Vlad Hunters 2. Cap 11 por Sergio Pazos.

Checkpoint 11: El cuervo

                                  

El grupo se había puesto de nuevo en marcha hacia su siguiente objetivo.

    -Oye Yvy.

    -¿Sí?

    -Tú eres la única que conocía a Mina antes de todo esto. ¿Qué puedes contarnos sobre ella?

    -Bueno… En realidad no la conocía, no exactamente.

    -¿Qué quieres decir?

    -Ahm… Todos los vampiros han oído hablar de Mina Harker. Es la primera persona a la que te mencionan cuando…

    -¿Te unes al club?

    -Hum… Sí. Muchos solo la conocen por habladurías y no saben más de ella que los agentes de la Vlad Hunter, incluso hay quien la tiene por una simple leyenda. Yo misma solo la he visto un par de veces, pero nunca he llegado a tratarla en persona.

    -¿Entonces no puedes contarnos ningún cotilleo ejem… información táctica sobre ella?

    -No estoy segura. No lo sé a ciencia cierta, pero por las veces que la he visto y lo que se rumorea, tengo claro que no es normal.

    -¿Cómo “normal”?

    -¿Te refieres a que es una criatura de ultratumba con poderes sobrenaturales?

    -Mina es sádica, asocial y extremadamente violenta.

    -¿No lo sois todos los vampiros?

    Aleera le dio un codazo en las costillas.

    -Supongo. Pero lo suyo es un caso aparte. No es simplemente la sed de sangre, su gusto por el sufrimiento y el dolor es enfermizo. Dicen que ya era así mucho antes de transformarse, que ya mataba gente y disfrutaba con ello antes de que le crecieran los colmillos.

    -¿Dices que era una especie de asesina psicópata? ¿Cómo Hannibal Lecter?

    -Es probable.

    -Qué mal rollo.

    -¿Y eso que significa exactamente? ¿O sea, qué podemos esperar de alguien así?

    -Nada bueno. Ese tipo de personas solo existen para hacer daño a los demás, no saben hacer otra cosa. Su única obsesión es matar.

    -¡Es horrible! ¿Por qué iba alguien a ser así?

    -Es una buena pregunta. Por desgracia no tiene una respuesta clara. Las personalidades psicopáticas con tendencias homicidas son algo tan antiguo como la propia humanidad, pero ni siquiera hoy en día se tienen muy claro cómo nacen. Se trata de un tipo de trastorno y complejo que probablemente sea desencadenado por varios factores: mentales, genéticos, fisiológicos, sociales, culturales… Por eso resulta imposible de tratar.

    -¿No son una especie de enfermos mentales?

    -Sí y no. No es tan simple como que una parte de su cerebro funcione mal, o una carencia hormonal. Es un trastorno total de la personalidad y no se puede arreglar con simple cirugía o medicación.

    -¿Lo que estás diciendo es que ya era cómo un vampiro antes de ser un vampiro?

    -Peor. El gusto por la sangre de los vampiros es una respuesta lógica a su condición biológica. Son depredadores y los humanos su alimento. En cierto sentido para ellos solo somos el corderito para la cena. Pero un ser humano que desarrolle una necesidad patológica de aniquilar a sus congéneres…

    -Es un monstruo.

    -Es peligrosa e impredecible. Su cabeza no funciona como la de los demás. Todo lo que creáis saber sobre las personas, sobre que las motiva o que leyes lógicas guían sus acciones; no se le puede aplicar a alguien así. Jamás podréis entenderla viendo las cosas desde vuestra propia perspectiva y por más que lo intentéis no seréis capaces de meteros en su cabeza del todo, pero mientras a nosotros nos resultará casi imposible adentrarnos en sus patrones cognitivos, Mina puede leernos cómo un libro abierto. Es cómo en una partida de ajedrez dónde las piezas se enfrentan al jugador. Puede que seáis un ejército, pero ella sabe todos los movimientos que podéis realizar mejor que vosotros mismos y os moverá por el tablero a su antojo haciéndoos creer que tenéis el control.  No lo olvidéis cuando le hagáis frente.

