Abril por Ana Centellas

Aún recuerdo el momento exacto en el que, acurrucados bajo las sábanas que hacía unos instantes habían sido testigos mudos de nuestro amor, decidiste cambiarme el nombre. Nuestra respiración todavía estaba desordenada, inhalábamos el aire con esfuerzo, como si acabásemos de ser arrollados por un tsunami desolador, y pequeñas gotas de sudor permanecían remanentes en nuestros cuerpos, ansiosas por mezclarse de nuevo en el crisol en que ambos nos convertíamos cuando nos dejábamos llevar por la pasión. —A partir de ahora te llamaré Abril —dijiste, en un cálido susurro que me erizó la piel al instante, sin dejar de mirarme a los ojos, perdido en ellos como si hubieses sido víctima de un embrujo. Una vergüenza súbita se apoderó de mí tan pronto como pronunciaste aquellas palabras y, sin ni siquiera preguntarte el motivo de aquella decisión, la asumí y me acurruqué contra el calor de tu pecho, al amparo de aquel dulce ronroneo que surgía de tus adentros y del que, desde aquel momento, me sentiría una parte importante. Abril. Desde aquel día me llamaste Abril. Y yo me sentí la lluvia que nos cubría a los dos cada mañana, que limpiaba nuestros cuerpos y refrescaba nuestras mentes cuando […]

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