Zona de confort por Ana Centellas

ZONA DE CONFORT «No quiero ir al trabajo». Esa era la frase que Susana repetía cada mañana, todas, sin excepción. Álvaro le daba un abrazo con las pocas fuerzas que le proporcionaba un descanso de menos de cinco horas. «Tranquila, cariño», le repetía cada día. Susana había sido una joven inquieta, con grandes sueños. Soñaba con hacer grandes cosas, con cambiar el mundo, con ser alguien en la vida, como si no fuera ya suficiente con ser ella misma. Un brillante expediente académico a sus espaldas le daba la energía necesaria para elevar a lo más alto sus sueños de grandeza, aquellos que nunca llegaron a concretarse en nada. Cuando conoció a Álvaro, este también tenía enormes sueños por cumplir. Tal para cual, aunaron sus sueños en uno solo, superlativo, sin detenerse a considerar si aquel era o no un imposible. Tanto Susana como Álvaro comenzaron bajando sus expectativas a un nivel que les permitiese comenzar sus vidas, unos inicios humildes podrían ser la base perfecta para un sueño a gran escala como el suyo. Pero pasaron los años y la rutina se apoderó de ellos. Se estancaron en una zona de confort que a ambos parecía adecuada, suficiente para […]

Seguir leyendo

“El demonio de la máscara de hielo” por Asilo Oscuro, Ikormar, Olga LaFuente, Luis Miguel Loaiza, JJ Kastle, Informático Farero, Nicolás Oleinizak, Dagmar Sola, Nefelibata y Elena Siles

El demonio de la máscara de hielo @AsiloOscuro El invierno se había extendido más de lo normal. Las noches eran tan largas que las personas llegaban temprano a casa como si en la atmósfera existiera un miedo comunitario por la oscuridad. @Ikormar Los postigos de las ventanas permanecían cerrados. Nadie sentía curiosidad por ver lo que acaecía fuera. Los hogares estaban siempre cargados de leña. Nunca el fuego debía de apagarse. Las sombras, más oscuras que la noche, recorrían las calles. @Olga_LaFuente Una de ellas corría sin rumbo por las callejuelas del barrio chino, jadeaba y miraba hacia atrás. En su mano derecha llevaba un machete sangriento y en la otra, un colgante con un amuleto totémico. Parecía dudar, pero de repente, paró en un local presidido por dos figuras de león y los farolillos rojos, entró, atravesó el local que solo tenía dos clientes en una escondida mesa y franqueó.una puerta con un cartel de “Solo personal”. En aquel cuarto de ambiente nebuloso y una luz roja de baja intensidad, se encontraba la matriarca. De una de las más poderosas familias chinas llegadas de la ciudad hacía casi un siglo. La anciana no esperó. —¿La tienes? Una adolescente caucásica […]

Seguir leyendo

“El color de la muerte” por Elena Siles, Asilo Oscuro, Nefelibata, Eidsei, Dagmar Sola , Informático Farero, J.J Kastle, Olga LaFuente, DsWaltz y Ana Centellas

@ElenaSilesB En mitad de la oscuridad se escuchaba los pesados pasos de un hombre caminando por una carretera tan solitaria como la luna creciente que iluminaba el firmamento. Su rostro estaba tapado por una capa, pero podía deslumbrarse   @AsiloOscuro una mirada violenta, de las que traspasan hasta el alma cuando se cruzan con ellas. El eco de sus pasos era un llamado a las más oscuras criaturas del inframundo. En su mano derecha tenía un cuchillo que goteaba líquido carmesí y en la otra, una botella de   @jardindebonsais (Nefelibata) vino vacía con un mensaje dentro, que acababa de recoger en la playa. Tal y como vaticinó la profecía, el comunicado le había sido transmitido justo tras el sacrificio. Aún no se creía lo que acababa de leer, pero no podía vacilar en ejecutar la siguiente orden: debía   @Eidsei acabar con todos y cada uno de ellos. Inclusive él mismo. Dejó de caminar en algún punto, con la mirada fija en el arma, aunque siguió su recorrido casi de inmediato. No era momento para dudar, pensó, estrechando su agarre en el cuchillo. Ya había   @DagmarSola cercenado varios cuellos de camino hacia allí y la policía ya estaría […]

