Perdidos en una isla por Maria H.L.

Perdidos en una isla Somos dos yermos islotes donde habita la desolación, a merced del viento y la corriente, extraviados en alta mar. A bordo de nuestra canoa, huimos a la caza de nuestro edén. Sobrevuelan los esquivos alcatraces nuestro oculto y eclipsado celeste. ¡Divisamos tierra! Nos lanzamos desde la piragua a las turquesas aguas del coralino arrecife. Los pececillos rojos, dorados y de áureo oro, nos orlan fulgurantes y una tortuga marina se amedrenta con nuestro alegre alborozo. Un cachalote nos escolta en esta aventura revestida de un vidrioso azul. Enmarañados en un frenesí de braceo, zambullidas y brioso forcejeo con orfeón, arribamos a la orilla, engalanada de blancas arenas, sumergidas en su virginal calma, alejadas en su apartamiento de las míticas epopeyas de allende los mares. Embelesados de embriagante delirio, presos de un arrebolado encantamiento, causado por la exuberante vegetación y las verdes colinas de la mítica isla. En sus entrañas late el espíritu del anciano conocedor de la historia de las ruinas que albergan en su corazón, de sus mitos y leyendas. Nuestras hadas se hayan de solemne festejo, por formar parte de esta mítica novela y de su memoria, forjada de aventuras de piratas seductores e […]

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