Sombras de tinta cp 3 por Fernando Campos Fariñas

Capitulo 3                                 Despertar

En el segundo capítulo mi asesino habla por primera vez, creo que lo he hecho mal. Además no puedo dormir. ¿Debería rehacerlo desde el principio?, no tiene por qué, aunque no está tan bien como el primero. Aun así seguiré hacia delante y escribiré el próximo mañana. A capitulo por día tendré mi primer libro en seguida y además me está encantando acabar con esa gentuza en mis fantasías.

-Sigue escribiendo y serás escritor, dentro de poco nada podrá pararnos…

Me desperté gritando lance mi puño derecho y golpee algo…

-¡AY!, ¡¿ESTAS LOCO O QUE?!

Estaba aún conmocionado cuando me di cuenta de que la que gritaba era mi propia madre, de repente se me fue el mundo al suelo.

-¿Madre?, lo siento yo…

Ella me interrumpió.

-No, perdóname tu hijo has tenido una pesadilla, ¿no?

-Yo, bueno si, oye ¿Tú me has dicho algo antes de que me despertase?, ¿No?

-No hijo no, vine a despertarte y cuando me quise dar cuanta ya me había llevado un derechazo, ¿Has pensado en dejar de escribir y apuntarte a boxeo?

-Ignoraré eso madre, me voy a clase.

Me levanté de un brinco y empecé a vestirme, de repente noté un punzante capón en mi cabeza.

-¡AY!

-Eso por llamarme Madre.

El bus escolar no apareció, para mi sorpresa al seguir caminando un taxi se paró y bajó la ventanilla del copiloto. ¿Adivináis?, era la gafapaster.

-¡Jazz!, ¿Qué haces?, andando no vas a llegar a primera “ni de fly”.

Cuando dice “Fly”, utiliza esa expresión para decirme que ni volando llego a tiempo a la primera hora, es algo que se usa mucho por Madrid.

-Una vez más me impresiona la percepción que tienes Eva, no se te escapa una.

-Por lo que veo no como tú, que pierdes el bus. ¿Te llevo?

-¿Qué?, si, no, es decir no, yo se ir gracias.

-No cuestionaba tu memoria, por lo que se Aristóteles lo dominas, pero que sepas que una chica guapa no te ofrece su coche todos los días y si no respondes rápido hablar contigo me va a salir caro, no querrás arruinar nuestra primera cita ¿no?

-¿De qué hablas?, yo, nunca, yo…

-Tu chico se pone muy nervioso, ¿Es tímido?

Dijo el taxista, riéndose entre dientes

¿Qué me está pasando? esta pesada me pone de los nervios.

-Adiós.

-¿Qué?, jazz espera, no le hagas caso, ¿te llevo?…

Me crucé por un callejón y seguí caminando sin mirar atrás. A ver, aclaremos una cosa, la chica es muy guapa, pero no es mi tipo ¿vale? yo…

-¿Que cojones?

Luces, pero no cualquier tipo de luz, venían de los aparcamientos del instituto. Empecé a notar un frio muy misterioso, notaba mis propios latidos en las puntas de los dedos. Al acercarme confirme mis sospechas, era la policía y una ambulancia, ¿qué habría pasado?.

-¡Ey! te me has escapado.

Me asusté mucho, pero sólo era Eva.

-Hola, qué pasa aquí, porque nadie está en clase ya, llego casi media hora tarde.

-Ya bueno, es muy fuerte. Han asesinado a Juan el de segundo A, la ambulancia lleva ahí dándole con las planchas casi diez minutos y…

No sé qué fue exactamente de toda la frase, pero cuando me quise dar cuenta ya me había despertado en el suelo, notaba tortazos en la cara.

-Chaval, chaval, ¿me oyes?, si puedes oírme asiente.

Asentí, ¿qué había pasado?, empecé a recordar. Juan el de segundo, desde el principio de curso se había metido conmigo y por eso acabé con él en mi libro. Demasiadas coincidencias, por eso me he puesto tan nervioso, sólo es una coincidencia.

-Jazz, que te pasa, ¿tan nervioso te pongo?

Eva sonreía, me sentía bien abrazado a ella y…

-¿¡Que cojones!? Suéltame.

Me levanté de golpe, alterado y confuso.

-¿Jazz estás bien?

El de la ambulancia se dirigió a Eva y dijo.

-Bueno que repose, se ha desmayado eso es todo, os dejo a lo vuestro ¿vale?.

-Sí, claro, gracias.

-Yo, Eva, lo siento, ¿hay clase?

-No, no hay. Los profesores han dicho que nos vayamos a casa hasta nuevo aviso.

-Volveré andando, no me sigas. Me encuentro bien, de verás.

-Como quieras, si necesitas hablar de esto lo entenderé y bueno igual fui demasiada brusca, lo siento Jazz.

-Es igual Eva de verás.