Seguir leyendo

Ojos muertos por Gala Rama

Bajo la indiferencia de ver el mundo con ojos muertos. Caminamos sin sentir el dolor ajeno. Anesteciados, bajo el conjuro extremo de un consumismo que sin darnos cuenta nos consume poco a poco. Hacemos alarde de una humanidad ausente y nos vemos jueces del error ajeno, más somos incapaces de aceptar los propios. Desdibujamos una realidad con falsos espejos que creamos para vivir en un mundo de fantasias. No hemos vuelto incapaces de gritar la verdad, entonces creamos el murmullo que dejamos caer en el hombro del otro como si así pudieramos quitarnos ese descontento con la vida, como si eso nos aliviara esa pesada carga. La desconformidad a pesar decompartirla como reguero de polvora avanza entre nosotros abierta y libre sin que ninguno se atreva a encender la llama. Nos sentimos agredidos, desconsiderados, olvidados y mal manejados con quien ostenta el poder. Hablamos, criticamos,nos enojamos más la palabra solo se transmite de uno a otro como un gran secreto a voces. Pero lejos, muy lejos está esa actitud de unirnos. Simplemente continuamos en ese tren de vida donde se critica pero no se actua. Como entonces pretendemos se originen los cambios. Desde nuestro como sillón en nuestra casa. Desde […]

Seguir leyendo

Soñando con un Ruiseñor por Fran Rubio

SOÑANDO CON UN RUISEÑOR. Mis pobres rodillas…no se si ya lo soportaran, pero lo hacemos, corremos hacia ese árbol, ¿lo ves?. Está en el centro del valle, es simplemente majestuoso, creo que es un roble milenario. Las gentes del lugar dicen que lo guarda un deva sagrado y que bajo él y su fresca sombra sólo hay paz y dicen también que allí las amapolas son más rojas y mas suaves que en ningún otro lugar, pero eso tú ya lo sabías verdad?, Y a su lado, casi acariciando sus raíces hay un arroyo de agua muy clara, que allí parece que duerma , como su bella amante, entre solo un murmullo y que cuando la luz llega, brilla como un llavero de soles. Tengo ganas de refrescar los pies allí, te apuntas?, aunque seguro que andará algo fria, no debemos tenerlos demasiado tiempo dentro. Después, después simplemente escucháremos el silbar del aire entre sus hojas. Dicen también que cuando suena fuerte no es el aire, si no las hadas y los elfos que cantan la llegada de la luna y el tiempo para sus bailes de alas finas y su luz de plata, ¿no los ves? Ya estamos cerca, […]

Seguir leyendo

Dios de mi idolatría por Maria H.L.

Dios de mi idolatría En la oscuridad acariciadora de mi cuarto, siento como te acercas con suaves pasos y ya cerca de mí percibo junto al mío tu rostro. Acerco, temblando de amor, mis labios, la punta de mi nariz al lóbulo de tu oído y tímidamente mi pasión poseída por tu sabor a sueño etéreo, trata con la complicidad de los mordisquitos de mis perlas marinas, a tus rincones secretos, convertir en manjar suculento y especiado cada resquicio de tu piel hecha de sueños, de historias inenarrables por lo desbordante de tu sensualidad y que yo aderezo con el intenso erotismo de mi piel, fuente de fluidos y respiraciones agónicas, vecinas de la misma muerte. Mis cabellos jugando y enredándose con los tuyos. Acercas temblorosas las yemas de tus dedos a mis sombríos aullidos, su eco busca travieso esconderse en tus labios. Me abrasa el calor de la savia de tus pupilas, mi sacro e incitante santuario en llamas. Te siento… sientes que a ti te posee este tormento vestido de lascivia dulce y salada, el ardor y lo aterciopelado de tu envolvente mirada , acariciadora del nacimiento de mis glúteos y de sus extensiones en llamas incendiarias. Muero […]

Seguir leyendo

Tu eterno recordar por Maria H.L.

