Mundo de Sangre y Cenizas, Capítulo 31 por Rain Cross

Capítulo 31

[AVISO: Éste capítulo contiene escenas que pueden herir la sensibilidad del lector. En el siguiente se hará un breve resumen de lo ocurrido en el 31 al explicárselo al resto del grupo. Gracias y espero que os guste]

imageSiguieron caminando durante varias horas por la carretera. El aire era cada vez más frío, y la humedad de los bosques de Maine se podía casi tocar con las manos. El cielo era de un azul añil, y en pocos minutos todo estaría sumido en una oscuridad donde las estrellas serían los únicos testigos del mundo.

—Tenemos que parar —dijo Tim con resignación—. Dentro de poco será de noche y no veremos nada.

—¿Y qué haces, entonces? —preguntó Claire mirando a su alrededor—. Estamos en una zona demasiado descubierta, nos verán.

—Podríamos ocultarnos en el bosque —propuso Liam—, apartarnos de la carretera, creo que será lo más seguro.

—Sí, pero, todo estará demasiado oscuro —dijo Lena nerviosa.

—Podemos coger unas latas de comida vacías, ponerles piedras dentro y dejarlas a nuestro alrededor —Maggie cruzó los brazos sobre el pecho—. Así si vienen, las tirarán y les escucharemos.

—Me gusta esa idea —Claire sonrió.

—Bueno, algo es algo —Tim meditó unos segundos—. Qué demonios, se puede intentar.

—A parte, harías guardia como de costumbre, ¿no? —preguntó Ted.

—Claro, cuanto más nos preparemos, mejor —sentenció Tim—. Pues vamos a prepararlo todo antes de que anochezca del todo.

Se adentraron en el bosque. La tierra estaba aún blanda y las hojas de los pinos crujían bajo sus pies.

Escogieron un lugar cercano a la carretera y prepararon el perímetro con las latas. Después, asignaron los turnos; Maggie y Liam harían el primero. Victoria quería saber por qué se apartaban de la carretera, y Sophia le dijo que iban de excursión.

—Pero es una excursión especial, cielo —le dijo con tono maternal—, hay que estar muy callado y hacer caso a los mayores.

Victoria asintió con una sonrisa, y se quedó sentada donde Sophia podía verla.

Claire se acercó a su hermano, que parecía cansado.

—¿Te encuentras bien, Teddy?

—No me llames así —Le sacó la lengua—. Y sí, sólo estoy un poco cansado.

—¿Cómo tienes el brazo? —preguntó Claire preocupada.

—Bien.

—Mentira —Se acercó y se lo cogió.

Ted intentó apartarse, pero emitió un gemido de dolor y dejó que se lo examinara.

—Sigue algo infectado —Negó con la cabeza y suspiró—. Tendrás que tomar de nuevo la medicación.

—Ya, cuando lleguemos a ese maldito pueblo, dejaré que me cuides como a un bebé —dijo su hermano sonriente—. Pero de momento, no digas nada, ¿vale? No quiero ser el débil del grupo.

—Sabes que no lo eres, hermanito —Claire sonrió. «Ted siempre tan bromista»—. Está bien, pero tómate estas pastillas cada ocho horas.

Sacó un frasco naranja de la mochila y se lo tendió.

—Eres la mejor, Claire —dijo y le guiñó un ojo.

Claire le revolvió el pelo y miró a su alrededor; todos estaban cenando y entablaban cordiales conversaciones. Vio que Lena estaba algo apartada del grupo, mirando hacia el bosque. Se acercó a la joven.

—¿Puedo sentarme contigo?

—Claro —Lena la miró—, aunque estaba pensando en dar un paseo antes de que no podamos ver nada.

—Te acompaño —dijo Claire y las dos se levantaron—. Me vendrá bien estirar las piernas. Además, es mejor que salgamos de dos en dos, pro si acaso algún zombi decide pasar a saludar.

Pasearon entre los grandes árboles. La maleza ensuciaba los zapatos, y los animales que quedaban despiertos emitían un tímido concierto.

—Con el tiempo, el dolor pasará —dijo Claire sin mirarla.

—Lo sé, pero aún es tan reciente —Lena se apoyaba en los árboles al pasar entre ellos—. Era tan pequeño.

—Lo sé, y lo lamento —Claire no sabía qué más decir. Quería reconfortarla, pero creía que lo mejor es estar a su lado y dejar que la joven se desahogara.

—Con toda la gente mala que hay en el mundo, y tuvo que pasarle a Thomas —La miró—. ¿Sabías que quería ser paleontólogo? Le encantaban los dinosaurios.

