Vlad Hunters 2. Cap 8 por Sergio Pazos.

Checkpoint 8:  Sopa de piedras        

                                        

-Aleera, he estado valorando la situación de Virgilio.

    -¿Sí?

    -Analizando la memoria de la primera Daisy, he llegado a la conclusión de que tenía una ideología bastante feminista.

    -Cierto. Daisy era un poco antisistema y tenía tendencia a preocuparse por la situación de los más desfavorecidos.

    -A ella no le habría gustado este enemigo.

    -No sé, supongo que se hubiese sentido contrariada.

    -¿Contrariada?

   Hai. Creo que ante todo, Daisy hubiese sido capaz de empatizar con él.

    -¿Cómo vas a empatizar con semejante monstruo?

    -Humm… ¿Has visto alguna vez Saber Marionette?

    -No. ¿Qué es eso?

    -Es un anime de finales del siglo XX. El argumento es un tanto complejo. En un futuro lejano, la Tierra está a punto de colapsar y su única esperanza es una nave que parte en busca de un nuevo planeta que colonizar. Sin embargo, a su llegada el vehículo sufre “problemas” y solo sobreviven un grupo de tripulantes masculinos. La antigua humanidad desaparece sin nadie que la salve y ellos se quedan solos, así que comienzan a reproducirse por clonación y crean un nuevo mundo. Con el tiempo, llegan a fabricar androides, los dotan de forma femenina y las llaman marionetas.

    -Eso suena realmente complicado.

    Yeah, y eso que te lo he resumido en versión Dummy.

    -Así que, un futuro dónde las mujeres no existen y han creado drones para sustituirlas. ¿No es un poco machista?

    -No, para nada. Más bien al contrario. A eso me refería. En realidad, es una historia muy conmovedora porque habla de la soledad de las personas y la incesante búsqueda por crear lazos, dónde se realza de forma constante la importancia de la diversidad y como el mundo es insostenible sin esta, ya que incluso esos sucedáneos de mujeres se vuelven fundamentales para que la sociedad no se derrumbe. Lo que quiero decir, es que las cosas no son siempre tan oscuras como parece, a veces hace falta ahondar más en el contexto y a la par tomar perspectiva de la situación.

    -¿Estás defendiendo a Virgilio?

    -No, pero creo que merece nuestra comprensión.

    -¿Aunque vayamos a matarlo?

   -Sobre todo si vamos a matarlo. Eso es algo que valoraba mucho en la anterior Daisy. No odiaba a nadie de forma innata, sino que aprendía a hacerlo. Cuando se cruzaba con alguien que le provocaba rechazo, se acercaba a ese alguien más que a nadie, indagaba en su persona hasta descubrir quién era realmente y porque funcionaba así. Y solo entonces se permitía el lujo de odiarlo.

                                                             ♥♥♥

Mary llegó a una nueva sala de la que no supo calcular sus dimensiones, ya que todo era de un blanco nuclear que impedía distinguir límites. Oscureció su visor para que los potentes reflejos no le molestasen los ojos. Tras andar un rato, llegó a una zona dónde había dos filas de pedestales en paralelo con estatuas de morlocks en ellas. Le sorprendió lo conseguidas que estaban, ya que a simple vista parecían totalmente reales y se acercó a examinar una. Todo asemejaba haber sido tallado hasta el más mínimo detalle, hasta el tipo de material del que estaban hechas parecía recrear a la perfección el color y la textura de su piel lechosa. Sin poder reprimir el impulso, alargó la mano para tocar una y se sorprendió a sí misma al notar que estaba blando.

    -¡Me cago en la puta!

    -Agente Mary, ¿qué ocurre?

    -No son estatuas, ¡están petrificados!

   Instintivamente, se giró desenvainando su espada consiguiendo rechazar el zarpazo de la mujer de las rastas. La vampiresa adoptó una postura de combate flexionando las rodillas y separando mucho los dedos dejando listas sus garras emponzoñadas, mientras siseaba con su lengua bífida.

    -Maldita, casi me pillas otra vez. Tú y yo, tenemos un asunto pendiente.

    -Hu, hu… No lo nieguesss… He visto como te quedabas pasmada con mis obras, perpleja ante su belleza. Tal vez, al haber sido una de ellas tengas una perspectiva más clara de su grandiosidad.

    -¿Grandiosidad? Eres una chiflada.

    -Sahhhh…

    -Agente Mary, esta mujer es Calíope Onassis, de la antigua Grecia. Renacida en 2070, es una implacable asesina que deja un rastro de cadáveres allá por dónde pasa. Se jacta de sus crímenes y quiere que todo el mundo los contemple con admiración.

    -Las esculturas… Siempre han sido mi pasión. La forma de arte definitiva. Inamovibles, imperecederas, nada iguala su majestuosidad. Puedes atrapar en ellas todas las emociones y perpetuarlas, sobre todo la agonía, la desesperación y el sufrimiento, las más eternas de todas las sensaciones. Pasarán los milenios, se desencadenarán catástrofes, caerán los imperios y las estatuas seguirán ahí, cómo un recordatorio de nuestro pasado que nos persigue allá dónde vallamos sin ni siquiera tener que moverse del sitio. Pero no es suficiente… Hace falta algo más para trascender las facultades de lo natural.

    -¿Algo más?

   -Alma. Ninguna obra está completa sin ella. Sin alma una estatua no es más que un bloque de piedra, por muy bien tallado que esté jamás cumplirá su función, pero con ella… El alma puede dotar de vida propia incluso a la fría piedra.

    -¿Por eso petrificas a la gente?

