Mundo de Sangre y Cenizas, Capítulo 40 por Rain Cross {Último Capítulo}

Capítulo 40

image

Consiguieron refugiarse dentro de un establo aparentemente vacío. La paja estaba sucia, mohosa y emitía un nauseabundo olor. Dentro de dos cubículos de madera se encontraban los huesos de dos caballos muertos de inanición.

Claire sólo pudo echar un vistazo rápido a la escena y se acurrucó contra la paja, que a pesar de sus malas condiciones estaba seca.

Liam se acercó a ella con una manda para caballos y la cubrió con ella.

—Gracias —dijo forzando una sonrisa.

—No las des.

—Puaj, el agua está podrida, no se puede beber. —La voz de Tim le llegó desde el otro lado de la estancia—. Y la verdura también. De aquí no sacaremos nada bueno. —Se sentó en el suelo, mareado.

— Necesitamos un lugar seguro en donde poder hacerlo.—Maggie puso una mano en el hombro de Tim—. Además, también debemos descansar un poco. Y dormir bajo techo nos vendrá bien. —Le miró en silencio.

Claire recordó los días posteriores a acabar en ese establo en medio del campo.

Al salir de Ravens Falls, trataron de refugiarse en varias casas de granjeros. La lluvia no les dio tregua y aún hoy seguía constante. Las tres más próximas que encontraron estaban repletas de zombis. Todos los miembros de la familia se habían trasformado, y cada habitación de la casa contaba una dantesca historia de muerte, agonía y desesperación.

Decidieron salir de cada una de ellas; no podían quedarse en esos lugares dadas las circunstancias.

La cuarta casa se hallaba quemada hasta los cimientos y sólo quedaba el esqueleto del hermoso lugar que fue hace como mucho un par de semanas.

Por el camino, se encontraron a más de un zombi, y varios estuvieron a punto de cazarles.

—Hay que hacerlo ya, Tim —dijo Maggie con preocupación en la voz.

—Lo sé, lo sé. Aunque no creo que funcione.

—Funcionará —contestó la chica y le abrazó—. Te lo prometo.

Maggie se acercó a Claire y suspiró.

—Te necesitamos, Claire. Al cien por cien. Su vida está en tus manos.

Ella asintió, se incorporó con la manta alrededor de su cuerpo y miró hacia los lados.

—Hay que buscar una sierra, telas y agua limpia. Si la de los bebederos está corrompida, será mejor que usemos las botellas que tenemos en las mochilas. ¡Ah! Y alcohol, si es posible.

Todos se pusieron manos a la obra; Ted dejó a Victoria al lado de Claire, que la cubrió con su propia manta.

—Así nos daremos calor la una a la otra.

La niña sonrió sin decir nada. Desde que su madre, Sophia, había muerto hacía ya una semana, la pequeña no hablaba.

—¿Esto te sirve? —preguntó Maggie con gran un hacha oxidada en la mano.

—Al menos es más grande que las que tenemos nosotros. Pero tendremos que limpiarla bien antes.

Maggie asintió, cogió una camiseta de repuesto que llevaba en la mochila y empezó a limpiarla con agua de botella.

—Con eso no harás nada —le dijo Claire entornando los ojos—. Lo mejor es hacer una pequeña hoguera y echarle un buen chorro de alcohol; si es que encontramos algo.

—Pues creo que tenemos suerte, señoritas. —Liam llegó triunfante—. El mozo era adicto al whisky. No es de buena calidad, pero servirá.

—Perfecto —Claire sonrió.

—Si ya está todo, acabemos cuanto antes —Tim negaba con la cabeza—. Pero necesitaré un buen trago de ese whisky.

—Tranquilo, contaba con ello. —Liam sacó otra botella de detrás de la espalda—. Esta es toda para ti. Te recomiendo que empieces a empinar el codo antes de que empecemos.

—A tus órdenes —dijo Tim y le quitó con gesto rápido la botella de la mano. La abrió con una mueca de dolor y empezó a beber compulsivamente.

Claire contempló la escena. Todos tenían una endereza que ella había perdido en día en que tuvo que acabar con su hermana. Sonrió, al verles trabajar en equipo para salvar a Tim.

—Toma —dijo Ted de repente—. He hecho algunos retales, espero que sirvan. Y he encontrado esto —Le tendió un hierro con el que marcaban a los caballos—, para cauterizar la herida.

—Perfecto, Ted, gracias.

Claire recordó el incidente de hace dos horas. Una horda de zombis les había sorprendido mientras intentaban ubicarse con el mapa de Maggie y mordieron a Tim en la parte baja del brazo. Maggie le apuntó con lágrimas en los ojos, pero el hombre dijo que prefería arriesgarse a perder un brazo y probar suerte a dejar que un saco de carne muerta acabara con él.

Así que buscaron refugio en el lugar más cercano, el establo, y empezaría la operación en pocos minutos.

Tim estaba cada vez más borracho.

—¿Ya? —preguntó Ted.

