Turno de guardia por J. D. Arias

El estridente ruido lo despertó, no sabía en qué momento se había dormido y esperaba que nadie se hubiera dado cuenta, ya le habían hecho dos anuncios y si completaba otro, le despedirían. El chico se acomodó en la silla, le dolía la nuca como un demonio, movió la cabeza hacia un lado y el cuello le traqueó, se acomodó la gorra, se estregó los ojos con el fin de despertarse, buscó a tientas sus gafas que terminaron en el suelo.

Se levantó de la silla y cogió el manojo de llaves, salió de la cabina con el fin de saber porque el perro chillaba como loco, se retorcía para huir de su cadena y solo entonces correr lo más lejos que pudiera.

  • ¿Qué te pasa muchacho? –le preguntó al perro que dejó de ladrar para comenzar a llorar.

El perro se resguardó al lado de un muro y continuó llorando mientras veía atentamente la entrada a la construcción. Volvió a la cabina por la lámpara y vio el despertador que estaba sobre el escritorio, estaba completamente oscuro, luego comenzó a parpadear en ceros, ahora no sabía qué hora era.

El tiempo había empeorado y comenzó a llover, las gotas de agua revoloteaban por toda la construcción, a lo lejos la mansión de los Goldstein, con todas las luces apagadas porque sus habitantes se habían ido a pasar el verano en Cape cod. El viento silbaba al chocar contra los ventanales de la mansión.

Se llenó los pulmones de aire y se dijo a sí mismo que todo estaría bien, que no era más que una rabieta del perro. luego escuchó un sonido procedente del ala este de la mansión, donde actualmente se llevaba a cabo una restauración. El invierno anterior había deteriorado el techo del edificio, por lo que el señor Goldstein quiso agrandar la mansión y construir más cuartos, cuando estuviera viejo se iría a su casa de Cape Cod a disfrutar del clima y dejar esto como un hotel de renombre. Vaya malditos ricachones, pensó cuando le asignaron el trabajo. Ahora maldecía por tener que ir a revisar ese lugar destartalado a medio construir. Cogió la porra que colgaba de su uniforme con fuerza y se dirigió con paso cauteloso a los adentros del ala este.

El sonido metálico revoloteaba por el pasillo principal, incesante, como marcando el compás de algo, como la canción que todo el mundo recuerda de la película de ese tiburón. Su corazón estaba como loco y su mente ya no estaba tan estable, se estaba enloqueciendo. No es más que unos adolescentes molestando, está bien, solo es alertarlos y saldrán corriendo, pensó, pero de inmediato la voz de su mente objetó, ¿adolescentes Mike? Enserio, no puedes pensar en otra cosa, el maldito perro estaba que se moría y me dices que son adolescentes, vaya mentira.

Las piernas le temblaban, no sabía cómo podía continuar caminando, la lluvia seguía golpeando los cristales de la mansión y los truenos lo sobresaltaban, estaba muerto de miedo y la sensación no hizo más que empeorar cuando vio el gran charco de agua que no hacía más que expandirse. Respiró intentando calmarse, tenía que hacerlo. Tenía que revisar que ocurría con el agua. Se mojó parte de su uniforme, caminaba en medio del agua fangosa con dificultad, en un momento por poco se cae, pero logró estabilizarse antes de caer de cara al agua.

Cuando llegó a la última habitación, de donde provenía el sonido, vio como la bomba hidráulica se retorcía en su agonía. Se usaba para solventar las fallas en los desagües de ese sector de la mansión, por lo normal no tenía problemas, sin embargo, con el diluvio que caía era demasiado trabajo para el pobre aparato. Algo se había soltado dentro del artefacto y ello hacia el horrendo sonido que había escuchado, se dijo a sí mismo que era un estúpido por pensar en más cosas que no tenían nada que ver, su corazón se calmó un poco.

Aun así, él no estaba a salvo.

Escuchó el gemido detrás de la pared, seguido de un chapoteo y la voz de agonía de una mujer. Y entonces el ente fantasmagórico se le presentó, una mujer delgada, demasiado delgada, se agarraba con sus garras a la superficie del agua, con la boca abierta profiriendo quejidos a la vez que se ahogaba, su cabello parecía levitar, una maraña de pelo se extendía del agua hasta la mitad de la estancia, se sostenía en el agua como si fuera el propio suelo, tomo una pose salvaje apoyándose en sus cuatro extremidades mostrando los colmillos deformes de su boca y acusando con sus ojos acuosos completamente negros. Rotó la cabeza hasta quedar en posición horizontal, como si no entendiera lo que era aquel chico poseído por el pánico.

  • Malditos… Goldstein… me… me los comeré… a… a todos. –en medio de sus palabras salía sangre oscura de sus fauces.

Se notaba la ira de la criatura, a Mike le pudo el miedo y se heló, peleaba consigo mismo para dar vuelta y correr como nunca antes, pero sus piernas no respondían.

  • Me… me tiraron al lago… y me quitaron… ¡me quitaron mi fortuna!… esos malditos… y ahora construyen sobre mi… ¡IMPERDONABLEEEEEEEEEE ¡-bramó.

El grito le hirió los oídos y le quitó el hechizo, se volteó rápidamente, tanto que casi pierde el equilibrio por lo que se impulsó con sus brazos, el agua ralentizaba su carrera, pero él hacía todo lo posible por avanzar. La criatura levantó el brazo con el fin de impedir la huida de su presa y la puerta de la estancia se cerró dando un portazo. Mike usó todas sus fuerzas para abrir la puerta, esta no se movía, terminó rasguñándola con el fin de salir de ese maldito lugar. La criatura avanzaba lentamente, aumentando su miedo, su pánico, creía que su corazón se pararía en cualquier momento, aun así, su conciencia fue más rápida. El chico se desplomó, golpeando el agua. La criatura se acercó, lo olfateó, estiró el cuello y abrió las fauces que se abrieron como las de un tiburón y de una mordida le quitó la mitad del cuello, si no hubiera sido por su espina dorsal, la cabeza se hubiera despegado. Se llevó el cuerpo con ella, retornando a las profundidades de ese charco irreal.

Tiene ira y no parará hasta que se lleve a los Goldstein con ella, aguardará en el fondo de ese charco lo que quede del verano y se entrometerá en el cuarto del señor Goldstein con el cuerpo de su pequeña en brazos y medio despellejado, vaya sonrisa la que tendrá cuando vea la cara del señor al darse cuenta de que su linaje está acabado con la pérdida de su hija y con ella, su nieto. La criatura río bajo el agua y algunas burbujas subieron a la superficie, en medio de la lluvia, en la mansión de los más ricos del pueblo, apartados de todo el mundo.

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