    -Eso es. Uso el material idóneo para capturar la vida; carne y huesos. No soy una escultora al uso, no moldeo la roca sin más; yo capturo el alma. Y aunque por fuera el material siga siendo un amasijo inerte, por dentro está rebosante de sufrimiento, una vorágine de agonía y desesperación. Conscientes, con su organismo a pleno rendimiento, pero sin poder hacer nada para atender sus afilados chillidos de auxilio, ella los va consumiendo, poco a poco, desde lo más hondo de sus entrañas los devora por dentro.

    -¿De qué hablas?

   -Hablo de mi primera amiga inseparable, mi única compañera de fatigas en mi azarosa infancia. Cuando me seguía a todas partes como una sanguijuela y para olvidarme de que la tenía pegada me refugiaba en los monumentos de la antigüedad. Pero ahora, ahora yo la controlo y la uso para potenciar mi arte hasta el límite. Y ahí entras tú. Contigo puedo crear algo especial, lo supe en cuanto te vi. Esta vez te administraré una sobredosis y quedarás paralizada para toda la eternidad, encerrada en tu crisálida, pequeña mariposa.

    -¿Quién eres tú?

  -Soy el recipiente que nunca se ha de llenar, la inalcanzable meta que siempre se burla frente a nuestros ojos, la debilidad que sacude toda vida y la despoja de su misma esencia. Soy la Medusa que aguarda impaciente para consumar su oportunidad. Soy Hambre.

    Desde el cuello de la armadura se desplegó una máscara que le cubrió el rostro. Era totalmente inexpresiva y tenía dos filas paralelas, aunque a distinto nivel, de tres ojos completamente rojos surcados y unidos por una línea. La vampiresa esquivó un primer mandoble de Mary doblándose en un ángulo imposible y la atacó con una serie de rápidos zarpazos. La chica centró toda su energía en bloquear las velocísimas acometidas de la criatura que cada vez se volvían más difíciles de contener. Una pequeña lluvia de chispas se desató cuando las garras metálicas arañaron la placa pectoral de su ciberarmadura y la cazavampiros, viendo que su enemiga se le echaba encima, liberó su aura para alejarla. Encontró un hueco que podía aprovechar para ganar terreno y justo cuando iba a sacar ventaja, la luminosidad de la sala se disparó y Hambre se fundió con el inmaculado blanco.

    -¡Joder!

   Marishka se cubrió unos segundos el rostro con los brazos para evitar quedarse ciega y a continuación giró sobre sí misma buscando el ángulo de ataque de su rival que liberando su propia aura se lanzó a por ella desde un punto ciego. La Vlad Hunter consiguió bloquear sus dos zarpas a escasos centímetros de su rostro y las dos forcejearon unos instantes mientras el veneno se deslizaba por el filo de la Muramasa.

    -Mírame a los ojos.

    Los ojos ciegos de Calíope desplegaron sus brillantes haces rojos de escaneo cegando a Mary momentáneamente. Para evitar que la enemiga sacase partido de la distracción, lanzó una patada al aire y cuando su pie impactó contra algo solido hizo fuerza hacia atrás para alejarse. Volvió a adoptar su posición de combate y desafío a su rival que estaba apoyada en el suelo con pies y manos, mirándola como una depredadora.

    -Sahhhh… Te prefería de una pieza, pero siempre estoy a tiempo de recomponerte.

    Sus rastas cobraron vida y ondearon sobre su cabeza como si fueran serpientes. De la punta de una de ellas surgió un haz rojo que hizo un corte limpio en el antebrazo de la armadura de la cazavampiros. Todas las rastas se convulsionaron como si hubiesen olido la sangre y comenzaron a disparar láseres en todas direcciones para descuartizarla. Mary abandonó definitivamente la idea de atacar y centro toda su atención en esquivar las luces rojas que amenazaban con trocearla. Se movió adoptando forzadísimas posturas con las que creyó que se partiría ella misma en dos sin necesidad de que los láseres la ayudasen y cuando ya creía que no podía más, un nuevo flash hizo desaparecer a Hambre.

    -Agente Mary, hay un intervalo regular entre los flashes.

    -Lo he notado.

    -Tenga cuidado, un solo golpe y la habrá vencido.

    -No se lo cree ni ella.

    Retrocedió de un salto evitando las líneas rojas que iban hacia ella, esta vez bien coordinadas, por lo que tuvo que maniobrar para seguir evadiendo el ataque. Se refugió tras uno de los pedestales y en cuestión de segundos, este y el morlock al que sostenía acabaron hechos trizas. La chica saltó por encima de los restos al tiempo que Calíope se abalanzaba sobre ella. Se arriesgó a girar en el aire dejando que las garras le arañasen el antebrazo de la armadura y gracias a ello tuvo las manos libres para lanzar un tajo que le cortó la mano izquierda a su enemiga. Esta se alejó con un chillido mientras el miembro comenzaba a regenerarse. Mary trató de aproximarse de nuevo, pero los láseres de las rastas la obligaron a alejarse y un nuevo flash interrumpió la lucha. Sin ni siquiera pensárselo, la Vlad Hunter rodó por el suelo hacia su punto ciego evitando un nuevo zarpazo de Hambre. Nada más hincar la rodilla en el suelo giró trescientos sesenta grados abriéndole el estómago con la katana, al tiempo que recuperaba la mano cortada del suelo y terminó la vuelta hundiéndosela en las tripas antes de que se cerrase la herida. La vampiresa trató de contraatacar, pero para entonces ya no podía moverse. Plegó la máscara y ambas se miraron mutuamente durante unos segundos.

    -Te dije que me las pagarías.

   -Maldita sea tu suerte. ¿Crees que has conseguido algo con esto? Aún no me has demostrado lo que vales. Venga, asesta el golpe de gracia. ¡Sahhhh!

    Marishka hizo acopio de fuerzas preparándose para decapitarla, alzó la katana y… la envainó. Le dedicó una efímera sonrisa de superioridad a su enemiga derrotada y se dio la vuelta para alejarse lentamente.

