Metalman cap 5 por Francisco Almagro

Capítulo 5

 

La exposición resultó interesante y la estancia muy amena. Blanca se la pasó riendo la mayor parte del tiempo y Baldi… Baldi ya es otra historia. En cuanto a mí, mantuve el hilo de la conversación con el principal ídolo en la España del momento, Aarón Soto. Mediante un minucioso uso de la dialéctica es posible dilucidar el cometido exacto de las pruebas, así como esclarecer los detalles del proceso en cuestión. Según me informó, un leve incremento de la temperatura superficial de los materiales instaba a las moléculas que los componían a vibrar hasta el punto de que efectuaran por sí mismas desplazamientos helicoidales, de manera que, por una fracción de segundo, la masa en cuestión se desintegrara para luego reajustarse conformando un fluido viscoso tan consistente como maleable.

___ Tan solo basta extender el gel por cualquier sólido y este incrementará su dureza sin perder ni una pizca de flexibilidad. Al aminorar lo suficiente la temperatura de los metaloides, estos se adaptarían a lo que fuera…___ explicaba el doctor justo antes de despedirnos en el hall, mientras le miraba tan curioso como alucinado.

___ Sigo sin comprender cómo se puede manipular un cambio de estado de agregación prácticamente sin intervención.

___ ¡Inducción, querido muchacho!___ perfiló una sonrisa amistosa. A continuación, añadió, enfatizando sus palabras con ademanes; se trataba de otra de las cosas que centralizaban mi atención en el prestigioso científico.       __ La clave es inferir al semimetal una generosa descarga   electromagnética, la cual controlamos mediante un ordenador que a su vez acciona los mecanismos del interior de una urna similar a la que habéis visto hace tan solo unos minutos…

___ ¿Quiere decir que, con energía, es como si cobraran vida dichas moléculas, de modo que parecen atribuirle una faceta camaleónica?

___ ¡Ni yo mismo lo hubiera expresado con más claridad y concisión!___ festejó, sonriente; le contagió esa actitud.

Sin embargo, me considerarían un mentiroso si dijera que no pasó nada más; extraño, cabría decir… Justo antes de disponernos hacia la salida, abriéndonos paso entre la multitud, eché una mirada de soslayo a una de las susodichas urnas que, según Soto, estaban provistas de metales transparentes fácilmente confundibles con el vidrio. Nunca había visto nada igual. Había leído en la revista “La Ciencia es la vida”, de la que era redactor-jefe Toribio Morrell, un artículo sobre la extravagante y al mismo tiempo sutil y embriagadora belleza de unos metales incrustados en las capas internas de un meteoro que cayó hacía nada menos que tres meses en Namibia. El extraño cuerpo estaba provisto de metales cuya composición no correspondía a ninguno de los conocidos en La Tierra, ni siquiera a las Tierras Raras o metales pesados. El diámetro de la roca era de casi un kilómetro y su masa sobrepasaba las 3000 unidades de masa atómica. Los científicos del departamento de Soto no le habían atribuido ningún distintivo, ya que se estipulaba que procedía de algún remoto lugar del espacio. Para referirse a ello, únicamente lo denominaban “esa cosa”. Ni siquiera el meteorito Hoba, cuyas dimensiones eran 2,7 por otros  2,7 metros de base por 0,9 de altura y una masa atómica de 1920 unidades, se acercaba a la espeluznante proporción de aquel estrambótico siderito.

No pude evitar mostrarme tan esquivo con mis amigos, así como embargado por el incipiente impulso de echar otro vistazo, de cerca, a la urna predilecta… Un sutil y cegador destello, un haz muy fino cuya potencialidad fue capaz de desgarrarme interiormente. Era como si aquel fotón tuviera consciencia y me estuviera hablando, con el fin de entregarme un único mensaje: << ¡Libérame! >>. Permanecí patidifuso un instante, preguntándome si la mente no me hubiera jugado una mala pasada. La voz tronaba áspera y fría, un tanto entrecortada. Mis ojos se entrecerraron en un acto reflejo por rehusar de aquel impulso que me acometía como flujo de sangre irrigando mis arterias a velocidad vertiginosa, con la incipiente necesidad imperiosa de sucumbir al designio de lo que me parecía una entidad superior latente en mi cerebro…

Un silbido me hizo apartar la mirada de sopetón.

