La cabaña por J. D. Arias

Escribo esto mientras mi corazón retumba dentro de mi tórax. Tengo miedo de esa cosa. Sé que no estoy loco, eso me persigue a cada momento y me ha agobiado tanto que ni siquiera puedo escribir esto sin mirar, a cada momento, la puerta y la ventana. Sé que se está acercando, no lo puedo soportar más, por eso quiero que tú sepas lo que me está ocurriendo y así por lo menos alguien no me recordará como el loco encerrado en su casa, donde ni siquiera allí está seguro. Todo comenzó hace unos meses, cuando por fin habían llegado mis anheladas vacaciones. Me habían ofrecido un viaje a la región costera del país, un viaje con todos los compañeros de trabajo. No me lo pensé demasiado, odio los climas calurosos, el simple hecho de tener demasiado calor por culpa del ambiente, siempre me vuelve iracundo. Además no quería pasar todo mi tiempo con esas personas, ya era suficiente verlos la mayoría del año. Con lo que termine eligiendo el lugar de siempre, mi cabaña en las montañas, rodeada por un hermoso bosque y justo en frente de ella se halla una laguna; me encantaba ese lugar, el silencio y […]

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Turno de guardia por J. D. Arias

El estridente ruido lo despertó, no sabía en qué momento se había dormido y esperaba que nadie se hubiera dado cuenta, ya le habían hecho dos anuncios y si completaba otro, le despedirían. El chico se acomodó en la silla, le dolía la nuca como un demonio, movió la cabeza hacia un lado y el cuello le traqueó, se acomodó la gorra, se estregó los ojos con el fin de despertarse, buscó a tientas sus gafas que terminaron en el suelo. Se levantó de la silla y cogió el manojo de llaves, salió de la cabina con el fin de saber porque el perro chillaba como loco, se retorcía para huir de su cadena y solo entonces correr lo más lejos que pudiera. ¿Qué te pasa muchacho? –le preguntó al perro que dejó de ladrar para comenzar a llorar. El perro se resguardó al lado de un muro y continuó llorando mientras veía atentamente la entrada a la construcción. Volvió a la cabina por la lámpara y vio el despertador que estaba sobre el escritorio, estaba completamente oscuro, luego comenzó a parpadear en ceros, ahora no sabía qué hora era. El tiempo había empeorado y comenzó a llover, las gotas […]

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Maldición por J. D. Arias

Devora Williams estaba sentada en el centro de la habitación, le temblaban las manos sobre su caminador al frente de ella, la vejez la había arrasado, el alzhéimer la estaba borrando de a poco, sin embargo, por sobre los recuerdos que hacían dejado su memoria, aun permanecía uno, tétrico y escabroso, el recuerdo del suceso que la confinó a ese lugar, luego de que se salvara por poco de la cárcel, aunque ella no sabía qué hubiera sido peor. Pocos conocían la historia de esa anciana calva, los rumores decían que a sus treinta años la esquizofrenia la descontroló y terminó por quitarse todo su pelo, pero no era más que un rumor, la realidad fue mucho más adversa. Fui el único que pudo sacarle el recuerdo por completo, sin dejar detalles que volvieran la historia en no más que un rumor. Hace un año me propuse recolectar las historias de los recluidos en el psiquiátrico Ashford como una forma de inspiración para sacarme del bloqueo de escritor en el que caí hace dos años. Descubrí que Devora no era mala persona, que solo había terminado haciendo cosas horrendas por fuerzas mayores a ella, por cosas que aún no logramos […]

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La lluvia por J.D. Arias

Corría en medio de la tormenta, estaba completamente empapado y con cada paso que daba sus pies se mojaban a un más, sentía que sus zapatos habían dejado de ser lo que eran para convertirse en agua. Al poco tiempo pudo resguardarse bajo techo. Las gotas persistían en su cara debido a su pelo mojado, sentía frío, mucho frío. Veía como el agua llegaba desde la calle a su derecha que se elevaba un poco, se salía de las canaletas a sus lados. La calle parecía un riachuelo, el agua avanzaba por cualquier lugar, encontraba un obstáculo, se arremolinaba y continuaba por su paso a lo largo de la calle. El cielo se había convertido en no más que una masa grisácea, todo donde miraba estaba gris acompañado del incesante sonido de la lluvia, que golpeaba los tejados y las ventanas de las casas a su alrededor, el líquido discurría por estos y bajaba a la calle para sumarse al camino. El viento era un silbido incesante, que se llevaba las partículas de agua y lo continuaban mojando aun estando bajo techo. ¿Cómo era posible que tal tormenta se generara de la nada? Se peguntaba. Su cuerpo temblaba incesantemente, le […]

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Apagado por Ricardo Zamorano