Tu eterno recordar Asfalto, miles de veces rodado, en cientos de ocasiones extraordinarias de la vida. Su ruta ascendente te conduce a insospechados parajes, desconocidos por aquellos que no fueron elegidos para sentir su esplendor. Rincones que te proporcionan emociones inefables que se desprenden de las raíces de la tierra, de sus entrañas con las que te hermanas. Tanto fulgor cala en mi ser y ahí se instala hasta su deportación a mundos más monótonos .Mi vergel resplandece en el día y en la noche .Mi mirada, mi piel y respiración se confunden con él, cuando nos encontramos en un eufórico y emocionante baño de aromas y colores. La luna que platea en sus noches de plenitud todo cuanto alcanza a la vista y Venus creando en el firmamento un halo de ilusión en los corazones que lo contemplan. Trotando con pasos lentos y placenteros te dejas rociar por toda la magia y la calma que la burbuja milagrosa te invita a sentir. Todo a tu alrededor se torna excitante por algo en el ambiente que decrece la acepción del vocablo belleza … Mientras te sumerges en el aroma de este nirvana, sueñas despierto y no quieres cerrar los párpados […]

Seguir leyendo

El último acto por Ana Centellas

EL ÚLTIMO ACTO Todo el mundo empezó a aplaudir en cuanto terminó la función. Había sido todo un éxito y el teatro al completo estallaba en aplausos. Se llegaron a escuchar incluso silbidos y vítores, algo que no solía ocurrir entre el público tan formal y educado que acudía a aquel tipo de funciones. La compañía de ballet había ejecutado una actuación soberbia. Pero, sobre todo, fue el último acto el que había causado semejante sensación en el público. Álex y Natasha, los bailarines principales, habían danzado de manera magistral en solitario sobre el gran escenario, con una compenetración y una agilidad extraordinarias. Natasha parecía volar con la ligereza de una pluma para ir a caer con sutileza en las fuertes manos de Álex, que la sostenían como si realmente el peso de aquella fuera mínimo. La ejecución había sido tan buena, tan sincronizada, tan bella, que había mantenido al público cautivado durante los casi quince minutos que había durado aquel último acto, en los que no se había escuchado ni siquiera el sonido de las respiraciones, que parecían suspendidas, como si de una gran apnea colectiva se tratara. La música y el movimiento de los bailarines eran lo único […]

Seguir leyendo

Turno de guardia por J. D. Arias

El estridente ruido lo despertó, no sabía en qué momento se había dormido y esperaba que nadie se hubiera dado cuenta, ya le habían hecho dos anuncios y si completaba otro, le despedirían. El chico se acomodó en la silla, le dolía la nuca como un demonio, movió la cabeza hacia un lado y el cuello le traqueó, se acomodó la gorra, se estregó los ojos con el fin de despertarse, buscó a tientas sus gafas que terminaron en el suelo. Se levantó de la silla y cogió el manojo de llaves, salió de la cabina con el fin de saber porque el perro chillaba como loco, se retorcía para huir de su cadena y solo entonces correr lo más lejos que pudiera. ¿Qué te pasa muchacho? –le preguntó al perro que dejó de ladrar para comenzar a llorar. El perro se resguardó al lado de un muro y continuó llorando mientras veía atentamente la entrada a la construcción. Volvió a la cabina por la lámpara y vio el despertador que estaba sobre el escritorio, estaba completamente oscuro, luego comenzó a parpadear en ceros, ahora no sabía qué hora era. El tiempo había empeorado y comenzó a llover, las gotas […]

Seguir leyendo

La memoria caprichosa por Julio Alejandro

La memoria utiliza extraños criterios para seleccionar los recuerdos, pensaba Teresa, y no dejaba de sorprenderle que la fuerza e insistencia con que recordara a alguien fallecido, no siempre tuviera relación con el vínculo que los hubiese unido en vida. Así, uno de los muertos que se conservaban más activos en su conciencia era un hombre anónimo de sus tiempos de universitaria cuyo cadáver sangrante pudo ver a muy corta distancia. Teresa regresaba de la facultad dando un paseo, como hacía siempre, hasta la plaza de Moncloa, para abordar allí el metro. Pero aquella tarde le dio por subirse a un autobús de la línea dieciséis, que estaba aparcado en la parada terminal con las puertas abiertas y muchos asientos vacíos. Ella se acomodó al lado de la ventanilla, cerca del conductor, y sacó un libro para entretenerse durante el largo trayecto. En la calle Martínez Campos, a la altura de Fortuni, el autobús frenó tan bruscamente que casi todo el pasaje acabó por el suelo. Se levantó un revuelo de gritos y voces airadas que se calmó al momento con la noticia de que había un atropellado. Todos se precipitaron a las ventanillas y Teresa colocó el marcapáginas e […]

Seguir leyendo