Mundo de Sangre y Cenizas, Capítulo 34 por Rain Cross

Capítulo 34

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Caminaron durante un par de horas. Tuvieron que sortear algunos vehículos abandonados por el camino y ocultarse de zombis extraviados. Había uno debajo de una motocicleta, atrapado por el peso de la rueda delantera. Tim le asestó un fuerte golpe en la cabeza sin ni siquiera mirarle.

Claire le observó al pasar por su lado. Era un chico joven, de la edad de Liam, tenía puesto el casco y un mordisco en el cuello. «Seguramente trató de escapar —pensó—, sin saber que ya estaba condenado.»

El cartel de Ravens Falls apareció; estaba destartalado y manchado de sangre, algo que no auguraba nada bueno. Al lado, los cadáveres de un policía y una niña pequeña yacían en el asfalto pudriéndose bajo la humedad de Maine.

—Oh, cielos, ese es Martin —dijo Maggie arrugando la nariz—. Y ella Lilian. Iba a mi clase —Cruzó las manos sobre el pecho.

Siguieron el camino, ya entrando en el abandonado pueblo. Las calles estaban repletas de vehículos fantasmas y muerte. Varios cuerpos se encontraban tendidos en el suelo. A los lados, los pequeños comercios tenían los cristales reventados. El ambiente estaba cargado de un olor dulzón, desagradable. El hedor de la putrefacción.

—Podríamos ver si hay provisiones —propuso Ted.

—Podríamos —dijo Tim—. ¡Qué coño! Tienes razón.

Claire vio como su hermano sonreía.

—¿Vamos tú y yo? —le propuso con satisfacción.

—Es mejor que no vayas, aún tienes el brazo mal —dijo Claire preocupada.

—Ya está mejor, hermanita.

—Por si acaso, es mejor que esperes aquí.

—Ya iré yo —dijo Maggie—. Ya he estado en esta tienda, y recuerdo más o menos donde están las cosas. Será más rápido.

—Joder, eres una caja de sorpresas —Tim sonrió—. Vamos, entones.

Los dos se alejaron, dejando al resto del grupo esperando.

—¿Y si vamos con ellos y les esperamos ante la puerta? —preguntó Claire—. Por si acaso.

—Sí, será lo mejor —Liam asintió y empezó a caminar.

—¿No será peligroso? —Sophia estaba asustada.

—Vosotras estaréis más atrás, contra la pared —Claire miró a su hermana—. No os va a pasar nada, te lo prometo.

Sophia asintió y siguió a Liam con Victoria de la mano. La niña estaba muy callada desde que su madre le dijo que no podía hablar a menos que ella se lo dijera. Algo que le costó cumplir al principio, pero que ahora tenía como costumbre. Nora se mantenía al margen, en silencio.

Esperaron ante la puerta. Claire miró a través del marco del inexistente cristal; se trataba de un pequeño colmado, y por lo que podía ver desde su posición, alguien antes que ellos ya lo había saqueado.

A los minutos, Maggie y Tim salieron con unas cuantas latas y bolsas de patatas.

—¿Eso es todo? —preguntó Ted.

—Eso, y un muerto en medio del pasillo central —dijo Maggie encogiéndose de hombros.

—¿Dónde se encuentra la escuela? ¿Crees qué será el mejor lugar para quedarnos? —Sophia la miró.

—Está a unos trescientos metros —contestó la chica con una sonrisa—. En unos minutos estaremos allí.

Sophia sonrió satisfecha. Claire miró hacia el horizonte. «Todo está demasiado tranquilo. No me gusta.»

Se repartieron las latas y las bolsas. Claire se quedó una de las latas de macedonia, «Al menos, comeré algo de fruta.»

Emprendieron el camino hacia la escuela de Ravens Falls con sumo cuidado. En las calles habían carteles que anunciaban una feria estatal. «No se pierdan la XI Feria Otoñal de Ravens Falls —leyó Claire—. Habrá concurso de tartas de calabaza y los Red Band tocarán sus mejores éxitos.»

