Sombras de Tinta Cap 1 por Fernando Campos Fariñas

Capítulo 1                  El Primer Día De Clase

¿Mi nombre? Jazz. Bueno, en realidad me llamo Ernesto, como el Che. Al final, el nombre de las personas es lo de menos y más en un instituto nuevo con gente nueva, caras nuevas y demás. Los motes nos persiguen por todo Madrid y a mí en concreto mucho más, debido a que en los últimos meses estuve tocando en pleno centro y alrededores, ahora me estoy dando cuenta de que la gente me está reconociendo y eso a mí no me parece bueno.

8:55 la hora de bajarse del bus para entrar a clase y lo último que querías que pasase va a ocurrir. Un grupo de desconocidos que me vio en alguno de los bares se me está acercando. En concreto, la que parece la popular del grupo; una rubita muy linda, chupa de cuero marrón, bufanda verde, pelo largo, su camisa es de piolín tocando el bajo y, la verdad, me haría gracia la camisa si no fuese por esas Ray-Ban, tiene un rollo “gafapaster” que no le pega nada.

-¡Oye! Tú eres Jazz, así te llaman en tu grupo, ¿no? Me llamo Eva. Acabamos de entrar en bachiller de artes y nos gustó cómo tocabas en el “Tres Cuartos”, nos caes bien. ¿Por qué no te vienes con nosotros?

¿Que ya te caigo bien y ni siquiera sabes mi nombre?

– Dejadlo, estoy bien solo. Además, yo soy de ciencias, dudo que nos veamos. Si acaso en el recreo, y lo dudo, ya que en todo caso estaré en la biblioteca. Me gusta estar sobrado con las notas al principio de curso para no hacer mucho al final, así que estaré liado los primeros meses.

-Me recuerdas a Sheldon Cooper, pero en guapo.

Se ríen todos a la vez.

-En cualquier caso me has caído bien así que cuando termines esos dieces, si te animas, estaremos fumando detrás del gimnasio, es el mejor sitio para pensar y estar relajados. Además, nunca va nadie.

Intuyo que esta listilla ha repetido, o si no, ¿cómo va a saber de un sitio así? Es del tipo de persona que influencia a los demás, así que paso.

-Bueno, me voy. Quiero saber cuál será mi aula. Adiós Eva.

-Adiós Jazz.

Se vuelven a reír todos.

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Fernando Campos Fariñas es “Ernesto di Monti (Jazz)”

Genial, mi primer día de instituto. Y ahora tengo que aguantar que se rían de este estúpido mote que tengo. No me gusta la gente. Empiezan a ser “gente” cuando son más de dos, pero no soporto a la mayoría de las personas gemelas. Siempre con sus vestimentas con colores contrarios y terminando las frases del otro. La gente es muy molesta, me estorba en los pasillos de clase, te intentan analizar y conocer en un día y cuando se dan por satisfechos creen que ya te conocen.

Odio estar en el tren escuchando música y sentir que alguien me está mirando, psicoanalizándome desde los pies. No, es peor aún, violándome con la mirada. También odio a la gente que tiene reloj y te pide la hora, y a los que más odio son a los que me hacen quitarme los cascos para hablar con ellos. Lo peor de todo es que en ese último caso resulta que yo soy el maleducado. Yo solo quiero estar tranquilo.

A pesar de lo que digan, no soy ningún friki. La gente lo llama sin saber ni conocer a las personas. Además, soy guapo y que te llamen friki quita muchos puntos frente a las chicas. Por otra parte, sé que soy heterosexual, el porno lo ha demostrado en varias ocasiones, y sí; soy completamente virgen.

Las chicas al final también son gente, aunque parecen más listas que los chicos, bueno no, lo que pasa es que ellas son más atentas a los estudios y más educadas, al menos hasta su primera vez.

La verdad, son una especie que desconozco completamente, las chicas; no son como yo, pero tampoco son como ellos, al menos no todas. ¿Cómo pudiendo ser tan diferentes, cómo pudiendo ser en ocasiones tan superiores a los chicos, se enamoran de los tíos más raros? Y eso no es lo peor, lo peor es que me refiero a los que son raros para mí.

El primer día todas las clases fueron iguales, nadie hacía nada, todos hablaban entre sí y hacían grupitos que más adelante se disolverían, se hacían los graciosos o los duros. Algunas chicas presumían ya desde el primer momento:

        *Mi novio tiene moto/coche y me viene a buscar a la salida para dejarme en casa.

