RESURRECTION por Ana Gutiérrez

Nunca he contado tan detallada mi propia experiencia del después. Qué se vive o qué se siente, los estadios que te acompañan y, sobre todo, cómo se sale. Aún muchas veces me hago esa pregunta e intento responderla, porque no sé dar una respuesta clara. Recuerdo que no fui a terapia. Como mucho fui cinco veces. No quise continuar algo que a mí no me beneficiaba. A veces, tener que repetir y repetir sin objetivo, es muy cansado. No quería victimizarme más cada vez que contaba lo mismo, porque cuánto más lo decía, más me daba cuenta de lo que me había ocurrido. Y cuánto más lo pensaba, más rabia me daba. Mi objetivo era ir hacia adelante. No seguir encerrándome en que había sido eso que tanto vemos en las noticias y que, a partir de ese momento, a mí también me correspondía. La etiqueta de haber sido “mujer maltratada”. Recuerdo que la psicóloga me lo repetía una y otra vez. Cómo olvidar cada vez que me lo decía. Y cómo detestaba que me lo dijera. Aunque mi historia correspondiese con esa etiqueta. Cómo me pesaban todas y cada una de esas letras desde la m hasta la a. […]

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Ciudad… por Asilo Oscuro

Salgo a caminar internándome en la oscura niebla. Pasos lentos, pesados, acompañados por ratas que  recorren aberturas de concreto. Me asquean, recuerdan que es un territorio donde vienen sombras lejanas con sacos de ilusiones que nada quieren cambiar. Congelado por el compañero fiel de aventura de cada mañana, sobrevivo en esta ciudad. Esquivo seres invisibles para la sociedad, huyendo de los puñales de esquina, viendo el placer escurrido sobre las paredes de calles manchadas por la avaricia de generosos don juanes de elecciones…un lugar macabro, hermoso, si se ve desde el corazón de los que luchamos siendo extraños seres de honestidad.

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“El demonio de la máscara de hielo” por Asilo Oscuro, Ikormar, Olga LaFuente, Luis Miguel Loaiza, JJ Kastle, Informático Farero, Nicolás Oleinizak, Dagmar Sola, Nefelibata y Elena Siles

El demonio de la máscara de hielo @AsiloOscuro El invierno se había extendido más de lo normal. Las noches eran tan largas que las personas llegaban temprano a casa como si en la atmósfera existiera un miedo comunitario por la oscuridad. @Ikormar Los postigos de las ventanas permanecían cerrados. Nadie sentía curiosidad por ver lo que acaecía fuera. Los hogares estaban siempre cargados de leña. Nunca el fuego debía de apagarse. Las sombras, más oscuras que la noche, recorrían las calles. @Olga_LaFuente Una de ellas corría sin rumbo por las callejuelas del barrio chino, jadeaba y miraba hacia atrás. En su mano derecha llevaba un machete sangriento y en la otra, un colgante con un amuleto totémico. Parecía dudar, pero de repente, paró en un local presidido por dos figuras de león y los farolillos rojos, entró, atravesó el local que solo tenía dos clientes en una escondida mesa y franqueó.una puerta con un cartel de “Solo personal”. En aquel cuarto de ambiente nebuloso y una luz roja de baja intensidad, se encontraba la matriarca. De una de las más poderosas familias chinas llegadas de la ciudad hacía casi un siglo. La anciana no esperó. —¿La tienes? Una adolescente caucásica […]

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“El color de la muerte” por Elena Siles, Asilo Oscuro, Nefelibata, Eidsei, Dagmar Sola , Informático Farero, J.J Kastle, Olga LaFuente, DsWaltz y Ana Centellas