    -¡Ja, ja, ja, ja, ja! Idiota. ¿Lo ves? No tienes lo que hay que tener. Siempre serás una triste larva que se retuerce en el interior de su capullo incapaz de romperlo. Solo serán unas horas, la toxina desaparecerá de mi organismo e iré a por ti. ¡Me oyes! No existe lugar en La Tierra dónde puedas esconderte. ¡No puedes matarme!

    -Tal vez yo no, pero ellos sí.

    Uno de los morlocks giró la cabeza al notar como los efectos del veneno se desvanecían. Poco a poco, todas y cada una de las estatuas fueron recobrando la movilidad y bajando de sus pedestales mientras olfateaban el aire en busca de la presa que los había retenido tanto tiempo.

    -¡No, espera! No puedes dejarme así. ¡Mátame! Vamos, me lo debes. ¡Nooooooo!

   Los chillidos de agonía de Calíope mientras sus obras la devoraban viva fue lo último que Mary escuchó mientras abandonaba la sala.

                                                          ♥♥♥

-Eh, eh. Aleera, Aleera.

    -¿Qué pasa Mary?

    -¿Sabes qué?, ¿sabes qué? Acabo de vencer a la tía de las rastas.

    -Ey, eso es fantástico. ¿Estás bien? Te noto un poco acelerada.

    -Sí, sí. Es que tengo la adrenalina por las nubes. Me va a petar la patata.

    -Respira, respira.

    -Vale, vale. … … . Ya está.

    -¿Te sientes mejor?

    -Sí. Nunca me había pasado esto tras una pelea. No sé… Ha sido… ¡Emocionante! Estoy que me salgo. ¿Es normal que te pongas así de eufórica tras un combate?

    -Bueno, creo que este a sido un combate especial para ti.

    -¿Lo cualo?

    -No te has enfrentado a este enemigo de la misma forma que lo has hecho con los demás, ¿cierto?

    -No sé si te entiendo.

    -Mary, deja que te haga una pregunta. ¿Por qué luchas?

    -¿Por qué? No lo sé… Es lo que me han dicho que debo hacer. Es lo correcto, ¿no?

   -No. Mary, la lucha no es un fin en sí mismo, sino un medio, último y extremo. Por eso es importante implicarte emocionalmente en una batalla, es la única forma de entender el sacrificio que estáis llevando a cabo tú y tu oponente. Ante todo, un combate no es un acto de introspección, una oportunidad de oro para conocerte mejor a ti misma. Antes que a tu rival, te enfrentas a tus propios miedos y limitaciones.

     -Eso no me lo habían dicho.

    -Nadie puede decirte que hacer con tu vida, ni mucho menos exigirte que la arriesgues por una causa que no es la tuya. Tienes que pararte a respirar un momento, pensar en que es lo importante para ti y enfocar en ello tus energías.

    -Es que… No sé. Esos tipos de la Vlad Hunter me cogieron y me dijeron que tenía que luchar, que todo dependía de mí y… bueno… Son mucho más listos que yo. Intento hacer lo correcto.

    -Hay tantas opciones correctas como personas hay en el mundo. Lo entiendo; a mí me hicieron lo mismo, pero al final no puedes inmolarte en una batalla que no es la tuya. La Vlad Hunter me dio una ideología y una causa por la que pelear, y aunque pueda ser justa me di cuenta de que no era la mía. Ahora sigo combatiendo junto a ellos, pero lo hago por mis propios objetivos. ¿Cuáles son tus metas Mary?

    -… Uhm… No lo sé. Creo que nunca he hecho nada por mí misma. Yo no soy muy lista y no se me da bien pensar. Solo quería encajar.

    -Siempre has encajado, solo necesitabas que alguien se diera cuenta.

    Aleera e Yvy siguieron su camino por los lúgubres pasillos de hiperbórea. La cazavampiros no podía evitar desviar la mirada cada poco tiempo para observar a su compañera. Ella estaba siempre en silencio, con la cabeza gacha y la mirada perdida. Si pudiera sacarla de su ensimismamiento aunque solo fuera un segundo…

    -Ey, Yvy.

    -¿Sí?

    -… Uhm. ¿Cómo es eso de ser modelo?

    -¿Y ese súbito interés por las pasarelas?

    -Oh… No… es que… Bueno. Tengo curiosidad. O sea… Siempre las estamos viendo, por todas partes. Están en la tele, en las revistas, en los holocarteles de cada esquina…, pero yo nunca había conocido a una. Y me preguntaba cómo sería ese trabajo.

   -Pues… Es un trabajo curioso. Tiene cosas muy chulas. La gente te presta atención, viajas por el mundo, conoces personas interesantes y te regalan ropa bonita.

    -Guau. Yo no podría concentrarme en el trabajo rodeada de tantas chicas guapas.

    -Te acabas acostumbrando. Al principio ni siquiera tienes tiempo de darte cuenta, porque todo va muy deprisa y estás supernerviosa, así que no te fijas mucho.

    -Imagino que tendrías muchos amigos.

    -No… la verdad es que la mayoría de mis compañeras no me hacían mucho caso.

   -¿Por qué?

   -No sé… A ellas les gustaba ir de fiesta y hablar de chicos. A mí no me interesaban esas cosas.

   -¿No te gusta salir de fiesta?

    -No. Los sitios con mucho ruido y mucha gente me agobian bastante. Curioso, teniendo en cuenta que me dedicaba a desfilar ante cientos de periodistas. Supongo que no soy muy sociable.

    Aleera la agarró del brazo y la cogió de la mano.

    -Pues yo ni siquiera sé maquillarme.

    -¿No?

    -Que va. Nunca me he arreglado en serio. Tampoco se andar con tacones.

    -Es más fácil caminar por el techo.