                                                           ♥♥♥

Mina vagaba por los pasillos de un gran complejo de apartamentos. Al mirar por las ventanas podía vislumbrar a varias decenas de metros bajo su posición amplias calles por las que transitaban hordas de morlocks que caminaban idiotizados incapaces de encontrar una presa a la que devorar.

    -Vaya, vaya. ¿Pero qué tenemos aquí? Otra mujer. Sois peores que una plaga, os reproducís sin control cual sarnosas y pestilentes ratas.

    Virgilio se desplazó levitando entre las sombras.

    -¿Me habláis a mí?

    -¿Acaso eres ciega? ¿Intuyes a alguien más allende el pasillo?

    -No. Es solo que me ha parecido que erais uno de esos bohemios narcisistas que anhela escuchar su propio discurso como la más bella de las sinfonías.

    -Desde luego oído no te falta, pues de los labios del gran Virgilio tan solo oro verbal emana.

    -Veo que os habéis propuesto elevar el concepto de autoestima a nuevas cotas de complacencia onanista.

    -Ja, ja… He de reconocer que eres divertida, para el paupérrimo nivel de una hembra, claro.

    -Vos tampoco lo hacéis mal, para la habitual torpeza de un hombre, claro. Aunque sin duda, vuestras filosas palabras causarían mayor impacto si esta pobre, desdichada e ignorante mujer pudiera contemplar el canónico rostro de quien las pronuncia.

    -¡Diablos! Tienes razón. ¿Cómo negarle a una condenada al sufrimiento eterno el divino privilegio de contemplar la encarnación de tamaño genio como preludio de su inminente óbito? Deleita tus pecaminosos ojos por última vez.

    Virgilio se deslizó entre las sombras y avanzó hasta quedarse ante Mina. Ella lo miró unos segundos y acto seguido le arrancó el ojo con tres dedos. El poeta cayó al suelo gritando de dolor mientras los cuervos de su traje graznaban exaltados y la vampiresa examinaba el sanguinolento globo.

    -¡Furcia! ¡Eres el demonio reencarnado!

    -Mucho me temo que vuestras palabras no dan la talla mi buen señor.

    -¡Cómo osas, fulana esquelética, privar del más luminoso de sus sentidos a un superior varón!

    -Ya conocéis el dicho; ojos que no ven, corazón que no siente –recitó aplastando el órgano entre sus dedos y dejando que el gelatinoso humor vítreo se escurriera por la palma de su mano.

    -Sucia y rastrera arpía. Pútrida rata de alcantarilla. Malditas sean una y mil veces cada una de mis costillas por engendrar un fruto tan ponzoñoso como el caprichoso corazón de una mujer. Se acabó. Hoy es el día de la redención. Todos los fragmentos del pecado original que en esta tumba yacen serán purgados por siempre, zorra primigenia.

    Tras Virgilio surgió una marabunta de bichos que avanzó voraz tapizando techo suelo y paredes. Mina comenzó a retroceder trazando tajos que sesgaban puñados de aquellos insectos, pero sin poder causarle un daño real a la miríada. Pronto se vio sobrepasada y para evitar ser aplastada por la marea quitinosa saltó por la ventana. Tras caer varias decenas de metros, aterrizó de cuchillas resquebrajando el suelo de la calle en medio de hordas de morlocks. El sonido de una flauta inundó las calles y todos los caídos levantaron la cabeza y se pusieron tiesos en el acto. Virgilio surcó el aire derramando su melodía por las diferentes avenidas y pronto todas las criaturas avanzaron hacia Mina, hacia su nueva presa, pero fue ella quien se lanzó a darles caza. Corrió a toda velocidad por el empedrado de oricalco desencadenando amplios mandobles a izquierda y derecha que descabezaban y partían por la mitad a puñados de monstruos. Los morlocks se iban arremolinando a su alrededor y Mina se enzarzó en una danza frenética dónde las extremidades volaban por doquier. Por más enemigos que se le acercaban, la vampiresa prosiguió su insaciable avance troceando a mansalva y dejando tras de sí un reguero de cadáveres bañados en un azul sanguinolento. Más morlocks llegaron de las avenidas adyacentes. Las criaturas salían a docenas de cada recoveco buscando sin cesar un trozo de carne que poder masticar. Por más enemigos que despachase su número no hacía sino crecer y llegó un punto en el que la marea era tan densa que Mina no pudo seguir avanzando, pero no por ello cejó en su carnicería. La Honjo Masamune seguía bebiendo la sangre de sus enemigos y los cadáveres se apilaban bajo los pies de los combatientes. Centenares de morlocks, vivos y muertos, se agolpaban sin descanso a los pies de Mina elevándola en una montaña de carne y miembros retorcidos. Fue entonces cuando la vampiresa se quedó sin camino y viéndose incapaz de proseguir su sanguinario avance liberó su aura vampírica generando una explosión que prácticamente desintegró a la marabunta de enemigos que se disponía a engullirla con la descomunal potencia de su onda expansiva y que a punto estuvo de hundir el suelo teñido de azul bajo ellos.

