Perdidos en una isla por Maria H.L.

Ana B. Talavera

Perdidos en una isla

Somos dos yermos islotes
donde habita la desolación,
a merced del viento y la corriente,
extraviados en alta mar.
A bordo de nuestra canoa,
huimos a la caza de nuestro edén.
Sobrevuelan los esquivos alcatraces
nuestro oculto y eclipsado celeste.

¡Divisamos tierra!
Nos lanzamos desde la piragua
a las turquesas aguas
del coralino arrecife.
Los pececillos rojos, dorados
y de áureo oro,
nos orlan fulgurantes
y una tortuga marina se amedrenta
con nuestro alegre alborozo.
Un cachalote nos escolta
en esta aventura
revestida de un vidrioso azul.
Enmarañados en un frenesí
de braceo, zambullidas
y brioso forcejeo con orfeón,
arribamos a la orilla,
engalanada de blancas arenas,
sumergidas en su virginal calma,
alejadas en su apartamiento
de las míticas epopeyas
de allende los mares.

Embelesados
de embriagante delirio,
presos de un arrebolado
encantamiento,
causado por la exuberante vegetación
y las verdes colinas
de la mítica isla.
En sus entrañas
late el espíritu del anciano
conocedor de la historia de las ruinas
que albergan en su corazón,
de sus mitos y leyendas.

Nuestras hadas se hayan
de solemne festejo,
por formar parte
de esta mítica novela
y de su memoria,
forjada de aventuras
de piratas seductores
e indómitos,
que poetizan su libertad
y la engalanan
entonando odas de amor,
impregnándolas de ron
y carcajadas nocturnas,
antes de izar velas,
hacia la vastedad del océano.
Barbarroja nos sonríe
desde las lóbregas tinieblas,
Robinson Crusoe y Jim Hawkins,
nos hacen un guiño
antes de desvanecerse
en las sombras.
Francis Drake,
rastrea en la floresta
oculta por la bruma,
en busca del tesoro.

Nos envuelve
el apacible y acariciador
rumor de olas,
los efluvios de la brisa de céfiro
y el garbo de Poseidón,
el almíbar y néctar del coco,
delicioso licor
con extractos del paraíso.
Ya nuestras espectrales sombras
pertenecen a esta virginal pintura,
ausente de ese mundo,
engendrador de proezas
revestidas de gestas
y lances..

En los confines del horizonte,
la isla de S.Borondón,
nos embauca
lo extraordinario
de su singular leyenda,
de vergel que emerge
entre el velo de la niebla
y enigmáticamente
se desvanece…

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