—No, esperemos que esté casi inconciente.

—¿Sabéis una cosa? Creo que esta mierda nos la merecemos. Somos un cáncer para el planeta, ya le va bien que todos muramos. Los zombis son mejores que nosotros, ¿habéis visto alguna vez dos zombis peleándose entre ellos? —dijo dándole largos tragos whisky—. Antes de todo esto, sólo me preocupaba de mi mismo. Comer, follar, cagar… dormir. Y tener dinero. Ahora —hizo una pausa y lanzó la botella contra la pared—, ahora me siento más humano que nunca. —Cerró los ojos.

—Es el momento —dijo Claire y miró a Ted—. Lee un libro a Victoria, ¿quieres?

Su hermano asintió y se llevó a la niña.

Maggie había mantenido el hacha en una pequeña hoguera que había creado con paja seca y cerillas.

—¿Quieres que lo haga yo? —preguntó Liam sujetándole el brazo.

—No. —Le sonrió y le besó en los labios—. Puedo hacerlo. —El joven la dejó pasar—. Liam, Maggie, sujetadle bien de los hombros. —Miró a su alrededor—. Necesito su cinturón.

Maggie se lo quitó y se lo dio a Claire.

—Gracias.

Claire le puso el cinturón justo por encina de la mordedura. Tenía muy mala pinta y había empezado a extenderse, por lo que debía amputarle un trozo más grande. «Menos mal que no le ha dado en una arteria, si no ya sería uno de ellos.»

—Maggie, cógele la mano.

La chica obedeció. Claire alzó el hacha con la hoja de un tono rojo brillante y con fuerza, lanzó una tajada contra el brazo de Tim.

El hombre emitió un grito de dolor y Liam tuvo que meterle parte de la tela que había partido para que se callara. Tim se desmayó en segundos.

—Como siga gritando así nos verán —dijo Maggie con preocupación.

Claire cauterizó la herida y se la vendó con la tela empapada en alcohol. Sacó de su mochila antibióticos y le inyectó una alta dosis.

—Ahora sólo tenemos que esperar.

Todos asintieron. Cogieron a Tim y le tumbaron sobre un montón de paja. Le cubrieron con una manta y decidieron hacer guardias. Claire se encargaba de la primera.

—¿Cuándo sabremos si ha funcionado? —preguntó Liam sentándose a su lado.

—No lo sé. La verdad es que nunca he visto a nadie que hayan mordido y se haya reanimado.

—Yo si lo sé —dijo Maggie acercándose a ellos—. Mi novio tardó menos de tres horas. —Consultó su reloj—. Y a Tim hace dos que le mordieron.

—Entonces no falta mucho —Liam se encogió de hombros.

Los tres se quedaron esperando a que pasaran los minutos. Claire controlaba que no le subiera la fiebre, y de vez en cuando observaba a Ted explicándole historias a Victoria, cuyo rostro era de piedra. «Es como si estuviera muerta —pensó Claire—. Este mundo la ha destrozado por completo.»

Un gemido les sobresaltó. Tim empezó a moverse y abrió los ojos. Maggie y Liam le apuntaron con sus armas y Claire se llevó una mano a la boca.

El hombre hizo unos extraños sonidos que le salía de lo profundo de la garganta.

—¿Whisky? —balbuceó.

Liam rió y guardó el arma. Maggie se lanzó contra Tim y le abrazó como pudo. Claire sonrió, por una vez algo les había salido bien.

—Nada de whisky —dijo Claire—. Medicamentes, agua y comida. Debes ponerte fuerte, que en unos días nos iremos.

Tim asintió. Sabía que tenía razón.

Desde lo sucedido en Ravens Falls y lo que encontraron al salir del pueblo, decidieron por unanimidad que estarían en constante movimiento. No confiarían en nadie, y se cuidarían los unos a los otros hasta el último aliento.

Tres días después, Tim aseguró que podía proseguir, por lo que se prepararon para marcharse.

Salieron del establo, siguiendo el camino acordado de ir por las afueras de los pueblos y no acercarse a las ciudades, y esperar encontrar algún refugio en el que poder resguardarse aquella noche.

Claire miró al horizonte al salir del establo. Era de día, y seguía lloviendo. Una de las particularidades de Maine era que, al igual que Londres, llovía durante la mayor parte del año. Suspiró, intentando recordar tiempos felices con una punzada en el corazón. Ahora, vivía el día a día, y tenía una nueva familia a la que le debía lealtad eterna.

Liam siempre se encontraba a su lado, y cada día que pasaba, más amaba a aquél joven que la había salvado una vez de un zombi en un supermercado, hacía ya tanto tiempo que parecía un sueño lejano, un eco en su mente, cuando el grupo de supervivientes era más numeroso.

En los días en que aún quedaba alguna esperanza de que todo aquello acabaría.

Pero ahora, después de todo que lo que había pasado, Claire sabía que en ese mundo de muerte nunca volverían a estar a salvo.

Esto puede interesarte también

3 comentarios

Deja un comentario