    -¡¿Eso es todo lo que tienes?! –clamó la mujer al cielo nada más aterrizar-. ¡Justo ahora que empezaba a divertirme!

    Varios morloks acorazados cargaron contra ella desde diferentes direcciones. En el último momento, la mujer saltó sobre sus cabezas dejando que se estrellaran y los partió en pedacitos con un tajo expansivo que también terminó de hundir el suelo, de modo que la engulló en su caída.

                                                             

Aleera y los suyos avanzaban por lo que parecía una red de alcantarillas cuando comenzaron a oír fuertes estruendos que provenían de arriba. Daisy y Dhara avanzaban bajo ellos con el vehículo a una distancia prudencial, cartografiando la zona y buscando el mejor camino.

    -Daisy, ¿has oído eso?

    -Sí, me he roto el disco duro no los receptores auditivos.

    -¿Qué era? Parecían explosiones.

    -No lo sé, tened los ojos bien abiertos.

    -¿Habéis encontrado ya una salida?

    -Aún no. Este sitio es un auténtico laberinto. No hacemos otra cosa de descubrir capa tras capa de túneles.

    -Recórcholis. Hay que darse prisa en encontrar a esos dos antes de que se maten o tendremos problemas.

    -No pueden estar muy lejos.

    -¿Cómo daremos con ellos sin ninguna pista? Este sitio es enorme.

    -Habrá que llamar a Walter Sherman.

    -¿A quién?

    -¡El prota de The Finder!

    -¿Qué es The Finder?

    -Se trata de una serie de televisión basada en los libros The Locator de Richard Greener. Creada por Hart Hanson, la serie nació como un spin-off de Bones. En la historia, Walter era un veterano de la Guerra de Irak que sufría daños cerebrales debido a una un coche bomba, lo que le hizo desarrollar una obsesión patológica por encontrar cosas. De esta forma acaba convirtiéndose en una especie de excéntrico detective pasadísimo de rosca.

    -¡Qué chulo!

   Hai. La serie era estupenda. La historia, los personajes, el aspecto visual… Todo en ella era muy fresco, divertido y original. Su ambientación en Cayo Hueso, Florida, le daba un aire mágico a toda la serie.

    -Pues no me suena de nada.

    -Ya… Por desgracia la cadena canceló la serie con tan solo 13 episodios, a cada cual más interesante y extraño que el anterior, por lo que nunca supimos como acababa la historia. The Finder forma parte de un selecto grupo de grandes series con enormes posibilidades que fueron canceladas antes de tiempo con solo una temporada; como Invasión, Alcatraz, Firefly o Almost Human.

    -Un día de estos me enteraré de que estáis hablando… Shhhh ¿Habéis oído eso?

