Medianoche

Cuando salí de su casa la ciudad se había ido. El cielo estaba cubierto de luces y el frío abrigaba silenciosamente la noche. Bajo las estrellas y por encima del frío yo seguía a ese auto, a otro auto, a través de las calles vacías.

Encendí el radio y escuché al locutor: “Debe sentirse bien, debe sentirse verdaderamente bien saber que alguien te necesita.”
Y de pronto todo se movía lento. Bajo las estrellas, bajo las cenizas, entre la noche que apenas comienza, el frío me cobija y yo no soy su persona favorita.
Encendí el radio y… “debe sentirse bien, debe sentirse verdaderamente bien irse sin dejar rastro, cuando alguien te necesita.”
El viento soplaba en mi rostro, bajo las estrellas y por encima del frío mientras el locutor susurraba: “No eres su persona favorita.”

El frío era entumecedor, jugaba con los dedos en el volante, a través de las calles vacías, bajo la luz de la luna.

Y no soy su persona favorita.

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