Mundo de Sangre y Cenizas, Capítulo 37 por Rain Cross

Capítulo 37

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—Necesito un momento.

Ted se apoyó contra una pared, jadeando. Claire se acercó a su hermano. Contra su espalda, había el mismo cartel que vieron al entrar al pueblo y que invitaba a todos sus habitantes a resguardarse en el gimnasio.

Lugar del que salió la horda que les perseguía en aquellos momentos.

—¿Te encuentras bien? —preguntó apoyando una mano en su hombro.

—Sí, sí —dijo quitándole importancia—, sólo algo mareado.

—¿Te has ido tomando las pastillas que te di?

—Claro. —Entornó los ojos—. Sólo es un mareo, en unos minutos estaré bien.

Claire le miró atentamente. Contempló su brazo. El vendaje, aunque sucio, no presentaba ninguna mancha de sangre. «No le supura —pensó—. Es una buena señal.»

—Tienes que sentarte. —Suspiró—. Los antibióticos pueden producir mareos.

—¿Qué cojones ocurre? —Tim se acercó de mala gana.

—Ted necesita un respiro.

—No hace falta, ya estoy bien —dijo tratando de ponerse en pie.

—No lo estás —cortó Claire y miró al resto—. Los antibióticos que le di son fuertes, y tanto estrés y movimiento no ayudan. Sólo serán unos minutos.

Claire vio a Maggie mirar al horizonte en la dirección de los zombis.

—Creo que podríamos parar un rato —dijo sonriente—. Pero será mejor que nos cobijemos en algún sitio, por si acaso.

—Está bien —masculló Tim entre dientes—. Pero poco tiempo, debemos salir de este maldito pueblo lo ante posible.

—Podríamos escondernos allí. —Maggie señaló hacia un comercio cercano. Se trataba de un colmado.

Fueron al lugar con sigilo. Al acercarse, Claire advirtió que tenía el cristal roto y manchas de sangre por el suelo. La lluvia empezó a caer copiosamente sobre las calles de Ravens Falls y el día se oscurecía por momentos.

—Quietos —dijo Tim en un susurro—. Algo se mueve allí dentro.

Claire le hizo un gesto a Ted de que se quedara afuera. Tim, Maggie, Liam y ella se acercaron con cuidado. Sophia sujetó a su hermano por la cintura y Victoria cogía a su madre del pantalón aferrada a uno de sus peluches.

Se aceraron lentamente, esperando que sólo fuera un animal extraviado, pero Claire pensaba que no se trataría de eso. «No tendremos la suerte de encontrar a un perro, no, será un muerto sediento de carne.»

Al entrar por la puerta rota del comercio, el ruido de cristales rotos contra la suela de los zapatos rompió el silencio de la estancia. Escucharon ruidos que provenían de detrás del mostrador. El lugar estaba lúgubre y las sombras acechaban en cada rincón.

Claire apartó un mechón de cabello castaño rojizo del rostro y miró a Liam. El chico la sonrió con dulzura. Tim y Maggie iban los primeros, y estaban cada vez más cerca de lo que se movía.

La ropa le pesaba y la empuñadura del martillo le resbalaba debido al agua de lluvia. Se aproximó a Tim y Maggie, y Liam le cubrió las espaldas.

En el suelo, detrás del mostrador, un niño de tres años de sucio cabello rubio como el maíz y peto tejano devoraba los intestinos de una embarazada sentado en el suelo. La mujer llevaba un vestido de premamá púrpura manchado de sangre reseca, y hacía tempo que el pequeño había engullido con el bebé.

Claire contuvo una arcada con la mano. Escuchó a Liam maldecir a su espalda. Maggie miraba con los ojos llenos de lágrimas. Tim tenía el rostro contenido. Apretaba la mandíbula para no gritar.

Nadie se movió durante unos segundos. La escena que presenciaban era dantesca. Al lado del siniestro banquete se encontraba una fotografía. Claire agudizó la vista, tratando de no ver el espectáculo del pequeño caníbal. Era una escena familiar, donde la mujer abrazaba a un pequeño de cabellos como el maíz mientras un hombre la besaba en la mejilla. Todo parecía una cruel broma del destino.

El pequeño zombi levantó la vista y los miró con ojos muertos. De la boca le chorreaba sangre y vísceras. Emitió un gemido y trató de levantarse del suelo con torpeza.

—Acabemos con esto —Tim se acercó y le dio con fuerza con la culata de su pistola.

El cráneo al romperse hizo un pequeño chasquido. Tim le asestó otro golpe y el niño dejó de moverse.

—Tendríamos que taparles —propuso Maggie.

—O buscar otro sitio —añadió Liam.

—Tienes razón. —Tim asintió—. Es mejor refugiarnos en otro lugar. Joder, después de todo lo que hemos pasado, no estaba preparado para esto.

—Ni tu ni ninguno, Tim —dijo Claire—. Bien, será mejor que nos vayamos. —Sintió la mano de Liam sobre su hombro—. Estoy bien. —Se giró hacia el chico y sonrió—. De verdad.

—Antes, comprobemos si aún queda algo útil —dijo Tim.

Todos asintieron y buscaron con rapidez por la tienda.  El botín fue escaso, dos latas de judías, una de albóndigas con tomate y tres botellas de agua, y dedujeron que los saqueadores, a pesar de llevarse todas las provisiones que encontraron, no tuvieron valor para acabar con la vida del pequeño.

—Bien, larguémonos de aquí —dijo Liam.

Salieron de la tienda. La lluvia era ahora más intensa y creaba una cortina de agua que dificultaba la visión.

—¿Estáis bien? —Ted se encontraba en medio de la carretera. Sophia y Victoria se resguardaban de la lluvia gracias a un toldo de una tienda al otro lado de la calle.

—Sí, pero es mejor que busquemos otro sitio —contestó Claire.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Sophia a lo lejos.

—No quiero entrar en detalles —dijo Tim tajante.

Llegaron a la altura de Ted. Claire abrazó a su hermano.

—Hey, ¿en serio va todo bien? —preguntó sorprendido.

—Sí, no te preocupes.

Se separó de Ted y caminó hacia Sophia, que le sonreía en la distancia. Liam se acercó a ella y la abrazó.

—Me habéis dado envidia —dijo tratando de hacerla sonreír, y Claire no pudo resistirse a hacerlo.

—Siempre tan oportuno —le dijo y apoyó la cabeza sobre su pecho. El latir de su corazón le tranquilizaba.

—Será mejor que nos refugiemos si no queremos acabar todos muertos por una pulmonía. —Miró hacia los lados—. Joder, no veo bien con tanta lluvia.

—¡Aaaaah! —el grito irrumpió acompañado de un trueno.

—¡Mamá!

Claire miró hacia Sophia y empezó a correr. Había algo en el suelo, a su lado. Al acercarse, vio a un zombi al que le faltaba toda la parte inferior aferrar el tobillo de su hermana. Las tripas de aquél ser parecían salir de los pulmones, y la camiseta oscura no ocultaba el cuerpo descarnado.

El zombi abrió la boca y desgarró la carne y los tendones de Sophia. Su hermana emitió un gemido de dolor y cayó al suelo, tratando de zafarse de él con la otra pierna.

Claire cogió su arma y disparó al muerto en la cabeza.

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