    Una extraña serie de ruidos se extendieron por el túnel dónde estaban. Todos se pusieron en guardia atentos a lo que pudiera ocurrir. Steven miró al techo justo cuando una especie de jugoso ciempiés de unos dos metros de longitud caía en medio del grupo obligándolo a dispersarse. La criatura se retorció balanceando unos sinuosos flagelos terminados en aguijones curvados que a punto estuvieron de ensartarlos. Roger lo reventó de un disparo, pero según lo mataba, varias docenas de bichos similares y de diferentes tamaños comenzaron a caer del techo y a emerger de las aguas residuales. Sobrepasados, los diferentes medios del grupo no tuvieron más remedio que separarse y en cuestión de segundos cada uno se encontraba perdido, dando tumbos por los interminables corredores del complejo de alcantarillas. La gran cantidad y el pequeño tamaño de la mayor parte de las criaturas hacían sumamente difícil combatirlas. Los dos chicos conseguían aguantar bastante bien el tipo vaciando un cargador tras otro contra la marabunta, algo que no les duraría demasiado. Por su parte, Mary conseguía tostar a gran cantidad de enemigos poniendo a tope los ultravioletas de su espada mientras despedazaba a los grandes. Quienes peor lo pasaban eran Yvy y Aleera que prácticamente solo podían correr hasta quedarse sin fuerzas.

    -¡Cúbreme! –le gritó Steven a su compañero mientras recargaba el arma.

    El comiyanki esparció cortes y magma entre la marabunta hasta quedarse sin munición, momento en el que su aliado le cambió la posición y rotaron los papeles. Repitieron el proceso unas cuantas decenas de metros hasta que aparentemente menguaron el número de atacantes. El chico se paró en seco.

    -Steven, tenemos un problema.

    -¿Qué ocurre?

    Sobre sus cabezas, a unos tres metros y medio de altura, había una especie de tapa de alcantarilla de oricalco que daba al exterior. Aparentemente, no había escaleras ni ninguna otra forma de llegar. Wilson vació el cargador de La Costurera contra los últimos enemigos visibles y lo arrojó hacia arriba pegándolo al cierre.

    -¡A un lado!

    Los dos se apartaron lo suficiente para esquivar el radio de la explosión que desencajó la tapa de su sitió y dañó el mineral circundante.

    -¡Roger, sube! –le ordenó cruzando las manos a la altura del estómago y flexionando las rodillas.

    El otro colocó un pie en el improvisado apoyo y juntos consiguieron auparlo hasta la salida. Inmediatamente, Roger se tumbó en el suelo y descolgó el brazo por la abertura mientras el canadiense volvía a empuñar su arma.

    -¡Venga, sube!

    -Vete Roger.

    -¿Qué estás diciendo?

    -Es inútil. No puedo saltar tanto y aunque lo hiciera no tendrías fuerza para levantarme. Cierra la tapa.

    -¡¿Estás loco?! –preguntó mientras el sonido de un millar de miriápodos volvía a llenar el interior de los túneles.

    Steven adoptó una posición de descanso y miró a los ojos al chico.

    -Roger, escucha. A estas cosas no hay quien las pare, pero al menos puedo distraerlas. Esto es lo único que sé hacer, ¿recuerdas? Tú, por el contrario, aún tienes mucho que aportar al mundo. No tires la toalla todavía, ¿OK?

    Se despidió con un rápido saludo en el que colocó los dedos índice y corazón sobre la sien izquierda y los alejó con un golpe secó. Al momento, desplegó su casco y comenzó a disparar contra la nueva oleada de enemigos que avanzaba por todas partes hacia él obligándolo a retroceder. Roger no tuvo más remedio que cerrar la tapa de oricalco para evitar que la marabunta lo devorase.

                                                              ♥♥♥

Aleera dobló una esquina y arrojó una granada ultravioleta tras ella que desintegró a un buen número de enemigos, dándole una ventaja efímera aunque valiosa.

    -Daisy, necesito una salida pero ya.

    -Deberías encontrar una en el siguiente giro a la derecha.

    La Vlad Hunter giró a su diestra y vio unas escaleras. Subió a toda prisa con los ciempiés pisándole los talones y salió al exterior tras correr la pesada tapa de alcantarilla. Volvió a colocarla en su sitio apresuradamente cortándoles el paso a los insectos. Con tiempo para darse cuenta de que el corazón le latía a mil por hora por el esfuerzo, se agarró las rodillas y respiró profundamente unos instantes para tranquilizarse. Se disponía a llamar por el enlace cuando una gélida voz la sobresaltó.