@ElenaSilesB En mitad de la oscuridad se escuchaba los pesados pasos de un hombre caminando por una carretera tan solitaria como la luna creciente que iluminaba el firmamento. Su rostro estaba tapado por una capa, pero podía deslumbrarse   @AsiloOscuro una mirada violenta, de las que traspasan hasta el alma cuando se cruzan con ellas. El eco de sus pasos era un llamado a las más oscuras criaturas del inframundo. En su mano derecha tenía un cuchillo que goteaba líquido carmesí y en la otra, una botella de   @jardindebonsais (Nefelibata) vino vacía con un mensaje dentro, que acababa de recoger en la playa. Tal y como vaticinó la profecía, el comunicado le había sido transmitido justo tras el sacrificio. Aún no se creía lo que acababa de leer, pero no podía vacilar en ejecutar la siguiente orden: debía   @Eidsei acabar con todos y cada uno de ellos. Inclusive él mismo. Dejó de caminar en algún punto, con la mirada fija en el arma, aunque siguió su recorrido casi de inmediato. No era momento para dudar, pensó, estrechando su agarre en el cuchillo. Ya había   @DagmarSola cercenado varios cuellos de camino hacia allí y la policía ya estaría […]

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Dios de mi idolatría por Maria H.L.

Dios de mi idolatría En la oscuridad acariciadora de mi cuarto, siento como te acercas con suaves pasos y ya cerca de mí percibo junto al mío tu rostro. Acerco, temblando de amor, mis labios, la punta de mi nariz al lóbulo de tu oído y tímidamente mi pasión poseída por tu sabor a sueño etéreo, trata con la complicidad de los mordisquitos de mis perlas marinas, a tus rincones secretos, convertir en manjar suculento y especiado cada resquicio de tu piel hecha de sueños, de historias inenarrables por lo desbordante de tu sensualidad y que yo aderezo con el intenso erotismo de mi piel, fuente de fluidos y respiraciones agónicas, vecinas de la misma muerte. Mis cabellos jugando y enredándose con los tuyos. Acercas temblorosas las yemas de tus dedos a mis sombríos aullidos, su eco busca travieso esconderse en tus labios. Me abrasa el calor de la savia de tus pupilas, mi sacro e incitante santuario en llamas. Te siento… sientes que a ti te posee este tormento vestido de lascivia dulce y salada, el ardor y lo aterciopelado de tu envolvente mirada , acariciadora del nacimiento de mis glúteos y de sus extensiones en llamas incendiarias. Muero […]

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“Legado” por Fran Rubio Varela

Su corazón se escogía al mirarlo, viéndolo consumirse así tan despacito. Siempre trataba de regalarle una sonrisa cuando él lo miraba, pero sabía ciertamente que la tristeza en sus ojos no podía ocultarla. Y él lo sabía también. Por eso el le devolvía otra mirada de infinita ternura, la que habitaba en su cuerpo menudo, en el universo de su interior. Abrazandola la consolaba como siempre, siendo su fuerza y le deslizaba uno de aquellos poemas suyos sobre sus oidos que tanta suave paz la aportaba, y seguidamente le seguía diciendo; – ¿Recuerdas Cariño? , recuerdas cuando aquella tarde en la playa te cante?… pues sigues siendo mi canción y siempre lo serás y no importa donde esté yo, no hay estrella lo suficiente alejada a la que no llegue nuestra canción, tu sólo taraerala y yo te escucharé.- Entonces unas lágrimas rebeldes se hacían prisionera la una de la otra empapando sus juntas mejillas. Aquella maldita enfermedad quería llevárselo y a que engañarse, lo estaba consiguiendo, a pesar de que él se había aferrado con uñas y dientes a esa vida que se le recurría. Y ella lo había acompañado en cada sesión de radio y quimio , en […]

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Tu eterno recordar por Maria H.L.

Tu eterno recordar Asfalto, miles de veces rodado, en cientos de ocasiones extraordinarias de la vida. Su ruta ascendente te conduce a insospechados parajes, desconocidos por aquellos que no fueron elegidos para sentir su esplendor. Rincones que te proporcionan emociones inefables que se desprenden de las raíces de la tierra, de sus entrañas con las que te hermanas. Tanto fulgor cala en mi ser y ahí se instala hasta su deportación a mundos más monótonos .Mi vergel resplandece en el día y en la noche .Mi mirada, mi piel y respiración se confunden con él, cuando nos encontramos en un eufórico y emocionante baño de aromas y colores. La luna que platea en sus noches de plenitud todo cuanto alcanza a la vista y Venus creando en el firmamento un halo de ilusión en los corazones que lo contemplan. Trotando con pasos lentos y placenteros te dejas rociar por toda la magia y la calma que la burbuja milagrosa te invita a sentir. Todo a tu alrededor se torna excitante por algo en el ambiente que decrece la acepción del vocablo belleza … Mientras te sumerges en el aroma de este nirvana, sueñas despierto y no quieres cerrar los párpados […]