No sé cómo sucedió, pero cuando me quise dar cuenta, tenía la cabeza de mi mujer abierta entre mis manos, con la sangre formando regueros rojos sobre los nudillos. Eso es lo único que recuerdo, eso y algo más que no logro entender por más que lo intento cuando puedo. A veces ni siquiera lo recuerdo. A veces ni siquiera sé quién soy. A veces ni siquiera soy consciente de que he de ser alguien. Tan pronto estoy lúcido, como no estoy. Es como si estuviera apagado. Y es en esos momentos de lucidez cuando comprendo que he estado fuera de mí, y cuando recuerdo. Recuerdo el largo cabello color azabache brillante y apelmazado. Un cabello brillante y apelmazado por la abundante sangre, enredándose entre mis dedos, agarrándolos como exigiendo clemencia. Sé lo que pensáis: otro caso de violencia de género. Otro marido cabrón que ha matado a su mujer. Yo no recuerdo lo que pasó, pues lo que sucediera transcurrió en ese estado cada vez más frecuente en el que estoy apagado. Pero os aseguro, con lo que pueda quedar de mi corazón, que jamás había pegado a mi mujer, que jamás la había siquiera gritado. La quería, de […]

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Moscas, moscas y más moscas por Ricardo Zamorano

Los zumbidos son constantes. Pero también el olor. No sé cuánto tiempo llevo aquí, no sé el tiempo que he estado dormido o inconsciente antes de despertar. Por no saber, no sé ni dónde estoy. Solo sé que lo que hay dentro de mi campo de visión es el cielo, aunque lo vea de un sucio morado. También sé que algo me pasa en la mitad izquierda de mi cara, porque no la siento. Ahora imagino que esto fue lo que experimentó mi hermano allá por 1920, cuando solo teníamos ocho años él y once yo. Ese día se dio cuenta que jugar con los avisperos no era nada divertido. Al igual que con el fuego, podías quemarte, o en este caso, un enjambre de avispas podía picarte. Y así ocurrió. El lado derecho de su cara fue la parte más afectada. Quedó tan hinchado como un animal que lleva demasiado tiempo muerto en medio de un camino y al sol. El médico del pueblo le puso una inyección enorme en el culo en su sucia casa, lugar utilizado también como clínica. Milagrosamente no se le infectó más (la aguja debía de estar limpia, al contrario de lo que mi […]

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Dos microrrelatos de terror (de José Antonio Herrera).

Microrrelato “Unos pasos en la noche”. El rayo iluminó el cielo, en medio de las negras nubes. El trueno rompió el silencio de la noche. La tormenta estalló y se inició el diluvio. Una sombra se reflejó en la pared de piedra de las escaleras del castillo; parecía estar ascendiendo por la curvada escalinata, hacia los aposentos del Lord. El sonido hueco de unos pasos acercándose al umbral de su estancia despertó a Lord Velton, y el terror se apoderó de él: sabía quién se acercaba… Y sabía lo que quería.   Microrrelato “Edward” (inspirado en la vida real de Edward Mordrake). Aún recuerdo el día que nació mi pequeño: Edward. La partera me miró con el terror reflejado en el rostro cuando me puso a mi pequeño en los brazos. Y entonces lo vi: Edward tenía algo extraño; tenía dos rostros. No podía creer lo que estaba viendo. Mi hijo había nacido con un segundo rostro en la nuca. Era un rostro de mujer. Ese segundo rostro podía gesticular, llorar e incluso gritar. Lloré por él pero, en contra de los consejos de todos, me negué a sacrificarlo. Era mi hijo y yo iba a criarlo. El pobre Edward […]

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El Cazador por Elena Siles

Un hombre de mediana edad y ojos verdes miraba por la mirilla de su rifle esperando el momento idóneo para disparar. Sostenía el rifle con su mano derecha y con la izquierda acariciaba el gatillo pues sabía que en breve debería disparar a su presa. Su presa corría despavorida entre el maizal sin saber que no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir… El hombre disparó e inmediatamente su presa cayó inerte al suelo; y éste sonrió satisfecho. Había empezado a cazar hacía tres años, cuando conoció a un grupo de cazadores en un bar; pero Christopher estaba cansado de cazar presas normales así que al principio no estaba muy interesado en entrar en el grupo. Sin embargo pudo escuchar que sus presas no era las presas a las que él estaba acostumbrado; las presas de aquel grupo eran inmigrantes que ellos mismos traían prometiéndoles un trabajo y una vida mejor en EEUU. Christopher estaba tentado por aquella nueva presa: el hombre; así que decidió ingresar en el grupo. Cuando cazó a su primera presa se sintió como un dios, un ser superior. Aquellos hombres no eran más que blancos fáciles para su experta puntería con su rifle, otros animales más para […]

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