    -Pero que tenemos aquí. Ni el hediendo olor de las cloacas es capaz de ocultar tu fétido aroma, hembra.

    -Virgilio…

    La cazavampiros había salido a una especie de gran plaza con un techo cavernoso relativamente bajo parcialmente ensombrecido. El poeta flotaba a su alrededor totalmente ciego.

    -Está claro que no podré descansar tranquilo hasta que no me libre de todas vosotras.

    -¿Qué te ha pasado?

    -Cría cuervos y te sacarán los ojos.

    -Ha sido Mina… Virgilio, corres un grave peligro. Vengo a protegerte.

    -¿Protegerme? No me hagas reír. ¿En que mundo necesitaría yo la protección de una mujer?

    -Virgilio, por favor. Quieren usar la sangre de los tres Ejes para acceder al trono de la emperatriz.

  -De vuestra boca solo salen sandeces, mas ya que tanto insistís haremos una cosa. Batámonos a muerte y si por una ironía del destino vencieras os dejaría velar por la seguridad de mi cadáver.

    Mientras oleadas de insectos hacían saltar por los aires las tapas del alcantarillado para salir a la plaza, el poeta metió las manos dentro de su túnica de alambre de espino y cuervos empalados y las sacó empuñando una especie de hoz en cada una e inmediatamente Aleera se lanzó a por él. Entrechocaron las hojas un par de veces y la chica comenzó a ganar terreno hasta que Virgilio giró en redondo mientras se abría la túnica liberando una nube de insectos sobre la enemiga. La cazavampiros los esquivó como pudo y volvió a cargar. Partió por la mitad a un ciempiés que se abalanzaba a por ella desde la izquierda, se agachó para esquivar la embestida de un segundo y saltó apoyándose en un tercero para aterrizar haciéndole un corte en el brazo al hiperbóreo.

    -Muy bien. Si eso es lo que deseáis peleemos en serio.

    Una sección del techo se desprendió y el torso de un ciempiés gigantesco se escurrió por el hueco. La sibilina mole se fue deslizando por la abertura y rodeando a Virgilio para protegerlo, agitando cada uno de sus anillos de los que brotaban aguijones que goteaban veneno abrasivo. Varias fauces se abrieron a lo largo de su cuerpo y de ellas emergieron tentáculos a modo de lenguas que arrastraron al resto de insectos hasta las mandíbulas del más grande. Este comenzó a digerirlos, implementando su ADN al suyo para fortalecerse aún más, hasta llegar a un punto en el que el tremendo bicho acabó de entrar en la plaza y del hueco donde debía estar su cabeza emergieron aún más tentáculos al igual que de los bajos de la túnica de Virgilio. Ambos manojos de apéndices tubulares se entrelazaron hasta conectarse y el poeta quedó unido a su criatura.

    -¿Aún insistes en luchar, pequeña comadreja selenita?

    -¡Sí!

    El ciempiés abrió sus fauces y esta vez expulsó a varios grupos de morlocks en avanzado estado de descomposición, los cuales dispararon aguijones de sus manos que  estallaban en llamas en cuanto se estrellaban. Aleera se puso a disparar sus últimos cargadores, manteniendo en solitario un tiroteo contra las crecientes hordas de enemigos, momento que Virgilio aprovechó para avanzar y entonces una potente explosión de magma voló por los aires una de las bocas del ciempiés gigante que se agitó de dolor. Roger apareció por un acceso secundario descargando andanadas de la Obliteradora Candente. El rango de destrucción del arma era amplísimo, pero a pesar de ello el engendro resistía los envites.

