Sombras de Tinta Prólogo por Fernando Campos Fariñas

Prólogo

03:00 AM

Aún sigo despierto. Ladrillos, cemento, otro ladrillo; aquellos edificios no cambian más que el color de su fachada para parecer distintos. La pintan una y otra vez, al cabo de los años los edificios forman ciudades y las ciudades provincias. Pero sumergiéndonos dentro de aquellas provincias, aquellas ciudades, edificios, habitaciones. Allí en un recóndito lugar esta mi cuarto; estoy yo y esta la vida misma. Escrita con un bolígrafo, cobrando sentido según el orden de las palabras unidas con letras de odio causando daño mi antojo. Pensé que mataba para hacer un mundo mejor, luego pensé que era por mí, más tarde por poder, por odio o por diversión. Nada; nada encontraba con lo que justificarme.

Pero hace escasos segundos, oteando a mí alrededor los cielos contaminados, las calles sucias llenas de ruido pobreza y sarna, acabo de encontrar la respuesta. Locura. Y la locura no necesita de justificaciones, la locura es justa. Y ya llegamos al final de esta tragicomedia con una sencilla pregunta, ¿de quién creéis que es la culpa?

Soy tan culpable como loco si la locura no es la vida misma. ¿No lo entiendes? construimos un supuesto destino, sin las columnas del saber, diciendo sentir que la vida es algo bueno, malgastando saliva. Edificando nuestros ideales sobre barro, cegados y engañados por personas que no nos representan. Creéis que tenéis el control, el equilibrio para no caer en una desgracia y evitar la soledad; pero todo está en tu mente, la soledad puede ser aquello que tú quieras que sea, ser bueno o malo. Puede ser un lugar en el que reflexionar para no estar solo nunca más. El control es la locura y la muerte, dejarse llevar es la vida. No continuaré escribiendo esta carta mucho más querida, dudo que puedas leerla, ni siquiera sé si ponerle sello o dirección. Ojalá no estuvieses muerta, a tu lado era tan valiente que prefería ignorar, tan idiota como para esperarte. Un ciego que pestañeaba perplejo leyendo lo que quería oírte decir cuando miraba tus labios. Maldigo ese día, en el que me hice el más fuerte.

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