Mundo de Sangre y Cenizas, Capítulo 36 por Rain Cross

Capítulo 36

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La buscaron por todas la habitaciones. Nada. Nora no aparecía por ninguna parte. Claire miró por la ventana, esperando ver a los extraños con ella. No había rastro de ninguno de ellos.

—¿Y los hombres que vinieron ayer? —preguntó al resto.

—Uno de los coches se alejó nada más amanecer, creo que se dirigieron al otro lado del pueblo —contestó Maggie—. El otro está en la esquina, saqueando un colmado.

—¿Cómo es que no visteis donde fue Nora? —dijo Liam extrañado.

—No prestamos demasiada atención al salón —Tim emitió un gruñido—. Joder, pensábamos que el peligro estaba fuera, no que uno de los nuestros se iba a marchar.

—Se puso muy nerviosa cuando llegaron los extraños —dijo Sophia abrazando a Victoria—. Puede que se asustara y se marchara.

—¿Pero esa tía es gilipollas? ¿Acaso piensa que va a estar más segura ahí fuera? —dijo Tim con incredulidad.

—No es gilipollas. —Claire negó con la cabeza—. Sólo estaba asustada por todo lo que le ha ocurrido.

—Sé que lo ha pasado mal, pero salir no es la solución —Ted se unió a la conversación—. El peligro se encontraba fuera, no dentro.

—Lo sé, pero seguramente Nora no lo pensó. Actuó por instinto —Claire volvió a mirar por la ventana. Los ojos se abrieron como platos y señaló hacia un callejón—. ¡Está allí!

El resto miró a través del cristal. Nora estaba detrás de un contenedor de basura, con la espalda contra la pared y temblando por el miedo. Los extraños se aproximaban a su posición después de saquear la pequeña tienda.

—¡Joder! La van a ver —masculló Tim.

—Hay que hacer algo, no podemos dejar que le pase nada —Sophia les miraba suplicantes.

—¿Y qué quieres que hagamos? ¿Salir y que nos maten por su culpa? —Tim parecía enfadado.

—Tim, hay que ayudarla y lo sabes —dijo Maggie y puso una mano en su hombro.

Tim asintió, soltó una maldición y fue hacia las escaleras. Ted empezó a seguirle pero Claire le detuvo.

—No, quédate aquí con Sophia y Victoria. Por si acaso.

Su hermano iba a protestar, pero algo en los ojos de Claire le hizo detenerse.

Maggie, Liam y Claire siguieron a Tim. Bajaron por las escaleras, tratando de no hacer ruido, y descubrieron el mueble que habían puesto apartado en un rincón y dejando una pequeña rendija por donde cabía una sola persona.

—Por su culpa podrían habernos liquidado —Maggie suspiró.

«Podrían haber entrado cualquiera, un zombi o los intrusos —pensó Claire—. ¿Vale la pena ponernos en peligro por alguien a quien no le importamos?»

Atravesaron la tienda con sigilo hasta la puerta principal. Desde allí podían controlar toda la calle. Nora tenía un arpón en una mano con la otra contenía sus lágrimas.

—¿Qué hacemos? —preguntó Liam en un susurro.

—Si Nora fuera lista, vendría hacia aquí, pero está demasiado asustada como para hacernos caso. —Tim les miró a todos—. Hay que intentar traerla sin que nos vean.

Tim, que se encontraba justo delante de la puerta, empezó a hacerle señas a la mujer. Ella estaba totalmente atenta a los extraños, y no le prestaba atención. Asqueado, Tim cogió una pequeña caja con sedales y, vigilando para no ser visto, la lanzó hacia Nora.

Ésta les miró, y todos empezaron a hacerle señas de que se acercara. La mujer negó con la cabeza.

—¡Cuidado! —Claire cogió a Tim de la manga—. Se acercan.

—Si salimos, nos matarán, son más que nosotros, y no parecen muy amistosos. —A Liam se le notaba la preocupación en la voz.

—¿Entonces…? —empezó a decir Maggie.

—Nora debe venir hacia nosotros en uno de sus descuidos. Es lo mejor —sentenció Tim—. Hay que buscar papel y lápiz, le mandaremos un mensaje.

Todos menos Tim empezaron a rebuscar por la tienda. Al lado de la caja, Claire encontró un bloc de notas y un bolígrafo rojo. Se lo llevó a Tim y éste escribió: «Cuando te hagamos la señal, sal de allí. Si no, te verán y morirás.»

