Mundo de Sangre y Cenizas, Capítulo 35 por Rain Cross

Capítulo 35

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—¿Pero a dónde podemos ir? —preguntó Sophia con preocupación.

—Podríamos intentar entrar en una de las casas, al menos por hoy —propuso Claire mirando al grupo—. Así deliberamos sobre nuestro siguiente paso.

Tim asintió. Volvió a contemplar el cristal que mostraba el gimnasio infestado de zombis; suspiró y se puso en pie.

—Creo que sería buena idea quedarnos en el pueblo, saquear todo lo que podamos y marcharnos a las afueras —dijo poniendo las manos sobre las caderas.

—Eso nos llevará tiempo —Ted apoyó la espalda contra la pared de la escuela.

—Claro, no digo de hacerlo todo hoy, pero sabiendo que la gente acabó aquí y de esta manera, seguro que dejaron cosas en sus viviendas y establecimientos. Y hay que aprovechar la ocasión.

—Puede que más gente tuviera esa misma idea —añadió Claire—, y no quede nada.

—Algo quedará, seguro —Maggie sonrió—. Es un pueblo pequeño, pero la gente habrá saqueado los comercios, dudo que visitara las casas. Y si lo han hecho, no tenemos nada que perder.

Claire asintió; sabía que tenía razón, además que no había otra opción.

—Bien, busquemos un buen sitio en donde descansar por hoy —Tim empezó a caminar.

El resto lo siguió. Claire vio como Maggie se ponía a su lado; la joven se convirtió con el tiempo en su mano derecha. Liam estaba junto a ella, en silencio. Sophia y Victoria iban cogidas de la mano, Nora iba sola, mirando a cada momento a los lados y Ted vigilaba la retaguardia.

Llegaron al centro del pueblo, y se detuvieron.

—Hay que escoger una —dijo Tim.

Las casas eran pequeñas edificaciones de madera y ladrillo. La parte baja solía corresponder a un comercio, y el rojizo de las paredes le daba un aire de normalidad siniestra al lugar. El segundo piso era de madera blanca y negra, con grandes ventanas cuadradas.

Pasearon por las calles manchadas de vísceras y sangre; en el asfalto se encontraban dibujadas huellas de neumáticos y varios coches habían chocado contra farolas o escaparates.

Vieron un par de zombis merodeando por el lugar, pero los despistaron con facilidad.

—¿Qué os parece esa? —Maggie señaló una pequeña tienda de pesca que parecía intacta.

—Podemos probar —Tim fue hacia el lugar y forzó la cerradura.

La puerta cedió en segundos. El cristal que separaba el interior de la tienda de la calle estaba lleno de huellas ensangrentadas, por lo que debían ir con mucho cuidado. La tienda parecía desierta salvo por el olor a muerte. Un cadáver se descomponía lentamente en el centro de la tienda. Estaba descuartizado y sus huesos e intestinos se encontraban a la vista de todos. Sophia tapó los ojos a su hija y la cogió en brazos.

—Ahora vamos a jugar —le dijo con cariño—. Cierra los ojos, y no los abras hasta que yo lo diga, ¿lo has entendido?

—Sí, mamá. —La niña obedeció.

Fueron a la parte trasera de la tienda, y encontraron lo que buscaban: una puerta hacia el piso de arriba.

—Cojamos algunas cosas —propuso Maggie—. Por si acaso.

Tim sonrió. Claire vio orgullo en sus ojos. Cogieron  algunos cuchillos y un arpón, y abrieron la puerta.

Subieron lentamente por la escalera de madera. El crujir de la madera inundó el lugar, y Tim hizo un gesto de que fueran con más cuidado.

Al llegar al piso de arriba, encontraron el salón hecho un caos. La mesa descansaba sobre uno de sus laterales y las el fantasma de una comida casera estaba esparcida por toda la alfombra. El rojo decoraba las paredes y un hedor que arrugaba la nariz impregnaba la estancia.

—Hogar, dulce hogar —dijo Claire al ver la escena.

—Es mejor que nada —añadió Ted y miró por una de las ventanas—. Éste lugar tiene unas buenas vistas de la ciudad. Así podremos estar preparados para…

¡Crack! Algo se rompió tras ellos. Se giraron y vieron a una enorme señora con un harapiento y desgarrado pijama rosa y pantuflas de conejitos mirándoles con cara amenazante. Sus miembros estabas llenos de mordeduras y arañazos, y le faltaba un gran trozo de mejilla.

Comenzó a andar hacia ellos con torpeza. Maggie fue hacia ella y le dio un fuerte golpe en la cabeza con la culata de su escopeta. El cráneo de la mujer se partió en mil pedazos y sus sesos llenaron las paredes de rojo oscuro. El zombi cayó al suelo, abatido, y Maggie la volvió a golpear.

—Será mejor que la llevemos con su marido —dijo Tim—. Bajémosla al piso de abajo.

