Migajas de Pan de Elena Saavedra Siles

 

Mario un chico de unos 14 años corría por las calles de Madrid, España; para evitar que la “benemérita” le aprehendiera. De Mario dependía el sustento de víveres para toda su familia que estaba compuesta por su madre y su hermana mayor, Mercedes; los demás miembros habían muerto de hambre o por la bebida, a esto último es referido a su padre aunque él nunca lo había considerado así.  Su madre era costurera y con lo poco que ganaba podían mantener la casa y pagar las facturas mínimas para que no le embargaran la casa, pero no tenían ni para ropa ni para comer; y Mario desde los 10 años, desde se murió su padre, se encomendaba la misión de conseguir comida para su familia, su hermana mayor con lo que podía conseguir como prostituta conseguía el dinero para ropa. Pero siempre faltaba comida, ya que Mercedes no conseguía apenas dinero. Mario sabía que algún día su hermana moriría de tuberculosis o asesinada por alguno de sus clientes. Últimamente había estado buscando trabajo en las fábricas para dejar de robar, claro que es complicado conseguir trabajo cuando un dictador gobernaba el país a base de mano férrea.

Mario consiguió definitivamente esquivar a la policía y esconderse detrás de un barril, pero entonces chocó con dos niñas. Una de ellas tendría más o menos su edad, la otra sin embargo tendría como máximo 6 años. Las dos niñas eran rubias, ambas con el pelo lacio, ambas con ojos claros. La mayor llevaba el pelo largo, la menor lo tenía recogido con unas coletas; aparte de eso y que sus vestidos eran de color diferente todo lo demás eran prácticamente idénticas.

– Perdonadme, estaba huyendo de la policía. ¿Qué hacéis vosotras aquí?

– Yo me llamo Agatha y tengo 12 años. Nuestros padres han sido arrestados por “traición” al régimen y nosotras no sabíamos que hacer, hemos tenido la suerte de escapar, pero también hemos tenido que escondernos. Mi hermana pequeña se llama  Alyssa y tiene 6 años. He visto que tú también huías de la policía. ¿Por qué? ¿Te pasó lo mismo que a nosotras?

– Robaba algo de pan para mi familia, mañana ya empiezo a trabajar en una fábrica. Los policías me cogieron infraganti, pero conseguí escapar.

– ¿Y como te llamas? – le preguntó Alyssa

– Me llamo Mario, tengo 14 años. Oye en mi casa no es que seamos ricos, pero podéis quedaros un tiempo. Si queréis. La gente como nosotros tenemos que apoyarnos entre nosotros, sino lo hacemos; no lo hará nadie.

– No te preocupes, estamos esperando a que se marchen los agentes pero tenemos la casa de nuestra tía para quedarnos. Gracias de todos modos – le respondió Agatha con una sonrisa.

– Me alegro porque no sabría cómo deciros que en realidad no puedo dejar que os quedéis conmigo, si estoy en las calles es por algo- contestó Mario.

– ¿Qué hacemos ahora?- le preguntó Agatha

–  Yo saldré primero y despistaré a los policías. Luego vosotras podréis escaparos e ir con vuestra tía. Tomad – Mario les da el pan que acababa de robar- Puedo coger más, esto es para vosotras. Dejar un rastro de migas y así podremos volver a vernos. Encantado de conoceros. Adiós.

– Adiós Mario- se despidió Alyssa.

Mario salió corriendo para despistar a la policía y luego salieron Agatha y Alyssa. Pero justo entonces un policía se le abalanzó. Las hermanas consiguieron escapar, en cambio Mario fue prisionero de la policía. Agatha dejó a Alyssa escondida y acudió junto a Mario. Le liberó y un policía le disparó. Mario le pegó un puñetazo y el otro policía le disparó a Mario.

Ambos cuerpos inertes cayeron a la vez al suelo mientras Alyssa intentaba con todas sus fuerzas no gritar de horror. Alyssa se fue corriendo hasta la casa de su tía, dónde le contó toda la historia de Mario. Su tía dejo a Alyssa con la ama de llaves y fue rápidamente para ver como estaba su sobrina. Llegó a tiempo para su sobrina, sin embargo no supieron nada de Mario en muchos años.

Unos años después escribiendo esta historia yo misma empecé a buscar a Mario, ese chico que llegó hasta el corazón de mi abuela, Agatha. Para mi sorpresa fue el saber que Mario no murió ese día. No murió porque Mario es mi abuelo. Algún día, me dije, escribiré la historia completa.

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