De vuelta a casa no pude sino darle vueltas a todo, ¿cómo puede ser que coincida el sitio y la persona?, hablo de Juan claro, realmente que esté muerto es lo que menos me importa, el problema es que tengo en casa un libro en el que pasa exactamente esto y pasa a la misma hora. Si lo encuentran no tardarían en pensar que yo lo había matado, de hecho aún no sé si yo lo maté. No puedes matar a alguien escribiendo, esto no es ningún anime maldita sea.

Volví a casa y dediqué las 4 horas extra que me quedaban de mañana para tocar el saxofón. Pasaron tres días hasta que la noticia del incidente llegó a la televisión española, fue extraño pero al parecer la noticia tardó tanto en llegar a los medios debido a que el instituto movió algunos hilos para que no cundiese el pánico entre el APA. Durante mis 6 días de vacaciones no escribí absolutamente nada, por una parte porque no se me ocurría nada bueno y por otra porque quería hacer un experimento, consistía básicamente en comprobar por mera precaución si fue todo una coincidencia, lo que pasó en los aparcamientos, sucedió tal y como yo lo había escrito, además ya había asesinado en mi segundo capítulo a mi profesor de filosofía, debía esperar a ver si la palmaba. Aunque si se diese tal caso, no tendría ningún plan B.

Durante la cena mis padres no mencionaron nada, al igual que en las tres anteriores cenas, mis padre no me dirigían la palabra a penas para llamarme a comer o a cenar, mi decisión ante estas incomodas situaciones fue romper el hielo.

-Pero a vosotros dos ¿qué os pasa? Ese tal Juan os ha afectado mucho ¿no?

Mi madre entrecortó unas palabras, probablemente tacos y mi padre casi se atraganta. Mi madre se enderezó y bebió agua, mi padre tragó y se dirigió a mí en un tono muy serio.

-Hijo, tu sabes que nosotros te queremos ¿verdad?

-Y que siempre te vamos a apoyar, pase lo que pase cariño.

-Definitivamente os pasa algo grave.

-Hijo, no te hagas el tonto. No sabemos si tú mismo has asesinado a ese chaval, pero creemos en ti.

Me quedé de piedra.

-Cariño, tu padre y yo hemos leído tu primer capítulo. ¿Fuiste tú el que mató a ese chico?, por favor dinos que no y lo olvidaremos todo, de verdad.

-Yo…

¿Cómo decirles que no, si ni siquiera yo estoy seguro?, pero mi madre está a punto de llorar y mi padre a punto de llamar a la policía.

-No, no joder, fue solo una coincidencia, no soy ningún pirado. Además el capítulo ya estaba escrito antes de que esto pasase y como no se haya hecho realidad, ya me diréis como voy yo a matar a alguien desde la cama.

Rey entre dientes y un silencio incomodo se hacía en el aire. Al paso de unos segundos mi padre soltó una carcajada.

-¿Oyes eso cariño?, está bien hijo, perdónanos, no se ¿Cómo se nos ocurrió sospechar que tu…?

-Está bien padre, de hecho yo estaba preguntándome cómo iba a explicar a la policía lo del capítulo si salía a la luz.

-Bueno, si todo está arreglado terminemos de cenar si puede ser.

Me sentí genial por saber que contaba con el apoyo de mis padres y al final termine creyendo al igual que ellos que todo fue una coincidencia, tanto que al ver que no se cumplía el segundo capítulo me decanté por escribir el capítulo tres.

Capítulo tres

El día se apresuró en ser noche, la oscuridad invadía la luz, las sombras se camuflaban buceando en un mar de oscuridad, el silencio quedaba interrumpido por el crujir de la escarcha, todo se congelaba y se oscurecía en cuestión de segundos, el escritor aterrorizado por ver como lo que escribía se hacía realidad, se apresuró a cambiar el argumento de su novela. Cada coma, cada punto.

Ahora que sabía que todo funcionaba Madrid se cubría de escarcha y sombras haciendo que todo cuanto se creaba en los abismos de la mente del joven escritor, todo cuanto sucedía en la historia de terror, cobrase vida. Imaginando lo inimaginable y haciendo real aquello en lo que nadie creía hasta el momento.

Lo controlaba todo, no había reglas, no había puerta que su bolígrafo no pudiese  cerrar y sumir en la oscura escarcha. Ahora el joven escritor tenía todo cuanto necesitaba, se había convertido en su propio salvador, él mismo podría ser la ruina o la esperanza de cualquier vida.

Y tras un punto y aparte decidió retirar la ola de escarcha y oscuridad que cubría su gigantesca ciudad. Pero había alguien a su lado, alguien a quien el escritor no esperaba, su primera invención y en el momento la más preocupante, el espadachín encapuchado, el asesino ideal, ser intocable  y alma de su novela de terror, alguien que a solas daba a entender que la vida se acaba con su etérea presencia.

Fin del capítulo 3.

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