    Un nuevo grupo de insectos cayó del techo mientras otros de sus compañeros emergían de las rejillas del suelo y ambos avanzaron hacia la posición del chico. Sin dudarlo ni un instante, Aleera recogió su arma casi vacía y saltó al campo de batalla para ir en su ayuda. Avanzó corriendo semiagachada rebanando las cabezas de todos los morlocks que se cruzaban en su trayectoria. Esquivó un aguijonazo a su diestra y hundió el brazo hasta la mitad en el abdomen del tirador, para arrancarlo de inmediato dejando una granada ultravioleta de regalo que explosionó al instante lanzando mocos verdes por doquier. Se vio forzada a reducir la marcha cuando unos ciempiés de tres metros y medio de longitud se interpusieron en su camino, lo que obligó a Roger a dejar de disparar a Virgilio y centrarse en los grupos de enemigos que iban a por ellos y amenazaban con estrangular su posición. El poeta lo miró enfadado por todo el daño que le había causado, se arrancó la túnica y emitió un grito de furia que provocó que su máscara saliera disparada dejando al descubierto su rostro y su cuerpo: una masa amorfa de tentáculos, carne quemada y pústulas amarillentas infectas que latían rezumando pus fosforescente.

    -¡Ostias, es más feo que el feo de los Proclaimers!

    Mary llegó a la plaza desde otro acceso junto a Yvy y se sumaron a la contienda a la par que la nave emergía del suelo descuartizando a hordas enteras de criaturas. Entre todos consiguieron despachar al ejército de criaturas de pesadilla y centrar su ataque en la hibridación ofidia del hiperbóreo. La criatura se retorció de dolor y se lanzó de cabeza contra el suelo atravesándolo y dejando un inmenso boquete en su descenso. Un manojo de tentáculos emergió en el último instante del anillo final y agarró a Aleera de la pierna arrastrándola a la madriguera.

    -¡Aleera!

    La chica cayó de bruces al suelo, pero se incorporó rápidamente. Vio que se encontraba en medio de una sala circular enorme. Notó de inmediato una bajada de las temperaturas muy acusada y en seguida el agua que llegaba hasta sus rodillas la empapó calando sus huesos. Se encontraba en medio de un desagüe. Su armadura estaba desgastada y corroída por el combate. Todas las luces se apagaron de golpe. La cazavampiros empuñó su espada, siendo la luz mortecina de sus ojos ciegos lo único que proporcionaba un destello de claridad. A pesar de ello no podía ver ni un palmo delante de sus narices, estaba completamente sumida en las tinieblas. Se dio cuenta de que estaba tiritando, pues la temperatura allí abajo, varias decenas de grados inferior a la de arriba, seguía bajando y estaba helada. Un grimoso murmullo comenzó a llenar  la estancia con lentitud. Algo se arrastró a su espalda con una docena de pequeños chapoteos en el agua. Se giró en una fracción de segundo para tratar de ver algo, sin éxito. Más ruidos rasposos comenzaron a resonar generando ecos por todo el vacío acompañando el fluir de sus piernas rompiendo el líquido. Un húmedo y pegajoso aliento le recorrió la nuca. Con un escalofrío fluctuando a la largo de su espina dorsal, lanzó un tajo a ciegas, pero solo cortó el aire. Los ruidos fueron en aumento, hasta que la amalgama de espeluznantes sonidos llego a un punto muerto.

    La cacofonía regresó atronadora al tiempo que las pústulas bioluminiscentes de la cara de Virgilio se iluminaban a un centímetro de su rostro, lo que provocó que retrocediera instintivamente. Una compuerta se abrió a su derecha y un torrente de gélido líquido la empujó desequilibrándola. Virgilio pasó como una centella a su lado y le cortó la cara con un tajo de su hoz. Aleera giró y clavó su espada en algo gelatinoso, cuando un aguijón le atravesó el muslo como un hierro candente obligándola a doblar la rodilla. Continuó girando y lanzando tajos mientras un centenar de surcos se abrían en su piel. Finalmente, un fuerte impacto en la boca del estómago la derribo.

    Y allí tumbada en el suelo, Aleera viose desarmada y transportada a la biblioteca de una extraña mansión de tiempos pretéritos, donde comenzó a recitar la ominosa voz del poeta:

   -Una vez, al filo de una lúgubre medianoche mientras débil y cansada, en tristes reflexiones embebida, inclinada sobre un viejo y raro libro de olvidada poesía, cabeceando, casi dormida, oyó de súbito un leve golpe, como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de su cuarto.