    -Je…

    -De todas formas creo que a ti no te gustaría mucho ese trabajo. Te miran raro si comes ketchup.

    -¡¿Nani?! ¿Cómo puede existir una profesión donde no veas con buenos ojos que comas ketchup? ¡Eso es inhumano!

    Sin darse cuenta, apretó su mano más de lo debido y sus ojos ciegos emitieron un peculiar sonido. Las dos los miraron extrañadas y se dieron cuenta de algo peculiar. El brillo del ojo ciego de la mano derecha de Aleera se había vuelto amarillo mientras que el de la mano izquierda de Yvy se había vuelto naranja.

    -Oh. ¿Qué ha pasado?

   -No lo sé. Qué extraño. Cada ojo ciego suele tener un color característico que viene dado por su configuración. Algo así como la marca del fabricante. Es como si los nuestros se hubiesen enlazado.

    Se ruborizó al darse cuenta de lo que acababa de decir. Cerró el puño, lo agarró con su mano libre y se lo pegó al pecho.

    -Es… es mejor que sigamos –propuso Yvy tímidamente-. Sabes, una vez hice una película –confesó al cabo de un rato.

    -¿Really?

    -Sí. No fue nada serio. Buscaban a una chica linda para un papel pequeño y me escogieron.

    -Qué guay. ¿Y cómo fue?

   -Fue increíble. Hacía de una indigente sordomuda con síndrome de Asperger. Solo salía tres minutos y no tenía ninguna frase, pero para mí fue algo muy especial. Poder meterme en la piel de otra persona y ser ella durante un rato… Es algo maravilloso. Quería seguir haciéndolo, pero… Bueno. Justo entonces todo cambió.

    -Fue cuando empezó la Guerra V.

    -Sí.

    -Tal vez deberías volver a intentarlo, lo de ser actriz. Se te da muy bien y es obvio que te gusta.

    -¿Qué? No… No sé. Yo no valgo para eso, no podría. Además… Ni siquiera podría rodar durante el día.

    -No pasa nada. Hay un montón de pelis chulas que tienen lugar durante la noche. Como Collateral de Michael Mann, o Un cadáver a los postres con Truman Capote.

    -Yo… No sé. No creo que pudiera aportar nada. Hay tantos buenos intérpretes.

    -Yo creo que tienes muchas cosas que ofrecer. Y sería muy cruel privar al mundo de un rostro tan dulce.

                                                                ♦♦♦

-Mary, ese último combate me ha dejado taquicárdica.

    -¿Estabas preocupada?

    -Sí. Esa enemiga se las temía. Y después de lo que te hizo… bueno, pensé que a lo mejor…

    -¿Creíste que me daría otro ataque de pánico?

   Hai. Siento haber desconfiado.

    -No. Para serte sincera yo también pensé que me daría algo, pero al final lo controlé sin problemas.

    -¿Cómo lo hiciste?

    -No estoy segura. La verdad es que le tenía muchas ganas a esa tipa después de lo que me hizo. Quería pararle los pies y eso era lo único en lo que pensaba. Puede que por eso no tuviera tiempo para venirme abajo. Todo mi cerebro estaba centrado en un único objetivo y no había espacio para las dudas. Creo que empiezo a entender lo que Aleera me dijo sobre las motivaciones. Por cierto, Daisy…

    -¿Necesita una explicación sobre el discurso de Calíope?

    -¡¿Cómo lo has sabido?!

    -Una narrativa predecible, supongo. Por lo poco que ha explicado, puedo especular que hacía referencia al dilatado periodo de depresión económica que Grecia sufrió durante el siglo XXI.

    -¿Depresión económica? ¿Las caras de los billetes estaban tristes?

    -No. Es un periodo de recesión en el cual la estabilidad económica de una zona se va a pique. Tras el Crack del 2008, la economía de muchos países se desplomó y se hundió en la miseria. Grecia fue uno de los que peor lo pasó y las sucesivas Crisis Energética y Guerra V no hicieron más que agravar el problema. Podríamos decir que durante el siglo XXI los griegos eran unos muertos de hambre.

    -¿Pero ahora están bien, no?

   Hai. La Grecia japónica actual es uno de los destinos turísticos más concurridos de todo el Imperio.

    -Menos mal. ¿Cómo es que a nadie se le ocurrió ayudarles antes?

   Well, en el siglo XXI la situación económica estaba bajo el control de unas hórridas criaturas que sangraban sin escrúpulos a la gente hasta dejarlas sin nada.

    -¿Vampiros?

    -Peor, banqueros.

                                                      ♣♣♣

-Conejo, ¿podemos hablar?

    -Claro, ¿qué pasa?

    -Tengo que hacerte una pregunta muy importante.

   Shoot.

    -¿Tú por qué luchas?

    -¿Por qué lucho?

    -Sí, ya sabes. ¿Por qué te metiste en todo esto? ¿Qué te impulsa a arriesgar tu vida en estas misiones?

   -Hum… Es una buena pregunta. Yo… Quiero proteger a los demás. Ahí afuera hay un montón de peligros que amenazan su seguridad y… bueno… Alguien debe hacerles frente.

    -Jo… Eso está muy bien. Y tú Steven, ¿por qué luchas?

    -¿Bromeas? ¡Me pagan por reventar cosas!

    -Ains… No sé por qué te pregunto nada.

    -¿A que viene ese repentino interés por las motivaciones del grupo?

    -He estado hablando con Aleera y estoy aprendiendo un montón de cosas de mí misma que no sabía.

   -¿Cómo dónde tienes el bazo?

    -¡No! Cosas serias de esas que los protagonistas de una película de bajo presupuesto recitan a modo de soliloquio final y conclusión absoluta a su soporífero viaje emocional.

    -Oh… La clase de cosas con las que uno empieza su biografía.

