“Tiempo lejano” por Sara Ramírez

Maduras, creces, maduras,

quieres volver al pasado, a la infancia,

a la par el tiempo robado,

a la ignorancia, a lo pasado.

 

Tienes ese dese, ese sueño, ese anhelo

de ser una niña de nuevo;

donde la responsabilidad no existia

donde todo era sueño y fantasía.

 

Recuerdas ese mundo extraño, diferente,

ese mundo, esa vida, llena de ilusión;

solamente ignorancia e imaginación.

Recuerdas ese mundo que por sí se desvaneció.

 

Infancia, la llaman los mayores, algunos:

niñez, otros muchos adultos, pero

¿Infancia? ¿Niñez? ¿Realmente importa?

¿Importa realmente su denominación?

 

Simplemente otra etapa en la vida,

pero no es solo “otra” etapa que transcurre.

Son años, años de felicidad, de alegría,

de reír y llorar, llorar sin razones, sin más.

 

Años de ignorancia, sin problemas, nada más.

Porque la sonrisa de un niño es la más sincera,

la más bella y hermosa, solo una sonrisa

despreocupada, como un te quiero sin espada.

 

¿Por qué no volver a niño ser?

Porque todos tenemos un niño; somos niños

y tenemos que dejarnos ver;

dejar de fingir, de actuar, y empezar a ser.

 

 

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