Entre Claire, Tim, Maggie y Liam bajaron a la oronda mujer y la tendieron cerca del propietario de la tienda.

—Lo siento —dijo Maggie echándole una última mirada y volvieron al piso de arriba.

Sophia, Victoria, Nora y Ted les esperaban de pie ante la puerta.

—¿Todo bien? —preguntó Claire.

—Sí, parece que no hay nadie más, aunque no hemos ido a comprobarlo —contestó su hermano.

—Será mejor que le echemos un ojo al piso antes de atrincherarnos aquí —dijo Tim y se dirigió a investigar el lugar.

Maggie fue tras él y Claire y Liam miraron en el resto. No había nadie.

—Bien, será mejor que atranquemos la puerta, por si las moscas, y descansemos por hoy —propuso Tim.

Bajaron un pequeño armario por las escaleras y lo pusieron contra la puerta. Se sentaron en el salón y descansaron en silencio durante un largo tiempo que a Claire se le hizo eterno. Prefería estar ocupada que quedarse sentada y esperar.

El ruido de un vehículo sonó a través de la ventana y todos se agacharon. Claire se acercó lentamente hacia la ventana y Liam la cogió de la manga de la camiseta para detenerla. Claire le miró y sonrió, y el joven la soltó con suavidad.

Miró por la ventana y vio un par de coches con un grupo de personas en ellos; en uno, habían tres hombres y una mujer, y en el otro, dos hombres y dos mujeres. Alzaron sus rifles al aire y empezaron a disparar. Algunos zombis se acercaron a ellos atraídos por el estruendo y acabaron con ellos de un disparo certero.

—Es mejor que no nos vean —Claire volvió con el grupo—. No tienen buena pinta.

Tim fue a cotillear por la ventana. Uno por uno, se acercaron para averiguar quienes eran esos extraños.

—Creo que será lo mejor —dijo Ted con desconfianza.

Nora se encontraba contra la pared, acurrucada. Claire se acercó a ella.

—No te preocupes, no nos verán —le dijo en un susurro.

La mujer la miró con terror en los ojos y se tapó la cara nos las manos.

El día pasó rápido. El ruido de los desconocidos estaba atrayendo a más zombis, los cuales acababan destrozados por las calles. Ya no les disparaban, sino que les atropellaban o descuartizaban como si de un juego enfermizo se tratase.

Al llegar la noche, decidieron volver a hacer la guardia.

—No creo que suban, seguramente vendrían a saquear la tienda, pero por lo que tardan en los comercios, sólo les interesa eso —dijo Maggie comiendo una barrita de cereales.

—Eso espero —contestó Claire. «Lo que menos quiero ahora es que tengamos que enfrentarnos a un grupo que nos ganan en número y armas.»

Durmieron todos juntos en el salón. Claire y Liam hicieron el segundo turno, y se pusieron debajo de la ventana con las armas en la mano. De vez en cuando uno de ellos se asomaba para controlar el exterior.

Claire sabía que debía darle las gracias por todo, pero se sentía avergonzada; odiaba ser una víctima.

—Liam —empezó a decir y tragó saliva—, gracias por todo.

El joven la miró y sonrió.

—No las des, debía protegerte. Quería hacerlo.

Se acercó a ella y la besó en los labios. Claire tuvo el impulso de apartarle, pero se dejó llevar. Se separaron y puso sus ojos en los de él.

—Yo… no está bien —dijo y miró al suelo, ruborizada—. Estamos con mucho estrés. Además, eres muy joven…

—No soy tan joven —Liam sonrió—. Y en otras circunstancias, también me hubieras gustado. Además, ya nada importa, es un mundo muerto, Claire, qué más da la edad o la situación. Lo importante es lo que tenemos ahora.

Le cogió de la cabeza con ternura y la besó de nuevo. Claire no opuso resistencia. Notaba su cálida lengua en la boca, y le vino el recuerdo de una época feliz en lo que todo era más fácil.

—Disculpad que os moleste, pero vuestra guardia ha terminado, nos toca a nosotros —la voz de Maggie sonaba burlona y divertida.

Claire se puso como un tomate.

—Ah, cierto, bu-buenas noches —dijo sin mirarles y se marchó a un rincón.

Liam la siguió sonriendo.

—Creo que nos han pillado —dijo y rodeó sus hombros con uno de sus brazos.

—Eso parece.

Claire se apoyó en su pecho y empezó a adormilarse. Liam puso su cabeza sobre la de ella, y abrazados, se durmieron.

—¡No está! —alguien gritó en medio de la oscuridad.

Claire y Liam se apartaron, se miraron y buscaron la procedencia de la voz. Los rayos del sol habían empezado a asomarse por la ventana, Sophia estaba de pie en medio del salón y el pánico invadió el cuerpo de Claire.

—¿Vi-Victoria? —dijo en un susurro.

—No, Nora. Se ha marchado.

La buscaron por toda la casa. La mujer ya no estaba.

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