Claire no pudo evitar sonreír. Ese cartel era un recuerdo de un pasado que nadie recuperaría jamás. Ya no habría feria, ni concierto, ni concurso. Ahora los muertos devoraban a los vivos y eso era todo.

Habían más letreros a lo largo de los postes, pero no les prestó atención. Encontraron a varios zombis a los que le dieron la muerte definitiva con facilidad. Estaban ya muy cerca de la escuela, y Claire solo esperaba que fuera un lugar seguro.

Notó un movimiento a su izquierda. Se giró lentamente; un pequeño zombi les miraba con deseo. No tendría más de siete años, y tenía la ropa completamente empapada de sangre. Le faltaba el brazo derecho por completo.

Claire se detuvo en secó y el resto del grupo hizo lo mismo. El niño zombi se abalanzó sobre ellos con torpeza, y Liam se puso ante Claire para evitar que se le acercara. Lo apartó con facilidad y le clavó un pequeño hacha en el cráneo.

—Oh, no —dijo Sophia a su espalda—. Leed esto.

Señaló un cartel en la pared de ladrillo de lo que parecía un taller de coches con la verja bajada por completo.

 

«¡Aviso a la población! Debido al toque de queda que el gobierno ha instaurado en todo el país, hemos pensado que lo mejor para proteger nuestro pueblo es ir a un sitio seguro. Hemos habilitado el colegio de primaria para albergar a todos los habitantes de Ravens Falls, en el gimnasio se han instalado literas suficientes para todos. Sus grandes muros nos protegerán del peligro que asola el mundo.

Traed mantas, provisiones y todo lo que pueda ser útil para un largo asedio. Esperaremos allí hasta que el ejército venga a ayudarnos.

Gracias por vuestra colaboración.

Finn Collins, Alcalde de Ravens Falls.»

 

—Estamos jodidos —Tim fue el primero en hablar.

—Puede que estén vivos —dijo Ted. Claire sabía que ni él se creía eso.

—Viendo como está el pueblo, no lo creo —añadió Maggie mirando a los lados.

—Debemos ir a comprobarlo —propuso Claire.

—Pero será peligroso —dijo Sophia—. Estará repleto de esas cosas, acercarse sería un suicidio.

—O puede que nos den una sorpresa y estén vivitos y coleando y nos den una cálida bienvenida —dijo Tim con ironía—. Claro que será peligroso, pero debemos ir a comprobarlo.

—Tiene razón —Claire miró a todos—. Lo más seguro es que estén todos muertos, pero también que hayan sobrevivido. Tenemos que averiguarlo.

—Pues vamos —dijo Maggie—. Está a la vuelta de la esquina.

Siguieron a Maggie con las armas en la mano. Vieron el edificio en seguida. Era una gran construcción de ladrillo rojo, con grandes ventanas en los pisos superiores. La puerta de madrera de la entrada parecía cerrada a cal y canto. La hierva que lo rodeaba estaba descuidad y alta, y no había ni un alma.

—¿Dónde se encuentra el gimnasio, Maggie? —quiso saber Claire.

—Por allí, en la parte de atrás.

Fueron con sumo cuidado, atentos a cualquier ruido o movimiento.

—Aquí —Maggie señaló hacia una pequeña ventana en el suelo.

Claire, Liam, Tim y Maggie se agacharon para ver el gimnasio. Estaba repleto de gente, aunque no viva. Los zombis vagaban sin rumbo fijo por la pista de parquet. Había cadáveres mutilados por todo el suelo, en tan mal estado que era imposible contar cuantos habían caído. Las paredes y las gradas estaban manchas de sangre reseca y entrañas.

—¿Cómo está la situación? —preguntó Ted.

—Será mejor que encontremos otro sitio —dijo Claire levantándose de un salto—, y rápido.

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