    -Algo así. Creo que estoy creciendo como persona.

    -Pues que te sea leve.

    -Hu.

    Roger y Steven llegaron a una pequeña cámara dónde se encontraron bloqueados de forma inesperada.

    -Mierda. La compuerta de oricalco no se abre.

    -Se le habrá roto el escáner o algo.

    -¿Y ahora qué?

   -Tendremos que dar media vuelta y encontrar otro camino. Porras, mi teoría de los programadores majos acaba de irse al cuerno.

    -Tal vez no… Fíjate en eso.

   Roger miró atentamente el suelo de la estancia. Al igual que el de otras muchas salas estaba compuesto por baldosas de oricalco, pero en el centro de la habitación había un grupo formando un cuadrado que tenía varias líneas de marfil de diferentes formas grabadas en su superficie. Ninguna parecía coincidir con la inmediatamente posterior y faltaba una baldosa.

    -¿Qué es?

    -Diría que es un rompecabezas.

    -¿En serio? Tío, no sabes cómo me fastidia que pongan puzzles en medio de un juego de tiros. Te corta el rollo cosa fina.

    Roger comenzó a mover las baldosas de una en una buscando los patrones del marfil.

    -Es cómo si te meten una prueba ortográfica en medio de un decatlón. Sí, le da variedad al asunto, pero tú has ido ahí a descargar adrenalina no a estrujarte los sesos. Estos pastiches se me atragantan un poco. Además, podrías llegar a quedarte bloqueado y no poder avanzar.

    -Listo.

    Roger había acabado de completar una figura abstracta con las baldosas y la compuerta se abrió a su espalda.

    -Tío, lo has hecho. Y ni siquiera has tenido que consultar una guía en internet. Acojonante.

    -Me alegra ser útil.

    -Lo dices cómo si nunca lo hubieras sido.

    -Supongo qué últimamente me siento un poco desplazado.

    -¿Y eso?

    -Puede que sea por lo que Mary me preguntó antes, lo de las motivaciones. Después de darle unas cuantas vueltas me he dado cuenta de que tal vez no haga justicia a mi respuesta.

    -¿A qué te refieres?

    -A qué no tengo nada claro que puedo aportar a todo esto. O sea… Cuando empecé en esto de veras que me motivaba. Proteger a la gente de los peligros que acechan en la oscuridad. Creo que es algo realmente bueno, ¿sabes? Aunque para serte sincero ni siquiera fue decisión mía formar parte de esto. Soy el menor de cinco hermanos, todos médicos o abogados, y mis padres nunca planearon que yo naciera. Supongo que siempre me consideraron una carga, así que se libraron de mí en cuanto pudieron mandándome a esa escuela militar secreta para ver si ellos podían sacar algún provecho de los despojos. Con todo me lo tomé en serio y trabajé muy duro, pero desde que he empezado a combatir me he dado cuenta de lo tremendamente insignificante que soy. Veo a tías cómo Mary y Aleera haciendo las cosas tan alucinantes que hacen y los peligros a los que se enfrentan y pienso; demonios, yo no habría pasado del primer nivel. Incluso tú, sin superpoderes, eres una puta máquina de matar. Y Dhara es cómo MacGyver y Daisy una Wikipedia con patas… ¿Qué aporto yo? Me siento como si estuviera de más.

    -Es cierto, no eres bueno en nada. ¿Pero sabes que es lo guay de no ser bueno en nada? ¡Que eres mediocre en un montón de cosas!

    -No lo pillo.

   -Eres el chico para todo Roger. Lo mismo arreglas un roto que un descosido. Cómo con ese puzle. Yo me habría muerto de hambre si no llegas a resolverlo.

    -No es para tanto.

    -En serio. Eso es lo que mola de ti Roger. Siempre que alguien necesita un apoyo, ahí estás tú. Como el comodín en la baraja de cartas. Al principio lo ves y piensas; ¿qué leches pinta este payaso en medio de las demás cartas? Sin número, ni palo… Pero cuando todo falla nadie duda en recurrir al comodín. Las barajas no serían lo mismo sin ellos. No todo el mundo tiene vocación de puto amo.

    -Gracias Steven.

    -No hay de qué. Creo que todo el mundo se siente como tú, al menos de vez en cuando. Esa fase de “no sé que coño hacer con mi vida”. La clave del asunto, como de casi todo, es no pensarlo demasiado.

    -¿A ti también te paso?

   Yeah. Durante mucho tiempo estuve perdido, sin hacer nada que se pudiera considerar muy productivo. Cómo estoy que crujo siempre he tenido que sacarme a las tías de encima y al ser hijo único y estar mis padres forrados nunca me faltaba pasta. Me pasaba el día de fiesta, tirándome a todo lo que llevase minifalda y escuchando música de Avril Lavigne y Simple Plan.

    -¿Qué es eso?

    -Un grupo canadiense supercañero que cantaba sobre los problemas de los adolescentes. Supongo que por eso me siento tan identificado con sus letras.

    -Si tienes 34 tacos.

    -Solo de puertas para fuera. Aquí dentro sigo teniendo 15 años –dijo dándose golpecitos en la sien.

    -¡Steven, eso es una enfermedad mental!

    -Que va a ser una enfermedad mental.

    -¡Sí! Se llama interrupción del desarrollo emocional.

   -… No jodas. En fin. El caso es que los adultos suelen ponerse muy pesados con eso de crecer y adaptarse a sus normas, porque reflejan sus propios miedos e inseguridades en los chavales que son los más débiles e influenciables y camuflan esas perradas con palabrejas rebuscadas como “idiosincrasia” o “madurar” (ni que fuéramos frutas). Pero al final son tanto o más rayados mentales que los chavales con los que tanto les gusta meterse. No te molestes en hacerles caso. Esa fase de duda es lo que te convierte en adulto, buscar tu propio camino. Como te dije, un día me cansé de mi vida de playboy y se me dio por probar otras cosas. ¿Sabes por qué conocía tan bien el caso de Mary y de los Vlad Hunter que ingresan en la agencia de mayores? Porque es lo que me pasó a mí. Soy el tío más mayor que ha hecho las pruebas de ingreso, y tengo el record histórico con el que los instructores aún siguen alucinando. Allí aún me conocen como el Steve Master.