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Turno de guardia por J. D. Arias

El estridente ruido lo despertó, no sabía en qué momento se había dormido y esperaba que nadie se hubiera dado cuenta, ya le habían hecho dos anuncios y si completaba otro, le despedirían. El chico se acomodó en la silla, le dolía la nuca como un demonio, movió la cabeza hacia un lado y el cuello le traqueó, se acomodó la gorra, se estregó los ojos con el fin de despertarse, buscó a tientas sus gafas que terminaron en el suelo. Se levantó de la silla y cogió el manojo de llaves, salió de la cabina con el fin de saber porque el perro chillaba como loco, se retorcía para huir de su cadena y solo entonces correr lo más lejos que pudiera. ¿Qué te pasa muchacho? –le preguntó al perro que dejó de ladrar para comenzar a llorar. El perro se resguardó al lado de un muro y continuó llorando mientras veía atentamente la entrada a la construcción. Volvió a la cabina por la lámpara y vio el despertador que estaba sobre el escritorio, estaba completamente oscuro, luego comenzó a parpadear en ceros, ahora no sabía qué hora era. El tiempo había empeorado y comenzó a llover, las gotas […]

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La memoria caprichosa por Julio Alejandro

La memoria utiliza extraños criterios para seleccionar los recuerdos, pensaba Teresa, y no dejaba de sorprenderle que la fuerza e insistencia con que recordara a alguien fallecido, no siempre tuviera relación con el vínculo que los hubiese unido en vida. Así, uno de los muertos que se conservaban más activos en su conciencia era un hombre anónimo de sus tiempos de universitaria cuyo cadáver sangrante pudo ver a muy corta distancia. Teresa regresaba de la facultad dando un paseo, como hacía siempre, hasta la plaza de Moncloa, para abordar allí el metro. Pero aquella tarde le dio por subirse a un autobús de la línea dieciséis, que estaba aparcado en la parada terminal con las puertas abiertas y muchos asientos vacíos. Ella se acomodó al lado de la ventanilla, cerca del conductor, y sacó un libro para entretenerse durante el largo trayecto. En la calle Martínez Campos, a la altura de Fortuni, el autobús frenó tan bruscamente que casi todo el pasaje acabó por el suelo. Se levantó un revuelo de gritos y voces airadas que se calmó al momento con la noticia de que había un atropellado. Todos se precipitaron a las ventanillas y Teresa colocó el marcapáginas e […]

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Cuando ya a nadie le sirves por Versos Alejandría

En el momento en que una persona cumple una determinada edad deja de serle útil a los de su alrededor. Hasta que llega el día en que deciden que ya no es necesario aguantarle por más tiempo, ya que según su criterio solamente es una carga o una molestia como se le prefiera llamar, para ellos. Ya no sé cuánto tiempo llevo aquí, en este lugar al que muchos ya se refieren como “hogar”. Lo que sí sé a ciencia cierta es que este geriátrico hace las veces de punto de encuentro entre amigos, viejos conocidos y familiares; y otras tantas como la casa de quien en la suya propia está falto de cariño o ya no puede valerse por sí mismo. Para la desgracia de mis compañeros de fatiga y para la mía propia, la gran mayoría, por fortuna, no tiene problemas de salud. Pero nos rodean otro tipo de dilemas: los de carácter afectivo. En mi caso ya no acierto a recordar cuantos días, meses o años llevo aquí. Mis dos hijos David y Silvia un buen día decidieron que su padre ya no podía vivir solo y claro está, ellos dos tampoco se podían hacer cargo de […]

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