    -Es –dijo musitando- un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más.

    Un aguijón se materializó desde un ángulo muerto y le abrió un profundo corte en el abdomen.

   -¡Ah! Aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas moribundas reflejadas en el suelo; angustia del deseo de nuevo día; en vano encareciendo a sus libros dieran tregua a su dolor. Dolor por la pérdida de la pequeña Yui, la única, virgen radiante, Yui por los ángeles llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre. Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas llenábala de fantásticos terrores jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de su corazón, vuelve a repetir:

    -Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar. Algún visitante que a deshora a mi cuarto quiere entrar. Eso es todo, y nada más.

    -Ahora su ánimo cobraba bríos, y ya sin titubeos:

  -Señor o señora, en verdad vuestro perdón imploro, más el caso es que, adormilada cuando vinisteis a tocar quedamente, tan quedo vinisteis a llamar, a llamar a la puerta de mi cuarto, que apenas pude creer que os oía.

    Con gran estruendo, las ventanas reventaron llenando el suelo con un manto de cristales que también hendieron la piel de la muchacha.

    -Y entonces abrió de par en par la puerta: Oscuridad, y nada más.

    La puerta de la habitación saltó de su marco, impulsada por el poderoso viento que hizo volar astillas de sus goznes.

   -Escrutando hondo en aquella negrura permaneció largo rato, atónita, temerosa, dudosa, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar. Mas en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra allí proferida era el balbuceo de un nombre:

    -¿Yui?

    -Lo pronunció en un susurro, y el eco le devolvió en un murmullo: ¡Yui!

   Las maderas del techo crujieron y se partieron con gran estrépito sobre su cabeza provocando que la araña que iluminaba la estancia se desprendiera desgajándose al contacto con el suelo.

    -Apenas esto fue, y nada más.

    -Vuelta a mi cuarto, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí, no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.

    La chimenea de ladrillo reventó esparciendo una polvareda roja por la estancia, mientras la silueta del abultado torso del ciempiés se intuía entre los marcos adornados con fragmentos de cristal.

    -Ciertamente, ciertamente algo sucede en la reja de mi ventana. Dejad pues, que vea lo que sucede allí y así penetrar pueda en el misterio. Dejad que mi corazón llegue un momento en silencio, y así penetrar pueda en el misterio.

    -¡Es el viento, y nada más!

   Una antinatural ráfaga de aire derribó a la muchacha a la par que el interior de las paredes crujía con el paso de un cuerpo sinuoso que se desplazaba entre los tabiques haciendo temblar las estanterías y derribando libros de su resguardo.

    -De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró un majestuoso cuervo de los santos días idos. Sin asomo de reverencia, ni un instante quedo; y con aires de gran señor o de gran dama fue a posarse en el busto de Palas, sobre el dintel de mi puerta. Posado, inmóvil, y nada más.

    -Entonces, este pájaro de ébano cambió sus tristes fantasías en una sonrisa con el grave y severo decoro del aspecto de que se revestía.

    -Aún con tu cresta cercenada y mocha, no serás un cobarde, hórrido cuervo vetusto y amenazador. Evadido de la rivera nocturna. ¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!

    -Y el cuervo dijo:

    -Nunca más.

    Maderos del suelo saltaron de sus camas y se clavaron a lo largo del desvencijado techo.

  -Cuánto la asombró que pájaro tan desgarbado pudiera hablar tan claramente; aunque poco significaba su respuesta. Poco pertinente era. Pues no podemos sino concordar en que ningún ser humano ha sido antes bendecido con la visión de  un pájaro posado sobre el dintel de su puerta, pájaro o bestia, posado en el busto esculpido de Palas en el dintel de su puerta con semejante nombre.

    -Nunca más.

    Las estanterías volvieron a traquetear y esta vez se vinieron al suelo por tan impenitente meneo.

    -Mas el cuervo, posado solitario en el sereno busto las palabras pronunció, como virtiendo su alma solo en esas palabras. Nada más dijo entonces; no movió ni una pluma. Y entonces ella dijo, apenas murmurando:

    -Otros amigos se han ido antes; mañana él también me dejará, como me abandonaron mis esperanzas.