   What?! ¿Tú eres el Steve Master del que todos los cadetes hablan? ¡Eres el puto amo de los heatshots!

   -Sí, lo sé. Resultó que tantos años matando canis en el multi del Call os Dutty habían servido para algo. Y mírame ahora. Vale, no me da miedo reconocerlo: soy un analfabeto funcional. En serio, no sé ni agacharme sin que el tutorial me diga cómo hacerlo, pero dame un arma y un objetivo semiesférico y soy un tío feliz y deconstructivo. En fin que… No sé… Tú no te rayes. O algo así. A mí no se me dan muy allá las moralejas, eso es más para Aleera.

    -Creo que te capto.

    -A veces me sorprendo a mí mismo.

    -Por cierto, ¿de dónde te viene el apodo de Steve Master?

    -¿Estás de coña? Es una referencia a American Pie.

    -¿Es una peli? No la he visto.

  -Macho, tienes que verla. Es algo así como la mejor peli de la historia. Nadie ha conseguido realizar jamás una radiografía tan precisa de la inescrutable mente masculina.

    -Ains…

                                                ♥♥♥

Aleera e Yvy llegaron a una nueva sala de forma cúbica, que por unos instantes las hizo pensar que habían sido abducidas por una nave alienígena mientras la compuerta se cerraba concéntricamente tras ellas. Exceptuando la pared del fondo que era una lámina de cristal; las otras tres, el techo y el suelo tenían un aspecto extrañísimo. Estaba compuesta por miles, o tal vez decenas de miles de pequeños cubos de marfil y oricalco que se agrupaban formando olas que surcaban las superficies volviéndolas tridimensionales. Cada ola era de un color, con pequeñas piezas del otro que apenas alteraban el conjunto. Incrustados en estas imposibles superficies, había decenas de relojes de diferentes tamaños muchos de los cuales se torcían y deformaban para adaptarse a las dislocadas superficies, pero todos ellos marcaban exactamente la misma hora y avanzaban conjuntados determinando el tiempo con un tic-tac ensordecedor. Frente a ellas, había una sencilla mesa de cuatro patas con la mitad más próxima a las invitadas hecha de marfil y la más alejada de oricalco. Dos sillas para acompañarla, nuevamente la más próxima a las recién llegadas de marfil y la más alejada de oricalco. Y en esta última, se sentaba un individuo no menos extraño que la sala. Llevaba el rostro cubierto por una máscara partida al medio. El lado derecho era medio sol hecho de oro, mientras que el izquierdo era media luna hecha de plata, ambas con varios ojos de cristal incrustados, de diferentes tamaños y colores. Solo dejaban al descubierto la boca del individuo, con una piel completamente blanca y unos colmillos afilados y negros. Vestía un traje elegante también partido a la mitad, estando las dos partes compuestas por centenares de rombos, teniendo el lado derecho predominancia de blanco y el izquierdo de negro. Tenía los codos apoyados en la mesa y reposaba la barbilla sobre las manos cruzadas, manos también blancas con unas largas uñas de ébano. Frente a él, en el centro exacto de la mesa, había un tablero de ajedrez con piezas de oricalco y marfil.

    -Bienvenidas…

    -Me estoy mareando.

    -¿Qué es todo esto?

    -Me alegra que al fin hayáis llegado hasta mí. Os esperaba con impaciencia.

    -¿Nos esperabas? ¿Para qué?

    -Para jugar, por supuesto.

    -¿Quieres jugar al ajedrez?

  -No. El juego solo es un medio para alcanzar un fin. De lo que de verdad preciso, es de un copiloto capaz de acompañarme en el viaje que se inicia con cada partida. Un ser de aptitudes excepcionales.

    -Nosotras solo queremos pasar. Andamos algo justas de tiempo.

    -Ya veo. Sin duda tú eres la simple de las dos. Posees una mente común, adormecida y latente a sabiendas. Pero tú… -dijo refiriéndose a Yvy-. Tú eres diferente. Sí… Tu mente no es como las de los demás. Posees una inteligencia poco frecuente, algo anormal. Sí, podrías ser tú. Juega conmigo.

    -Lo sentimos, pero ahora no podemos. No tenemos tiempo.

    -Tiempo… Comprendo.

    Una trampilla se abrió en el suelo y se tragó a Aleera. Yvy no reaccionó lo suficientemente deprisa y sus manos solo hallaron suelo sólido al buscar a las de su compañera.

    -¡¿Qué has hecho?! –le gritó al extraño llevando la mano a la empuñadura de uno de sus látigos.

    -Tiempo…

    El hombre sacó un reloj del bolsillo del pecho del traje; dorado, con grabados en plata y con cadena. Aleera cayó tras la mampara de cristal en lo que aparentemente era una sala paralela oscura y vacía sin más salida que la ya cerrada trampilla. De dos rejillas que había en las paredes laterales situadas a escasa altura del techo, comenzó a salir agua en gran cantidad.

    -¡La vas a ahogar!

    -Yo no. El agua, tal vez.

    -Sácala de ahí.

    -No puedo, proceso automatizado. Dos flujos de agua de caudal constante en una sala sellada con capacidad de tres mil metros cúbicos. En quince minutos, la chica dejará de respirar. Simples matemáticas.

    -¿Cómo la saco?

