Mundo de Sangre y Cenizas, Capítulo 28 por Rain Cross

Capítulo 28

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Caminaron por un sendero lleno de malas hierbas. La luna les daba algo de luz y pudieron desplazarse fácilmente. Claire escuchó varias veces sonidos a su espalda, pero al girarse, el camino estaba desierto. «Está en tu cabeza —pensó—. Sólo es el miedo.»

Tuvieron que descansar unos minutos cuando Ted empezó a marearse. Le llevaron a una zona con buena visibilidad y le recostaron al lado de un tronco partido. El resto repuso fuerzas con unas chocolatinas y agua. Claire contempló a la pequeña Victoria. Hacía caso a su madre en todo momento, y no había hecho ruido ni una vez. Vio como le susurraba algo a Sophia al oído y ésta le dio una de las galletas que estaba comiendo. «Es muy buena. Si todo va bien, llegará a la edad adulta en este mundo de muerte.»

A cabo de media hora, Tim hizo la señal de que debían seguir caminado. Claire suspiró y se agachó al lado de su hermano.

—¿Cómo estás? —susurró.

—Cansado —dijo con una leve mueca de dolor—. Me molesta un poco el brazo.

—¿Puedes continuar?

—Claro —Intentó levantarse pero necesitó apoyarse en Claire para conseguirlo—. E-estoy bien, de verdad. Y estaré mejor cuando lleguemos a la iglesia y podamos dormir un poco.

Claire sonrió con tristeza y observó a su hermano alejarse con lentitud. Al poco, llegaron a un claro y pudieron ver la iglesia.

—Es esa —confirmó Maggie.

Siguieron el camino y Claire pudo verla mejor. Era pequeña, equivalente a una casa de dos pisos, y de piedra oscura. El tejado era de pico y tenía una campana que descansaba en silencio. Al lado, parecía haber un pequeño jardín, pero a medida que se acercaban, Claire comprobó que era un pequeño cementerio en mal estado.

Llegaron a la gran puerta de madera maciza.

—Está abandonada, ¿verdad? —preguntó Liam.

—Al menos, lo estaba —contestó Maggie y empujó la puerta.

La puerta era demasiado pesada para la joven, y Tim, Claire y Liam la ayudaron. Cedió al fin con un leve crujido. El hedor era insoportable.

Claire se llevó una mano a la cara para no vomitar. Liam no pudo aguantar, se apartó y devolvió la chocolatina que acababa de comer a medio digerir.

—Joder, ¿pero qué coño es ese olor? —dijo Tim y entró en el lugar.

Claire le siguió y contuvo una arcada todavía más fuerte.

En la iglesia había un grupo de unas diez personas repartidas por los destartalados bancos de caoba. Se acercaron a ellas con la mano sobre la nariz y la boca para no inhalar el olor a cadáver.

Todos los cuerpos presentaban un tiro en la cabeza. Había mujeres, hombre y niños. Incluso Claire pudo ver a un bebé en brazos de su madre. Fue hacia Sophia, Lena y Victoria.

—No miréis hacia allí —dijo, y las dos asintieron.

Sophia cogió a Victoria en brazos.

—Cierra los ojos, cielo —Le dio un beso en la cabeza y la niña los cerró.

—¿No dijiste que estaba abandonada? —preguntó Ted con voz amortiguada.

—Eso creía —Maggie contenía las nauseas—. Oh, dios, esa es Monica —dijo negando con la cabeza—, y la pequeña Linda —Apartó la vista.

Claire comprendió que la mujer con el bebé eran los antiguos habitantes de la casa de donde venían. «Dios, ¿por qué? No era más que un bebé —pensó y recordó lo que Lena le había dicho y su respuesta—. Este mundo no distingue entre unas personas y otras.»

Se empezó a escuchar un sonido de rasgadura y gruñidos. «Zombis.» Claire sacó el hacha y miró a Tim. El hombre se puso en guardia con la pistola en la mano e indicó a Claire y a Liam que le acompañaran.

Siguieron el sonido hasta los bancos más cercanos al altar y al gran Cristo que presidía el lugar. El cura, o el que antes era el cura de la iglesia, estaba devorando el cuerpo de un hombre. Al verlos, se levantó con torpeza y caminó hacia ellos extendiendo los brazos.

Claire apretó la mandíbula y, en un gesto rápido, asestó un fuerte golpe en la cabeza del religioso. Cayó al suelo y le volvió a golpear una y otra vez. Notó una mano a la espalda y se giró con los ojos llenos de rabia.

—Ya está, Claire —dijo Liam apartándola del cadáver.

Se dio cuenta de que estaba llorando. No por tristeza, si no por ira.

—¿Pero que ha pasado aquí? —preguntó Ted aturdido.

—Todo apunta a que el cura se cargó a toda esta gente, un suicidio colectivo ya que nadie parece que pusiera resistencia —contestó Tim mirando en rededor.

—¿Y el cura? —preguntó Lena que se había aproximado a ellos y miraba la escena con desagrado.

