Pensamientos de un Hombre Caballo por R.J. Frometa

¿Es genuino el apoyo de los autoproclamados “Tolerantes” o es un disparate dicho por imbéciles?

No cabe la menor duda de que el ser humano es un animal, y como un animal debe ser domesticado. Por eso es que existen los límites, las leyes y demás, para restringir, pero no siempre es contra la libertad y los derechos humanos, sino para poner una especie de stop a la destrucción que el hombre causaría. Y esto no es una cosa que yo me estoy inventando, es algo que a través del tiempo se ha comprobado.

Lamentablemente, en los últimos años, el hombre, en su afán de volver aquellos tiempos antiguos donde todos eran incivilizados, ha venido con un sin número de pretextos, muchos debidos a las estupideces creados por ellos mismos, para poder salirse con las suyas.

Ahora bien, muchos estarán pensando, ¿quién soy yo para estar criticando a esas personas? De seguro la mayoría cree que soy una persona de “mente cerrada”, un individuo que se le es imposible razonar por mi mismo, lo cual resulta bien gracioso tomando en cuenta que aquellos que acusan normalmente a otros de esto son los pobres brainwashed idiots.

Lo siento, muchas veces me salgo del tema y no puedo dejar de opinar… mi nombre es Jahn Stafkeyio. Soy el siguiente al trono, mi padre era el rey, aunque eso es obvio, ¿no?… bueno, el asunto es que mi padre era un hombre bien excéntrico. ¿Qué tanto? Bueno, él siempre deseaba tener un hijo pero que fuera diferente a los demás. Mientras los años pasaban, todos los niños y niñas normales crecían con una mentalidad igual como les he estado hablando. Rebeldes, sucios, pervertidos, ignorantes… mi papá no deseaba que uno como esos idiotas tomara las riendas, aunque no lo culpo, imagínense si fuera así. ¿Entonces qué hizo él? Pues le pidió a una de las doncellas que masturbara a uno de los caballos pura sangre. La primera chica desistió, lo cual enojó a mi padre y la mando a decapitar. Esa misma suerte, lamentablemente, sufrieron unas tres muchachas más. La quinta doncella, aterrada y sin deseos de perder la vida, obedeció. Al final, como indicado por Su Majestad, recogió todo el semen arrojado por el caballo; rápidamente mi madre fue llevada a un hospital donde se le fue injertado el semen a través del FIV (Fecundación In Vitro). De esa manera, tiempos después, luego de que mi madre muriera en el parto y varias complicaciones médicas nací yo. Tobillos, pies y cabeza de caballo mientras que desde mi órgano reproductor hasta el cuello los hombros era humano. Sin duda, mi padre esperaba por lo menos una especie de Centauro, aunque no salí tanto así.

No falta decir que mi vida fue difícil, no sólo aquellos legalistas religiosos que me llamaban engredo del demonio -algo que no era de sorprenderse-, sino hasta aquellos que profesaban ser tolerantes. Al parecer, hasta ellos tienen sus limitaciones, aunque ellos mismos salgan a la calle y digan lo contrario; pero ya saben lo que dicen, hay situaciones donde es más sencillo decirlas que pasarlas.

Luego de ser maltratado por más de treinta años, no sólo por la raza humana sino también por la vida, aquí estoy, a punto de ser quemado vivo. Atado a un palo de madera, resignado, con varios de heno a mí alrededor -no era mi comida favorita de hecho, en realidad soy carnívoro- y observo mi entorno. Siempre hay un tiempo, muchas veces eventos catastróficos, donde no importa las creencias o raza, todos se unen para ayudar a los damnificados; y ahora, todos tienen la misma solidaridad, pero en vez de ayudar a una vida, se unieron en una especie de complot para asesinar a una. Si me dijeran que mi padre fue malo o yo lo fuera, lo entendería; sin embargo no es así.

Veo las llamas subir, mi fin está cerca.

Mi vida pasa a través de mis ojos, dolor todo es un sufrimiento. Entonces, veo los rostros desquiciados que se alegran de mi muerte, esas bestias más que hombres. Se regocijan al verme morir. Bailan, se emborrachan, es como si se tratara de una fiesta pagana, como el hombre incivilizado que ofrecía sacrificios a cualquier cosa que desconocía.

De seguro muchos creen que me repugnan, no digo que no sea así, ¿más saben qué? Esto es otra cosa que pueden agregar a la lista de diferencias entre mis verdugos y yo. Como alguien una vez dijo: “Solamente aquel que es demasiado fuerte para perdonar una ofensa sabe amar”.

Siento bastante lastima, pero de todas manera no les culpo, son victimas de la desobediencia de sus antepasados. Sólo espero que aquellos que leen mis últimos pensamientos, al menos alguno de ustedes, aprenda la lección. A veces hay que detenerse y pensar…

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