___ ¡Ángel, qué sucede! He estado un rato observándote y me pareció verte tan absorto que no sabía si interrumpir tus cavilaciones. ¡Vamos, debemos irnos!

___ Acompaña a Blanca a su casa, ¿quieres? Yo me quedaré un rato más…

Me volví de nuevo hacia el metal transparente, con una sonrisa pícara. No sabía a ciencia cierta por qué había tenido esa reacción y, a decir verdad, me sentí ataviado tanto por eso como por el hecho de dejar a mis amigos en la estacada. No pude soportar ni por un instante la idea de que Blanca deambulara por las calles a altas horas de la noche; me importaba mucho su bienestar. Digamos que, gracias a mi devoción por mi secretamente amada mejor amiga, abnegué de seguir indagando en el proyecto Metalito.

Abel Santana se ofreció a llevarnos en su limusina, una antigua y bien confeccionada Roll Royce. Yo me ubiqué confortablemente en el asiento derecho trasero, al lado de Blanca; Baldi en el del copiloto. Apenas hablamos durante el trayecto, en el que me limité a mirar por la ventanilla y  dejar vagar la mirada por los haces de luz procedentes de las farolas; hice alusión en mi mente al proyecto Metalito. Me pregunté si realmente la susodicha voz había sido tan solo una falacia de mi subconsciente debido al cansancio. Era absurdo que un trozo de metal extraterrestre hubiera inducido una aparentemente simple palabra en mi psique. Aquello no solo me desconcertaba, sino me acongojaba; deseaba conocer la verdad, aun a sabiendas de que probablemente el acceso constituyera una inverosimilitud.

Suspiré con ahínco y dejé de centrar mi atención en ello, con la cabeza gacha. Blanca ladeó la cabeza entre preocupada y consternada, captando el arco reflejo de mi desazón interna.

___ ¡Eh, qué sucede! ¿Estás bien?___ apoyó su mano sobre la mía con ternura, provocándome un leve estremecimiento en la piel. De pronto sonrió, en parte debido a mi reacción; al parecer, di tal respingo en el asiento que incluso percibí cómo Abel se recostaba en su sillón, probablemente perplejo. De todos modos no lo exteriorizó; tampoco Baldi pareció atribuirle demasiada importancia.

<< Otro instante a solas, tú y yo, pero nunca me atrevo a confesarte lo que siento por ti… >> Pensé.

___ Yo… Estaba pensando en qué habrá preparado la abuela Marta para cenar; me muero de hambre.

___ No has querido probar bocado; dejaste el canapé de Salmón prácticamente entero. ¡Estabas tan inmerso e ilusionado…!___ Sonrió y luego añadió, componiendo el semblante.___ Me gusta verte feliz. ¿Sabes?

Sonreí tímidamente.

___ ¡Ah, ¿sí?!

___ ¡Pues claro, bobo!___ reconvino cariñosamente.

___ ¿Y eso por qué?

Me percaté de que carraspeó, aunque fue apenas perceptible. La tensión nos instó a mantenernos con una rigidez arrobadora; nuestras miradas se entrelazaron, momento en que noté aflorar un hormigueo procedente de algún remoto lugar de mi esófago, que ascendía como el burbujeo de un refresco con gas tras ser agitado con fervor. Ignoraba si ella sintiese lo mismo, pues en ese instante todo había pasado a un segundo plano; era como si estuviéramos en un páramo desolado, con una cubierta que nos salvaguardaba de las heladas del ambiente.