Claire sonrió y la miró.

—Era un buen chico.

—¿Qué tenemos aquí? —dijo una voz desconocida.

Claire y Lena se pararon en seco. Delante de ellas, un grupo de cuatro hombres se encontraban sentados preparando una hoguera.

—Carne fresca, Jimmy —dijo otro y se levantó del suelo.

El que estaba intentando prender fuego a las ramas lo consiguió y la luz inundó el lugar. Claire consiguió verlos con claridad; eran tres hombres de mediana estatura y dos altos. El que había hablado primero era calvo y las miraba con lascivia. Detrás de ellos, pudo ver a una mujer de piel de ébano semidesnuda atada a un tronco. Las miraba suplicantes.

—Ponte detrás de mí —le dijo a Lena y la chica obedeció.

—De eso nada —Otro de los hombres, uno de los altos que tenía un notable sobrepeso las miró y sonrió—. Traedme a la jovencita.

—¡No! —gritó Claire—. ¡Corre!

Pero era tarde. Dos cogieron a Lena y uno la sujetaba a ella poniéndole los brazos tras la espalda.

La llevaron ante el que parecía el jefe y la empezaron a desnudar.

—Joven, me gusta —dijo quitándose los pantalones y poniéndose sobre ella—. Nos lo vamos a pasar genial.

Empezó a violarla entre los gritos de súplica de la chica.

—¡No! Por favor, ¡parad! ¡No es más que una niña! —Claire intentaba zafarse de su captor.

Cuando terminó, uno de los que la cogían se turnó con el jefe y volvieron a violarla.

A Claire le temblaron las piernas y hubiera caído al suelo si no fuera por el hombre que la sujetaba.

—No te preocupes, cariño, luego vas tú —le susurró al oído con voz pastosa.

—¡Sois unos monstruos! —dijo entre lágrimas.

El tercero empezó su trabajo y se sumó el cuarto. Todos reían y empezaron a beber alcohol como si celebraran lo que estaban haciendo. Cuando acabaron con Lena, la chica estaba en el suelo manchada de sangre y semen. Lloraba sin parar, acurrucada en la tierra.

El jefe se acercó a Claire y empezó a bajarse los pantalones de nuevo.

—Y ahora te toca a ti —dijo y gritó de dolor.

Se tocó la parte de atrás de la cabeza. Claire vio a Lena semi incorporada, con los pechos desnudos y temblando, con una piedra en la mano.

—¡Serás puta!

El jefe sacó un cuchillo de cazador del cinturón y se acercó a Lena amenazante.

—No, no, ¡no! —imploró Claire.

El hombre cogió del pelo a la joven, le echó la cabeza hacia atrás y la degolló sin pestañear. Claire se derrumbó. No podía dejar de llorar. Otro de los hombres la cogió de la espalda mientras el jefe se acercaba limpiándose la sangre de Lena en el pantalón.

—Se buena, ya has visto lo que le pasa a las chicas malas.

—Hijo de puta —Era una voz familiar.

Claire tenía los ojos puestos en el cadáver de su amiga. Escuchó el sonido de un disparo rozarle la oreja, y el jefe de los violadores cayó ante ella. Los que la tenían sujeta la soltaron y Claire se derrumbó.

Se giró y vio a Liam, Tim y Maggie disparar a todos los hombres que habían violado a Lena. Liam se acercó a ella y Claire lo abrazó.

—Ya estás a salvo —le dijo acariciándole el pelo.

—No, jamás lo estaremos —Claire estaba destrozada.

El chico la abrazó aún más y notó como su corazón iba a mil por hora.

—Dios mío —Oyó decir a su espalda y miró hacia atrás.

Tim estaba soltando a la mujer del árbol y Maggie se quitaba la chaqueta para dársela. La mujer se abalanzó sobre ellos.

—Gra-gracias. Muchas gracias —dijo abrazando a Maggie.

—Tranquila, ya ha acabado.

La mujer asintió y entre Tim y Maggie la ayudaron a caminar. Llegaron a la altura de Liam y Claire.

—Será mejor que nos vayamos —dijo Tim—. Hemos hecho demasiado ruido. Y eso atraerá a los zombis.

Claire asintió y miró de nuevo a Lena.

—A-alguien tiene que… —No pudo terminar la frase.

—Lo haré yo —Maggie fue hacia la joven.

—Mejor no mires —le dijo Liam y la aferró aún más sobre su pecho.

—Lo siento —dijo Maggie.

El sonido del disparo llegó a los oídos de Claire, que abrazó a Liam con fuerza.

—Vayámonos de aquí —dijo Tim y todos obedecieron en silencio.

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