—Qué tacto tienes —dijo Claire con ironía.

—No hay tiempo para eso, ¿no crees?

Claire sonrió y con otra caja de sedales, le lanzaron el mensaje. Nora lo cogió, lo leyó en silencio y negó con la cabeza. Les miró, temblorosa, y Tim asintió. La mujer volvió a leer la nota y tras unos segundos, asintió levemente.

—Perfecto —dijo Tim—. Vosotros dos, vigilad desde el otro lado del escaparate. Nosotros les controlaremos desde aquí.

Claire y Liam asintieron y se alejaron. Desde su nueva posición podrían ver una larga calle completamente desierta. Los comercios estaban deshabitados y llenos de polvo.

—Como se acerquen, les pego un tiro —dijo de pronto Liam—. No permitiré que te hagan daño.

—Si se acercan, acabaremos con ellos —Claire le sonrió y le besó con rapidez.

Debían vigilar, pero no pudo evitar hacerlo ante las palabras del chico.

Se escuchó el leve ronroneo de un motor al acercarse. A lo lejos, el coche que se había alejado volvía de su escueto viaje.

—Quédate aquí —le dijo a Liam y se acercó a Maggie y Tim—. El otro coche vuelve, tiene que venir ya o no tendrá otra oportunidad.

Tim asintió y le hizo un gesto.

—¡Rápido! —dijo Liam alzando la voz—. ¡Ya vuelven!

Nora salió agazapada de su escondite. Dubitativa, empezó a cruzar la calle hacia la tienda. «Ya casi está —pensó Claire—. Sólo un poco más.»

De su izquierda, un hombre grande al que le faltaba medio brazo, se abalanzó contra la mujer. Ella gritó y le arponeó, pero le dio en el estómago y el zombi siguió avanzando hacia ella.

—¡Joder, joder, joder! —vociferó Tim y salió con la pistola en la mano.

Otro zombi salió en su posición y Tim le voló la cabeza. El grupo de extraños se acercó con sus coches, y Maggie, Claire y Liam salieron de la tienda para enfrentarse a ellos. Antes de que pudiera dar tiempo a la contienda, un gran grupo de zombis se acercaba como una marabunta hacia ellos.

—¡A la tienda! —gritó Tim.

Claire iba a coger a Nora, pero el zombi que estaba a su lado la tenía sujeta por el brazo y le dio un fuerte mordisco que le desgarró la piel y los tendones.

—¡No podemos ayudarla! —le dijo Liam y tiró hacia atrás de ella.

Los extraños se subieron a los coches y se fueron rápidamente del pueblo hacia la dirección contraria a los muertos.

—¡Si nos encerramos en la tienda, moriremos! —dijo Claire—. ¡Será una maldita ratonera!

Tim asintió y entró corriendo en ella. En segundos, sus hermanos y Victoria se unieron a ellos con las mochilas de todos en las manos. Las repartieron y las cargaron a la espalda.

—¡Oh, no, por dios, no! —gritó Sophia entre sollozos. Cogió a Victoria en brazos y puso la cabeza de la niña contra su pecho—. Cierra los ojos, cielo.

—¿De dónde vienen todos esos? —preguntó Ted.

—De la escuela —contestó Maggie, que no apartaba los ojos de la muerta muchedumbre—. Los muy hijos de puta abrieron las puertas y les dejaron ir, por eso volvían.

Claire lo comprendió en el acto. El coche que se había alejado fue directamente a la escuela. Sin saber que el gimnasio estaba plagado de zombis, abrieron las puertas

para saquear la cocina y se encontraron con ellos. Al salir huyendo, no les dio tiempo de cerrar, y por eso volvían ya, para avisar a los suyos de que debían huir.

—¿Y qué hacemos ahora? —preguntó de nuevo Ted.

—Tenemos que alejarnos lo máximo posible de ellos, tratar de hacer poco ruido. Con suerte, la horda seguirá a los coches —dijo Claire—. Son lentos, y esa es su debilidad. Podemos hacerlo. —Todos asintieron—. Vamos, tenemos que marcharnos.

Corrieron en dirección contraria a los muertos. Sabían que si lograban alejarse lo suficiente, podrían estar a salvo de nuevo.

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