    -Y entonces dijo el pájaro:

    -Nunca más.

    El techo de la estancia salió volando por los aires y la oscuridad penetró por la brecha en el firmamento descargando frío y tinieblas.

    -Sobrecogida al romper el silencio tan idóneas palabras, “sin duda –pensó-, sin duda lo que dice es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado a quien desastre impío persiguió, acosó sin dar tregua hasta que su cantinela solo tuvo un sentido, hasta que las endechas de su esperanza llevaron solo esa carga melancólica de `Nunca, nunca más´.”

    -Mas el cuervo arrancó todavía de mis tristes fantasías una sonrisa; acerqué un mullido asiento frente al pájaro, el busto y la puerta; y entonces, hundiéndome en el terciopelo, empecé a enlazar una fantasía con otra, pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño, lo que este torvo, desgarbado, hórrido, flaco y ominoso pájaro de antaño quería decir graznando: “Nunca más”.

    Por sur, este y oeste, las paredes se desprendieron allanando el camino a la cada vez más densa penumbra.

    -En esto cavilaba, sentada, sin pronunciar palabra, frente al ave cuyos ojos, como tizones encendidos, quemaban hasta el fondo de su pecho. Esto y más, sentada, adivinaba, con la cabeza reclinada en el aterciopelado forro del cojín acariciado por la  luz de la luna ¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

    -Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso, perfumado por invisible incensario mecido por serafines cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. ¡Miserable, tu dios te ha concedido, por estos ángeles te ha otorgado una tregua, tregua de nepente de mis recuerdos de Yui! ¡Apura, oh, apura este dulce nepente y hazme olvida a mi ausente Yui!

    -Y el cuervo dijo:

    -Nunca más.

   La sombra del cuerpo del poeta se dibujo retorciéndose y arremolinándose en las tinieblas tras la obcecada muchacha.

    -¡Profeta, cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador, o arrojado por la tempestad a este refugio asolado e impávido, a esta desértica tierra encantada, a este hogar hechizado por el horror! Profeta, dime, en verdad te lo imploro, ¿hay, dime, hay bálsamo en Avalon? ¡Dime, dime, te imploro! ¡Profeta, cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio! ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, ese Dios que adoramos tú y yo, dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén tendrá en sus brazos a una santa doncella llamada por los ángeles Yui, tendrá entre sus brazos a una rara y radiante virgen llamada por los ángeles Yui!

    -Y el cuervo dijo:

    -Nunca más.

    Todo se desvaneció. Tan solo pervivieron la muchacha y el diabólico cuervo en su apoyo.

   -¡Sea esa palabra nuestra señal de partida pájaro o espíritu maligno!le gritó presuntuosa-. ¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica. No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira que profirió tu espíritu! Deja mi soledad intacta. Abandona el busto del dintel de mi puerta. Aparta tu pico de mi corazón y tu figura del dintel de mi puerta.

    -Y el cuervo dijo:

    -Nunca más.

    El busto de Palas reventó en mil pedazos liberando a Virgilio y provocando que el cuervo saliera volando. El poeta derribó a la chica dejándola tendida en el suelo sin aliento, catatónica.

    -Y el cuervo nunca emprendió el vuelo. Aún sigue posado, aún sigue posado en el pálido busto de Palas en el dintel de la puerta de su cuarto. Y sus ojos tienen  la apariencia de los de un demonio que está soñando. Y la luz de la luna que sobre él se derrama tiende en el suelo su sombra. Y su alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse…

    -Nunca más –terminó de recitar la voz de Mina mientras el brillo carmesí de sus iris cortaba la oscuridad.

    Una decena de rapidísimos destellos surco el deformado cuerpo de la criatura-poeta, que un segundo más tarde se deshizo cortada en pedacitos. Y tan solo quedó el graznido del cuervo que con grácil vuelo se posó en el hombro de Mina Harker, que miró sonriente a la desorientada cazavampiros.

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[Pista de audio: Dreaming wide awake – Poets of the Fall.]

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