    El hombre dejó el reloj sobre la mesa y le tendió una mano.

    -Juega.

    -¿Qué juegue? ¿Vas a jugarte la vida de una persona?

    -Tic-tac, tic-tac. Yo no abro la puerta, el tablero sí. Gáname y ganarás la vida de tu amiga.

    Yvy apretó los labios contrariada. El agua cubría a Aleera hasta los tobillos y seguía subiendo. La cazavampiros golpeó con los puños el cristal sin causar el menor efecto. Gritaba algo, pero no se oía absolutamente nada, pues la pecera estaba insonorizada.

    -Yvonne.

    -Daisy.

    -Por favor, tienes que jugar.

    -Daisy…

    -Sé que no me he portado bien contigo y que no tengo derecho a pedirte nada, pero por favor salva a Aleera. Eres la única que puede. Te necesitamos.

    -Sí. Yvy tú la quieres, sé que es así. No sé que trama ese tipo, pero tienes que intentar lo imposible para salvarla.

    La vampiresa se sentó en la silla de marfil. El hombre guardó el reloj de bolsillo y sonrió ampliamente.

    -Al fin… Llevo 10.000 años esperando este momento, aguardando por un rival digno de mí. Blancas mueven primero.

    -¿Quién eres?

    -Soy la constante, la idea persistente que todo puede doblegar. Soy creación y destrucción, el amanecer y anochecer de las ideas; la luz al final del túnel y la sombra en la más luminosa mañana. Soy La Mente. Soy Z.

    Yvy movió dos casillas uno de sus peones blancos. Z sonrió hasta que sus labios se agrietaron y sin vacilar movió uno de sus propios peones. Sacó de nuevo el reloj de bolsillo y lo miró.

    -Tiempo.

    -Yvy, dime que sabes jugar al ajedrez.

    -Sí.

    -¿Pero se te da bien?

    -Tengo la puntuación máxima de ELO.

    -¿ELO?

    -El ELO es un sistema matemático usado para medir la habilidad relativa de los jugadores de ajedrez. La puntuación máxima es de 3000, aunque hasta hace unas décadas solo era un límite teórico, ya que nadie había alcanzado semejantes puntuaciones.

    -¿En serio?

    –Hai. Durante mucho tiempo la máxima puntuación de ELO perteneció a Bobby Fischer, el niño prodigio del ajedrez que con tan solo 13 años era capaz de desafiar a los campeones del mundo.

    -¡Qué crack!

    -¿Tú no deberías saber todas estas cosas? ¡El ajedrez es un invento de los indios!

    -Ahm… Yo es que soy más del dominó. Entonces, Yvy tiene una puntuación superior a la de ese crío. ¿Eso es posible?

    -Soy superdotada, suelo salirme de todas las gráficas.

    La chica movió de nuevo y su rival respondió cerrando el reloj y ejecutando un movimiento sin ni siquiera pararse a pensar. Yvy lo miró sorprendida por la irreflexiva velocidad que su jugada parecía mostrar, pero el hombre ya volvía a mirar el dichoso reloj aguardando el próximo movimiento del rival. Mientras el agua de la sala seguía subiendo, los dos contrincantes continuaron su partida y comenzaron a caer piezas de ambos bandos. Yvy se rompía la cabeza en cada uno de sus movimientos, desplegando una segunda partida en su mente dónde trataba de anticiparse a todas las posibilidades de la estrategia de Z, pero por más tiempo que se tomaba y más que estudiaba cada situación, el otro parecía mover de forma automática, sin ni siquiera pararse un segundo a reflexionar en lo que hacía.

    -Tic-tac, tic-tac –repetía sonriente mientras seguía mirando su crono.

    El ensordecedor avance de las agujas de los relojes que forraban la sala empezaba a sacar a la chica de quicio. Vio como el agua le llegaba a Aleera hasta la cintura y se obligó a tranquilizarse. Trató de olvidarse de que se jugaba la vida de la persona que amaba y centro toda su atención en el tablero. La cuadrícula blanca y negra se convirtió en el tapiz de fondo de sus retinas y la absorbía de tal forma que incluso el aplastante sonido de las agujas se desvaneció. En su cabeza solo estaba el tablero y a cada fracción de segundo se dibujaban sobre él decenas de combinaciones de ataque y contraataque, y un centenar de posibilidades fueron esquematizando el campo de batalla. Movió. Z respondió al instante comiéndose su caballo.

    -Joder.

    -Yvy, ¿qué ocurre?

    -Ni siquiera piensa las jugadas. Es como si tuviera una respuesta programada para cada movimiento que hago. Es peor que jugar contra Deep Blue.

    -¿Deep Blue?

    -Deep Blue fue la primera supercomputadora capaz de derrotar a un campeón de ajedrez. En 1996, el ordenador de IBM venció al número uno del mundo Garry Kaspárov.

    -¿Really? ¿Me estás diciendo que ese tío juego cómo una supercomputadora?

    -No. Hasta las supercomputadoras tienen que procesar los datos.

    -Tiene que tener algún punto débil.

    Ejecutó un arriesgado movimiento de ataque con el que esperaba pillar por sorpresa al rival, pero este respondió de inmediato de forma impecable.

    -Dios, qué tensión.

    -Shhhh, que la desconcentras.

    Cambió su táctica a una más defensiva, pero sin un solo respiro Z la deshizo por completo con unos pocos y precisos movimientos. La chica se pasó la mano por el pelo, frustrada y con las opciones agotándose en su cabeza.

    -Yvy no quiero meterte prisa, pero a Aleera se le acaba el tiempo.

    Con la cabeza a punto de estallarle por el esfuerzo, Yvy se dispuso a mover ficha, pero en el último segundo retiró la mano. Sonrió con desgana.

    -Es imposible.

    -¡Yvy, no digas eso! No puedes tirar la toalla aún.

