato, mañana iremos a ver al padre Antonio en thessaloniki (Salónica).

Mil besos amor, te añoro”.

 

Ya había amanecido y se preveía un magnifico día. El cielo estaba despejado y la temperatura era deliciosa. Había pasado una magnifica noche, estaba muy agradecida al detalle que había tenido Jaime, todo el Hotel poseía un grandioso lujo. Se vistió recogió sus cosas y bajó a la habitación de Jaime.

 

-¿Jaime? ¿Jaime? ¿Estás preparado? ¡Vamos que ya huelo el café hasta aquí! Voy pidiendo el desayuno. Te espero en la terraza, ¡No tardes!

-¡Nooo!, Subo en dos minutos -contestó el.

 

Ya en la cafetería pidió el desayuno. Café solo con una de azúcar para él, y café con leche para ella. Yogures, tortilla y fruta, auténtico sabor del mediterráneo. No podía olvidar, eso sí, unas pastillas para ese dolor de cabeza que ya empezaba a asomar, no se sabía si por el cansancio acumulado, el alcohol, o el haber trasnochado. Por alguna razón sus migrañas estaban volviendo, hacía años que ya no sentía esos dolores de cabeza, pero ahora en menos de una semana había tenido dolor prácticamente a diario. Cuando él llegó ella le dio un inmenso abrazo en señal de agradecimiento. Desayunaron y cogieron el coche de alquiler para ir a Salónica.

 

 

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