—El suicidio es pecado, lo dice la Biblia —Maggie suspiró—. No es que sea demasiado religiosa, pero hice la comunión, y aún lo recuerdo.

—¿Y cómo acabó nuestro cura en un muerto sediento de sangre? —preguntó de nuevo Ted rascándose la cabeza.

—Por esto, o mejor dicho, este —dijo Sophia desde el lateral derecho de la iglesia.

Todos se acercaron hacia ella; el suelo estaba lleno de cristales  de una ventana rota y un cuerpo más descompuesto que los que se encontraban allí con varios agujeros de bala en la cabeza.

—Así que al cura le mordieron después que asesinara a toda esta gente —dijo Liam entornando los ojos—. Ironías de la vida.

—No les asesinó, ellos querían morir —dijo Sophia—. Por triste que parezca, es lo que ocurrió. Y todos serían cristianos practicantes, por lo que pensarían lo mismo sobre el suicidio. Ese hombre se convirtió en asesino por sus seguidores.

—Eso no le justifica, debería haberles alentado a vivir y no a rendirse a la primera de cambio —le espetó Claire.

—No le justifico, sólo digo lo que pasó. No todo el mundo es tan fuerte como tú —dijo Sophia con reproche.

—No es ser fuerte, es supervivencia —Claire estaba cada vez más furiosa.

—El tema es que están todos muertos, no hace falta discutir por ello —dijo Ted intentando calmarlas.

—¿Qué os parece pasar la noche en la rectoría? Así descansamos un poco y mañana seguimos nuestro camino —Tim cambió de tema—. Me gustaba la idea de pasar una temporada en la iglesia de gruesas paredes de piedra, pero con todos estos cadáveres, creo que es mejor marcharnos temprano.

—Me parece bien —dijo Liam—. Es esa puerta de allí, ¿no? —Señaló detrás del Cristo en la cruz.

—Seguramente —Maggie fue hacia allí—. Vamos a indagar.

Claire mantuvo la mirada de Sophia durante unos segundos y luego siguió a Maggie.

—Necesitamos la llave —dijo la joven mirando al resto.

—Ya voy yo —dijo Tim y se acercó al cura.

En segundos, volvió con un pequeño manojo de llaves. Probó varias hasta que dio con la indicada.

Entraron en la rectoría. El lugar olía a cerrado y a moho, pero era mucho más agradable que el aroma a cadáver que había en la iglesia.

Por las ventanas se filtraba la luz de la luna, por lo que pudieron ver la instancia. La habitación estaba enmoquetada de rojo y las paredes adornadas de cuadros religiosos. Había una gran estantería con libros ajados y diferentes tallas de santos. Un gran sofá rojo con ribetes dorados y cojines a juego se encontraba en el centro.

—Será mejor que durmamos todos juntos en el suelo —dijo Tim y se sentó en el suelo.

—Deberíamos hacer guardias, por si acaso —dijo Claire. Tim asintió—. Yo haré la primera.

—Yo el segundo —dijo Liam—. Despiértame en una hora.

Empezaron a acomodarse como pudieron en el suelo. Claire le llevó un cojín a Ted para que estuviera más cómodo.

—Necesitas descansar —dijo y su hermano le cogió del brazo.

—No se lo tengas en cuenta —suspiró—. Soph lo está pasando mal, no sabe lo que dice.

—Todos lo estamos pasando mal, Ted. Lo que debería hacer es pensar un poco más en ello y no centrarse en sí misma.

Ted no dijo nada más y dejó que se marchara.

Claire se apoyó contra la puerta y sacó un refresco de cola para mantenerse despejada. Observó como el resto comía algo, casi en silencio absoluto, y uno a uno se recostaron para intentar dormir.

Esperó a que pasara la hora mirando como el haz de luz que entraba por las ventanas creaba sombras en las paredes. «Esa parece un hombre con sombrero —Intentaba distraerse—. Esa, un caballo.»

Pasado el tiempo, despertó a Liam con cuidado.

—Es tu turno —le dijo con una sonrisa.

El chico se la devolvió y se desperezó.

—¿Todo bien?

—Sí —mintió.

—¿Seguro? —Liam la miró directamente a los ojos.

—No te preocupes —dijo y se tendió en el lugar donde había dormido el joven.

Liam se alejó y ocupó su lugar contra la puerta.

Le costaba dormir. No podía creer que las personas de la iglesia hubieran preferido morir a enfrentarse a ese nuevo mundo, por horrible que fuera. Pensó en el bebé, que no tendría más de unos mese, y no conseguía entender la razón por la que su madre no luchó por mantenerlo con vida. Esa idea la enfurecía.

Claire dio media vuelta y observó a su hermana y a Victoria. Las palabras que les dijo a Lena y a Sophia cuando Thomas y Owen murieron volvieron a su cabeza. «El mundo es cruel, y no sabe distinguir», se dijo a si misma dejando que el sueño se apoderara de ella.

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