Con lo que no cuenta ninguno es que a mitad de curso van a acabar con otro grupito y que ese novio tan fantástico se lía con otras por la mañana mientras esta chica esta en clase. Yo no tengo ese problema, dos cabezas piensan más que una, así que si necesito ayuda para un trabajo me hago un grupo de tres, para no hacer nada. No me sentiré mal por eso, yo soy mi grupo aparte, no necesito ni quiero necesitar a nadie, por eso si me aprovecho de ellos voy con ventaja, porque como no tendré sentimientos hacía ellos no necesitaré arrepentirme.

Y sí, de pequeño me pegaban en el colegio por intentar ser amigo de todos, y por eso mismo aprendí que la amistad termina siendo una necesidad, por eso no tengo amigos. La gente se lo toma muy mal, te llaman marginado y demás, pero nadie se pone en tu lugar. Me hacen gracia, como les da miedo no tener amigos, intentan de algún modo machacarte para que te los busques, para mí es pura envidia.

Ahora viene el recreo, un festín para los negratas del barrio de en frente. No soy racista, me refiero a la droga. Por aquí son ellos los que llevan el negocio de esta manzana. Por lo que veo, y ya imaginé todos los que se acercan a la verja en el recreo, ni conocen al vendedor, ni saben lo que le están comprando. Pero por algo que desconozco, se acercan y por unos segundos confían más en el camello que en su propia madre.

El recreo tiene muchas más cosas, sobretodo el primer día. La gente no está parada, se mueve e intenta ver todo el patio que puede, y si el sitio al que van está ocupado, deja de ser válido. De esta forma, tal que un juego de sentarse en sillas, los huecos se van acabando y los que se quedan de pie son mis futuros compañeros de trabajo. Solo necesito dos, que no sean guapos y de cualquier sexo, en la variedad está el gusto.

Pero bueno, ¿qué es esto? ¿Ya nadie tiene personalidad? O simplemente no piensan por sí mismos. También puede ser que sean unos conformistas, porque no queda nadie de pie excepto yo. Lo único que veo son grupos de pijas, de heavys, canis y cómo no, el grupito de indies de esta mañana fumando detrás del gimnasio, y encima esa chica asomada, ¿cómo se llamaba? ¿Andrea? ¿Elisa? ¡Bah! ni de coña, aunque me pagaran no pienso sentarme encima de nadie. Media vuelta y a la cafetería, el primer día siempre está vacía.

Las cuatro primeras horas de clase han sido una mierda, no hemos hecho nada, solo lo de siempre, apuntar los libros nuevos, hacer grupitos y hablar en el recreo. Bueno todos menos, yo, que memoricé los nombres y editoriales de los libros y me quedé sólo en el recreo hablando con el tipo de la cafetería.

Intentaré que no vuelva a pasar, o tendré que memorizar su nombre y yo solo memorizo cosas útiles. La gente se llena la cabeza de mierda, cosas que en un apocalipsis no te sirven para nada o no te sirven para encontrar trabajo. Los estudios son algo necesario, al menos hasta que te los saques, en cuyo caso después solo necesitaras saber y mejorar aquello en lo que quieras trabajar.

-Ernesto di Monti

-Soy yo.

Parece una señora mayor, bastante, y cerrada a ideas nuevas con ese vestido de cuadros marrones y ese peinado de anciana. Es la cosa más delgada que he visto en mi vida, parece que tiene un pie más para el otro barrio que para este.

-Un curioso apellido, ¿de dónde es? 

-Mi abuelo se lo cambió a mi familia hace 90 años, proviene de la Trinità dei Monti, una iglesia de Roma muy conocida por…

-Perdone señorito di Monti, pero yo me refería a ¿de dónde es usted?

¿Y para eso cortas mi impecable discurso de la iglesia dei Monti?, joder, debería decirle que levante la mano para hablar, pero claro con tanto programa del corazón será una mala manía.

-Soy español, pero mi padre es francés. De pequeño vivía en Lyon, en Francia.

-¿Qué puedes contarnos de Lion?

Es Lyon, y se pronuncia “Liyon”, como si tuviese elle.

-Tan solo sé que es la tercera ciudad más poblada de Francia después de Marsella y París. También sé que es la segunda ciudad con más número de universitarios, ya que acoge a más de 120.000 estudiantes en sus tres universidades.

-Muy bien. Puede sentarse, señor di Monti.

Suena la campana y de vuelta a mi hogar.

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