Manteniéndome a flote por Ana Centellas

MANTENIÉNDOME A FLOTE Floto. Siento mi cuerpo flotar, liviano, sin equipajes, sin cargas. No tengo palabras para describir esta sensación; sé que parece imposible, pero no es ni siquiera comparable con la experiencia de volar en avión, es algo mucho más intenso. Podría equipararla a lo que debe sentir una medusa bajo las aguas del océano. Siento las pulsaciones del movimiento, como si mi cuerpo se expandiese y contrajese para poder avanzar. El silencio que me rodea es absoluto, no puedo escuchar ni el más mínimo ruido. Parece que me hubiera quedado sorda de repente. Tampoco soy capaz de articular palabra, sorda y muda en un océano inmenso donde floto dentro de las aguas. La sensación es maravillosa, no podría describirla de otra manera. Es como si, de un momento a otro, hubiera conseguido alcanzar la calma que tanto he ansiado durante toda mi vida. La paz que puedo percibir es intensa, muy intensa, extraordinaria. Me siento bien, mejor de lo que nunca antes me había sentido. Debo de estar inmersa en un plácido sueño, mientras floto, floto, floto… No quiero despertar, no quiero abandonar este sosiego que alcanza todos los rincones de mi alma y de mi maltrecho corazón. […]

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