¿Por qué confiamos en el pez? de R. J Frometa

Era una tarde llena de movimiento, más de lo normal incluso, en el Departamento de Homicidios. El famoso pez Simón estaba, después de un tiempo de investigación, a unos pocos pasos de atrapar al asesino más escurridizo de los últimos tiempos y la historia de Pickstown; y hasta fuera de Pickstown.

Pero, ¿Quién era el pez Simón? Pues era un pez naranja, de mediano tamaño, el cual había obtenido un papel como oráculo por primera vez al predecir quien ganaría la serie mundial de Baseball, tan sólo con sacar los ojos de su órbita al pregúntasele por el ganador y darles nombre (Dando positivo el equipo de Pickstown). Desde entonces, cada vez que sus ojos salían de su órbita al ser preguntado era que «Sí» y cuando no lo hacía, significaba pues «No».

Aunque después de un tiempo, el pez dejo de ser un oráculo para los amantes del deporte y paso a ser de ayuda a los federales, los cuales al principio probaron sus «poderes» y al funcionarles lo usaron para sus investigaciones. Más adelante, el Departamento de Homicidios decidió usarlo también para sus investigaciones; al principio con dudas, pero al encontrar más y más ayudas sobre sus casos exitosamente, decidieron usarlo para su caso dicho anteriormente.

Se encontraban ya a pequeños pasos de encontrar al asesino, como hemos enfatizado. Habían encontrado y atado un sin números de cabos sueltos de manera milagrosa, lo cual hasta ya habían encontrado la identidad del «Asesino Fantasma» como fue nombrado.

— ¿Están listos para entrar al lugar? —preguntaba el capitán Couliers a través de un walkie-talkie el cual se encontraba en su mano derecha.

De aspecto duro, Couliers tenía el pelo canoso erizado, bigote del mismo color, ojos cafés y cuerpo fornido. Vestía una chaqueta azul de la policía encima de una camisa blanca, y pantalones negros con zapatos del mismo color. Se encontraba al lado de un carro blanco de la policía. A su alrededor se encontraban varios oficiales de diferentes edades, aunque muchos menores que el capitán.

—Listo, capitán —respondió una voz masculina a través del walkie-talkie.

— ¡Entren! —ordenó Couliers.

Un grupo de SWAT con cascos y ropa negra, prorrumpieron en la supuesta casa del asesino: Un pequeño bungalow de madera. Casi ocho agentes SWAT entraron a la casa con sus respectivas armas apuntando por todos lados; otros se habían quedado afuera protegiendo todas las entradas y salidas cerca de la casa; y otros estaban un poco más lejos apuntando por diferentes puntos estratégicos.

Todo iba bien, hasta que uno de los agentes descubrió una trampa escalofriante: Una bomba. Al verla, uno de los agentes vociferó:

— ¡Señor, es una trampa! ¡Repito! ¡Es una…!

Ahí se detono una inmensa explosión. La cual se trago a los agentes dentro de la casa, el impacto mato a los que se encontraban alrededor; además resulto ser que la trampa no era en el interior de la casa solamente, y esto se descubrió al explotar varias bombas alrededor del vecindario. En fin, todos los presentes murieron. Casi el 90% de los presentes eran de los mejores del Departamento.

Cerca de la puerta donde se encontraba el famoso pez, a través de una radio emisora, Roy Millyars había escuchado la detonación. La radio después de la explosión comenzó a emitir estáticas. Roy la apago.

En ese entonces vestía un saco de vestir marrón encima de una camisa blanca, una corbata roja atada amarrada, y zapatos de un color marrón un poco más claro que el saco de vestir y los pantalones eran unos kakis. Su rostro algo redondo, lleno de una barba negra que le ensuciaba el rostro, su pelo crespo del mismo color de la barba y su piel tostada se encontraban mirando con sus ojos cafés oscuros por una ventana de cristal de unos cuatro pies. No se veía nada, a excepción de la pequeña luz de la pecera de Simón.

«Ha funcionado», se decía satisfactoriamente. «Las pistas puestas intencionalmente, los supuestos sospechosos, mí supuesta casa; pero lo mejor fue hacerles creer que el pez en esa pecera era el famoso pez». Se reía para sus adentros y afuera.

Abrió con su tarjeta, la cual hizo que la pequeña luz roja cambiara a la verde en la pequeña caja cuadrada de identidad negra. Entró al lugar donde se encontraba la pecera, tuvo que usar un foco para alumbrar su camino ya que la sombría luz no era suficiente iluminación, y cuando llegó a la pecera que se encontraba en una mesa de metal pintada de negro que sostenía la pecera rectangular de un tamaño podríamos decir grande. Roy miro la pecera por unos minutos aun sonriendo; la pecera tenía una ventana transparente donde se podía ver al pez nada y tenía dentro de ellas varias plantas, rocas y algunos adornos, a parte de las plantas, un buzo con su escafandra y traje de color crema. Después de que los minutos pasaran, Roy saco al pez de la pecera y lo cambió por un pez ya muerto. Y con esto salió del cuarto oscuro, con su sonrisa en su rostro.

«Ya no podrán atrapar al asesino».

Roy (El «Asesino Fantasma) se había hecho pasar por uno de los buenos y se unió rápidamente por su inteligencia a descubrir casos. Una vez oyó sobre lo del pez y que lo iba ayudar a encontrarlo a él; al principio creía que era pura mentira y una falsa, pero cuando comenzaron a encontrar algunas pistas, Roy pensó. Así que tuvo la idea, gracias a su gran astucia e inteligencia, en cambiar al pez. Así que logro encontrar un pez, se podría llamar mucha suerte, que sacaba los ojos fuera de su órbita y resulto ser del mismo tamaño y parecido a Simón. Por lo que en un momento de ausencia del personal, cambio al pez Simón por el que compro, y resulto que el pez logró su cometido: Engañar a todos. Por lo que, Roy siguió con su plan y comenzó a crear pistas y pruebas que lo desviaron todo hasta su última trampa, la cual ha sido narrada anteriormente en ésta historia: La Gran Detonación.

Y ya con la muerte del pez oráculo y la muerte de los mejores del país; nadie lo iba atraparía tan fácilmente.

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