___ ¡Me entusiasma cuánta templanza transmites…!___ Rio de buen grado.

___ ¡Eso es verdad, Ángel, eres muy tranquilo!___ intervino Abel, lo que a priori me pareció un débil susurro dada mi introspección.

___ A veces demasiado diría yo…___ se mofó Baldi con humor pícaro.

___ La serenidad es un don, muchacho. ¿Por qué crees que los gurús hacen tanto hincapié en la paz interior?

___ Eso es verdad___ reconoció su hijo sin dejar de motear el horizonte a través de la ventanilla.

Todos nos carcajeamos de buena gana.

___ Bueno, chicos, creo que el viaje ha cejado para la mitad de los pasajeros de este vehículo.

___ Ya veo. Gracias por acercarnos, señor Santana. Acompañaré a Blanca hasta su casa. Baldi…

Con un gesto y un apretón de manos nos despedimos caballerosamente. Blanca dio un beso a nuestro amigo en la mejilla y repitió el procedimiento con Abel, sonriendo con gratitud.

___ Ha sido un placer asistir a su exposición. Estoy convencida de que el proyecto Metalito será un éxito rotundo, pues la intención es tan hermosa como admirable. ¡Ahora sé de quién ha heredado Baldi su afán solidario!

Sonrió, halagado. Se inclinó y, con una reverencia a la antigua usanza, la invitó a marcharse cordialmente.

 

Justo al llegar a la verja se detuvo en seco y se volvió a mirarme:

___ ¿Sabes? En los años que llevamos siendo amigos, esta noche me he sentido especialmente bien. No sé si ha sido por tu forma de desenvolverte en la conversación con Aarón Soto, pero el caso es que te he presenciado diferente.___ Rio de soslayo.___ ¡Es curioso, te conozco desde hace años pero juraría que nunca te he visto tan resuelto!

Fruncí el entrecejo.

___ Y me agrada, la verdad. Hasta entonces he tenido que hacer esfuerzos inhumanos para sonsacarte las palabras, querido amigo.

___ Es verdad.

Ambos reímos de buena gana, procurando no armar demasiado jaleo.

___ Bueno, ¿te veré mañana en clase?

___ Si tía Sofía no me encomienda que cuide de mi primo, sí.

___ ¡Ah, veo que aún sigue con vosotras! ¿Cuánto tiempo se quedará?

___ Se marchará el próximo fin de semana. Tía Sofía tiene que asistir a un curso de cuatro a nueve, en nuestra facultad.

___ ¡Se ha decidido por fin! ¡No se arrepentirá!

___ Eso espero. Se la ve muy ilusionada y no quiero que vuelva a sufrir por un fracaso.

___ Te entiendo. ¡Oye, ya sabes que me tienes a mí para lo que sea!

Sonrió, halagada y al mismo tiempo ilusionada. Era extraño porque juraría que su mirada denotaba algo más que un simple aprecio… Probablemente estuviera equivocado; puede que me tuviera en un pedestal, pero no había dado señales de querer ascender otro peldaño en nuestra relación. A decir verdad, yo era bastante despistado en cuanto a esos detalles…

___ Desde luego tu nombre te viene como anillo al dedo…

Se inclinó hacia mí con el fin de darme un beso en la mejilla, el cual se me antojó tan helado y suave como la gélida gota de un llanto; eso era lo que sentía cada instante en que debía desgarrarme de su compañía. Daría lo que fuera por que ese amor fuera correspondido, pero por otro lado tenía miedo de perder la amistad que nos había mantenido unidos durante tantos años.

___ Buenas noches, Ángel.

Le respondí con una sonrisa y una mirada en la que, como bien citaba al principio de este relato, sobraba toda interjección; sonreí para mí mismo, embriagado de una incipiente alegría, mientras me asomaba a través de sus zafiros para contemplar todo aquello que aún no sucedió…

Me retiré lenta y progresivamente, sin dejar de devolverle una mirada penetrante hasta cruzar la calle de espaldas y disponerme a entrar en casa con sigilo para no despertar a la abuela Marta.

 

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