Mundo de Sangre y Cenizas, Capítulo 32 por Rain Cross

Capítulo 32

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—¡¿Pero qué demonios ha pasado?! —Ted fue corriendo hacia Claire y la abrazó.

El camino hacia el campamento se hizo en absoluto silencio. La mujer que habían rescatado fue custodiada por Maggie y Tim en todo momento; y ella no se separó de Liam, que no dejaba de repetirle que todo iría bien.

Claire abrazó a su hermano y empezó a llorar de nuevo.

—¿E-estás bien? —preguntó con timidez.

Sophia se acercó a ellos y le acarició la cabeza sin decir nada. Victoria le cogió de las piernas con fuerza.

—No llores, tía Claire.

Claire respiró hondo tratando de serenarse, no quería asustar a la pequeña.

—Es mejor que te sientes —Liam la condujo a un tronco caído en el suelo—. Traed agua —dijo con firmeza.

Se sentaron y Ted le trajo una botella de agua con rapidez. Claire la sostuvo entre las manos; se dio cuenta de que estaba temblando.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Ted a Maggie—. ¿Do-dónde está Lena? —añadió en un susurro.

—No estoy sorda —dijo Claire. Aunque no pretendía ser grosera, el tono sonó demasiado seco en su garganta—. Está muerta.

Ted se llevó una mano a la boca, conmocionado. Sophia abrazó de nuevo a su hermana, intentando protegerla como si de una niña desvalida se tratara. Claire la miró, secándose las lágrimas del rostro.

—Estoy bien —dijo y dio un largo trago de agua—. Nos atacaron. Un grupo de hombres, Lena… —No pudo continuar.

—Hijos de puta —Tim cruzó los brazos y se acercó a ella—. ¿Te tocaron?

—No les dio tiempo.

La mujer desconocida se encontraba en el suelo, apoyando la espalda en un basto tronco. Claire vio como Maggie le daba ropa limpia.

—¿Estás herida? —le preguntó.

—Ahora estoy bien —respondió esbozando una triste sonrisa en los labios.

—¿Desde cuándo…? —empezó a preguntar, pero no le pareció oportuno terminar.

—No lo recuerdo, ¿semanas? —Negó con la cabeza—. Fue algo parecido a lo que os ha pasado a vosotras —Hizo una pausa. Tenía un nudo en la garganta—. Nos alejamos un poco de nuestro grupo. Mi novio y yo. Y entonces aparecieron. A Kevin le obligaron a mirar mientras… —Miró a Victoria. Sophia la cogió en brazos y se la llevó a parte—, mientras me violaban. Después, le cortaron la cabeza con un hacha. Entonces fue a mí a quién le forzaron a hacerlo —Se derrumbó. Maggie la abrazó.

—Tranquila, ya no pueden hacerte más daño. Esos cabrones están muertos.

—Lo sé —Bajó la mirada—. ¿Podríais darme algo de comer?

—Eso ni se pregunta —Tim cogió una de las latas de su mochila y se la tendió. Maggie le dio una botella de agua y Ted, un paquete de galletas.

Claire observaba todo, ausente. Sentía a Liam a su lado, tratando de reconfortarla. Sophia jugaba con Victoria, pero tenía los ojos puestos en ella. «Han matado a Lena —pensó—. Han violado y asesinado a una chica inocente, en medio de un mundo corrompido. Hijos de puta. Malditos hijos de puta.» Su mente repasaba todo lo ocurrido; la charla con Lena, la sorpresa inicial de encontrar gente nueva, y el ataque. Como cogieron a la joven entre cinco hombres adultos y rompieron su cuerpo. Cuando terminaron, quisieron saciar su libido con ella, pero Lena, malherida, lanzó una piedra al jefe del grupo. Éste, poseído por su demonio interior, la degolló como a un cerdo. Claire jamás olvidaría todo eso. La última vez que hablaron, Lena le contaba lo mucho que echaba de menos a Thomas, su hermano pequeño. Después, vino la emboscada. La violación. El asesinato.

Pero lo que quedó grabado a fuego en su memoria fue la mirada de Lena antes de morir. Esa mirada llena de odio, desesperación y miedo. Y cariño, había algo de cariño en esos ojos, en el momento en el que vio a Claire por última vez antes de caer dejando que la sangre recorriera todo su frágil cuerpo.

—¿Quieres comer algo? —preguntó Ted mirándola con compasión.

—No tengo hambre, gracias.

Su hermano suspiró y se sentó a su lado. Sophia y Victoria se acercaron de nuevo al grupo. La niña fue directa hacia la desconocida.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Victoria con inocencia.

—¡Victoria! —dijo Sophia y la cogió de la mano—. No molestes —Miró a la mujer—. Lo siento.

—No lo sientas —la mujer sonrió—. Yo tenía una hija de su edad —Se mordió el labio y miró a la niña—. Me llamo Nora ¿y tú?

—Victoria —dijo la pequeña con una sonrisa.

—Él es Ted, y ella Claire —Les señaló—, son mis hermanos. Y ellos son Liam, Tim y Maggie —Les miró—. Nuestra nueva familia.

—Ojala nos hubiéramos conocido en unas circunstancias algo, diferentes —dijo Tim—, y no en el jodido Apocalipsis.

Nora sonrió. Una sonrisa triste y melancólica que Claire sabía que le acompañaría toda la vida. «De algo así no te recuperas nunca.» Miró a Nora. Se encontraba atada por las muñecas a un árbol cuando la encontraron; las tenía despellejadas. Su cuerpo estaba lleno de cortes, magulladuras y golpes, y a pesar de estar físicamente malherida, su estado mental después de las violaciones, vejaciones y humillaciones que Claire suponía que habría sufrido, sería lo que le dejaría secuelas más profundas.

—Necesito descansar —dijo a Liam. Asintió—. Gracias por todo.

El joven la besó la frente y sonrió.

—Descansa.

Claire se levantó, extrajo el saco de dormir de su mochila, y se acurrucó en él deseando apartar los pensamientos de lo vivido de su mente. No podría dormir aquella noche, pero quiso desconectar del mundo que la rodeaba. «Todo está podrido. Y no sólo los muertos; los vivos son peores, más crueles y sádicos. Los zombis han sacado lo peor del ser humano.»

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