    -Es cómo La Inmortal de Kaspárov.

    -¿Inmortal?

    -Las Inmortales son aquellas partidas de ajedrez que han pasado a la historia por su gran belleza y virtuosismo. En 1999 tuvo un encuentro dónde Garry Kaspárov derrotó a Veselin Topalov ejecutando una jugada que se adelantaba 15 movimientos a la de su rival y que pasaría a ser conocida como La Inmortal de Kaspárov.

    -¿Z se está adelantando a los movimientos de Yvy?

    -No. Se ha adelantado a toda la partida. Lleva 10.000 años jugándola en su cabeza, no hay ni una sola variable que no haya considerado. Haga lo que haga, el ya lo ha previsto y siempre sabrá la mejor forma de contrarrestarlo. Da igual cómo lo afronte; no puedo ganar.

    -Pero… tiene que haber alguna forma… Algo.

    Mientras hablaban, Aleera ya flotaba y apenas tenía espacio suficiente para mantener la cabeza fuera del agua.

    -Solo una. Haciendo lo única que alguien cómo él nunca habría previsto.

    Yvy ejecutó un último movimiento.

    -Tablas.

    -¡No!

    Z se levantó de golpe tirando su silla y dejando caer su reloj. Apoyó las manos en la mesa y miró enfadado a su contrincante.

    -¡¿Por qué has hecho eso?! Podías haberte comido a la reina, ¡deberías haberlo hecho!

    -No jugaba para ganar.

    -¡Debías hacerlo! Un empate no es una resolución. Tiene que haber un vencedor, una respuesta clara y absoluta.

    Los relojes de la sala marcaron la medianoche al mismo tiempo y un ensordecedor tañido de campanas inundó la estancia. Z volcó la mesa desparramando el tablero y las piezas en el suelo y se llevó las manos a los oídos. Se puso a chillar histérico y de pronto, todo cesó. En ese preciso instante un estallido sanguinolento recorrió el cuerpo del Eje y lo abrió a la mitad desde dentro. Las dos partes se separaron y cayeron al suelo al tiempo que el cristal de la pecera se resquebrajaba de forma masiva, al igual que los que cubrían todos los relojes. Unos finos hilillos de agua se filtraron por las grietas más gruesas, pero la mampara aguantó. La cazavampiros flotaba inmersa en el agua que ya había llenado por completo la estancia.

    -¡Aleera!

    La vampiresa se hacercó de inmediato y con la empuñadura de uno de sus látigos golpeó el cristal.

    -¡Yvy, deprisa!

    Golpeó con todas sus fuerzas al tiempo que explotaba su aura vampírica y el cristal estalló en mil pedazos, liberando un muro de agua que se desplomó sobre ella, derribándola. Se incorporó de inmediato y buscó a su compañera que estaba tendida en el suelo aparentemente muerta.

    -Aleera…

    Yvy se arrodilló a su lado y comenzó a hacerle la reanimación cardiopulmonar. Cruzó las manos y las colocó sobre el esternón de la chica. Tras treinta compresiones le hizo el boca a boca. Repitió el proceso por segunda vez y finalmente la ahogada despertó vomitando agua. La recostó sobre su regazo mientras la ayudaba a expulsar los últimos restos de líquido.

    -Ya está cielo, ya pasó.

    Aleera apoyó la cabeza contra el hombro de Yvy y la abrazó.

    -Me has vuelto a salvar.

    -No pienso dejarte.

    Le devolvió el abrazo y frotó sus brazos tratando de darle con la fricción algo del calor que su gélido cuerpo no podía.

    -¡Uy, porras!

    Alicia estaba sentada en la silla de marfil con las piernas encogidas, la lengua fuera y ladeada ligeramente mordida y jugando con una Game Boy.

    -Maldito Bowser…

    -Alicia, ¿quién era ese pirado del ajedrez?

    -Os referías a Dante. Él era otro de los varones privilegiados al igual que Virgilio, aunque a diferencia de este, a Dante nunca le interesaron demasiado esos asuntos.

    -¿Por qué motivo?

    -Dante era un rayado mental. Su profesión consistía en dar respuestas a preguntas que no la tienen por lo que acababa obsesionado con todo lo que hacía. Aunque esa solo fue la punta del iceberg de su mayor tragedia. Estaba perdidamente enamorado de Elizabeth y ella le correspondía. Durante un tiempo pensaron que ese amor les salvaría a ambos de sus respectivos demonios, pero ellas se lo impidieron.

    -¿Ellas?

    -Lucía y Lucrecia. Muy pocos varones fueron capaces de ascender en el escalafón social y menos sin ser amadrinados. Lucía la Santa, la paladín de la virtud, y Lucrecia la Bruja, la avatar del vicio, fueron las valedoras de Dante, pero las dos eran celosas y orgullosas a partes iguales y no permitirían que un protegido abandonase la senda que le habían marcado ni que esto beneficia a una rival como Elizabeth. Así que se aseguraron de que su historia no funcionase. Las dos mujeres consiguieron que a pesar de su proximidad y del amor mutuo que se profesaban jamás llegasen a estar juntos, encerrándolos en sí mismos con la única compañía de sus cebados traumas.

    -¿Cómo pudieron ser tan crueles para impedir a dos personas que se amaban estar juntas?

    -La crueldad de muchos hiperbóreos no conocía límites. Lo realmente triste es pensar que en el fondo lo único que hicieron fue emplear cómo cadenas las dudas que ambos albergaban, desatándolas y dándoles rienda suelta. En otros casos, esas dudas en sí mismas habrían sido suficientes para impedirles estar juntos. Sé que el camino parece difícil, pero ya estáis cerca. Por favor, no vaciléis.

Cargando…

[Pista de audio: Have a nice day – Jon Bon Jovi.]

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