White Dragon Cap 18 Kimberly Naim Vega Dama

Capítulo 18

Karen corre hasta más no poder por las calles. Y, aunque no los pueda ver, si puede escucharlos como arañan con sus garras las paredes de los edificios. Creía que sólo las criaturas salían después de la puesta del sol. Pensando en eso tenía la esperanza de conseguir algo de comer para ella y

su hermana pequeña, Nicole.

La parte de la ciudad en la que viven se ha convertido en ruinas después del ataque de los militares en busca del dragón. Pensab

a que nada podía ser peor de ver el desastre provocado por el general Cromwell una vez que tomo la ciudad e implanto el toque de queda. Quien hubiera imaginado que esas extrañas criaturas aparecerían para apoderarse de los cientos de cadáveres de las personas que tuvieron la poca surte de sobrevivir al desastre.

Ahora Karen corre escabulléndose por entre los edificios rogando por encontrar un lugar donde guarecerse. No se imagina que los necromantes sólo están jugando con ella hasta que se aburren y comienzan a caer sobre ella, saboreando su carne.

Uno de los necromantes salta sobre Karen derribándola al suelo. Los pocos víveres traía consigo se desperdigan por todas partes. Se gira sobre sí misma. Parada sobre sus cuatro extremidades se encuentra el necromante. Por un momento Karen cree ver como los ojos de la horrible criatura centellan en medio de las sombras que la rodean. Sabe que su fin está cerca, que una vez que te atrapan nada se interpondrá entre uno y ellos. El necromante chilla y Karen cierra sus ojos a la espera de un ataque que nunca se suscita. Abre sus ojos lentamente, sorprendida de que las criaturas hayan desaparecido.

 

Con su cuerpo bañado en sudor, Liar cae rendida sobre el frio suelo del despacho.

– Los encontré, padre. – asegura apuntando con su larga garra sobre el mapa que se encuentra frente a ella. – he mandado a mis hermanos para encontrarlos.

– Bien hecho, hija. Ahora descansa. Iré personalmente por esas molestias.

– Pero padre…

– No discutas. Eres indispensable para mí y en tu estado lo mejor es que descanses.

– Si padre – sonríe con malicia mostrando sus afilados dientes – Pero me gustaría entretenerme un rato mientras recupero mis fuerzas.

Cromwell sonríe y asiente.

– Busquen a la asistente y llévensela a Liar. – Ordena a uno de los soldados que lo acompaña.

Cromwell no puede evitar notar que Lilith lo observa de manera extraña después de haber dado esa orden.

– ¿Por qué me miras así?

– Me sorprende que aprecies a esa criatura que te llama padre.

– Todos tenemos un corazón, Lilith.

– Yo no tengo corazón, lo perdí hace mucho tiempo. – contesta con un refunfuño, antes de salir juntos del despacho.

 

A los necromantes no les ha tomado mucho poder encontrar el encargo de su hermana. Ya habían encontrado el nido de la dragona desde hace algunos días, pero ninguno de ellos es tan tonto como para arriesgarse a ser un aperitivo de esa bestia. En cambio, se habían conformado con los cientos de miles de cadáveres que su hermana les había conseguido por esta guerra y muchas más en la que había participado.

Muchos de ellos sabían que su hermana los menospreciaba y aun así la seguían, sabiendo que donde quiera que ella este, la muerte y la destrucción estarían a su lado. No por nada cualquier petición que esta les pidiera la harían inmediatamente, dejando de lado cualquier cosa que estén haciendo.

Ahora se encontraban vigilando a los humanos que están con la dragona. Más de uno de los necromantes se saborea la carne de ellos. Uno no puede contenerse en el momento de que uno de los humanos se aleja de los demás. Se escabulle por los escombros y una vez que está lo suficientemente cerca, extiende una de sus garras tomándolo del pie.

West suelta un grito de terror.

La dragona levanta su cabeza sobre los demás. Al divisar al necromante que trata de llevárselo, suelta un fuerte rugido, asustando a necromante, obligándolo a soltar a West y retirarse unos metros donde sus demás hermanos aguardan, impacientes, buscando una señal para atacar.

Todos se miran asombrados al encontrarse rodeados por cientos de brillantes ojos rojos que los miran desde las sombras.

Kirna levanta su cayado y con fuerza golpea la tierra bajo sus pies. Una enorme cúpula eléctrica los rodea a todos. La dragona blanca por un momento se altera, extendiendo sus alas al tiempo que ruge con fuerza.

– Niña será mejor que calmes a tu nueva amiga.

Noah se apresura a controlar a la drogona extendiendo sus manos hacia ella.

– Hey viejo, ¿acaso no puedes sacarnos de aquí? – pregunta Olaf algo desconcertado, apuntando con su escopeta recortada a los necromantes que se empiezan a arremolinar cerca de la cúpula.

– Hago magia, no milagros.

– Y entonces, ¿Cuál es el plan? – Pregunta Henry – ¿Por qué no creo que su escude dure mucho?

– Tienes razón, mi plan son esas dos. – mueve su cabeza en dirección a Noah y la dragona.

– ¡acaso estás loco!. Ya perdí a una amiga en esta estúpida guerra. No dejare que Noah se enfrente solá contra esos monstruos – grita West, caminando hacia él, arrastrando su pierna herida.

Kirna lo mira satisfecho y le sonríe.

– ¿por qué me mira así?

– En el pueblo de las nagar existe una leyenda ya olvidada. Cada generación, nace una cazadora con dos corazones. Uno es impulsivo y salvaje; y el otro tranquilo y lleno de conocimiento, pocas veces la cazadora logra encontrar a su corazón. Pero una vez que se juntan, no hay nada que la cazadora no pueda hacer.

 

El último lugar para esconderse, para su mala fortuna, es la cocina del ayuntamiento donde se preparan, o preparaban, el bufet de comida para el recibimiento de algún dignatario o la celebración de algún evento de gran alcurnia. Un lugar al que pocas vece venia y que ahora se encuentra sumergida en la más absoluta oscuridad y por termos a ser descubierta no se atreve a encender las luces.

Piensa que está en alguna mala película de terror en donde el personaje principal es alguna joven universitaria que trata de ganarse unos cuantos dólares extras para poder comprarse un vestido costoso para su graduación y resulta que es el blanco de un asesino serial. Y, cuando es el momento de enfrentarse a él, termina en la cocina donde en vez de elegir un cuchillo acaba por usar un pedazo de vidrio para acabar con él.

– Sé que estas aquí. Puedo oler tu sangre fácilmente.

En cuanto oye la voz de Liar, Violeta toma la primera cosa fila que logra encontrar con sus manos. Liar sabe que los guardias serian un estorbo para poder divertirse a gusto con la asistente del fallecido gobernador. Así que decidió darles un “descanso” y encargarse personalmente de su aperitivo. Entra empujando lentamente la puerta doble de la cocina. Puede oler el excitante perfume que desprende las heridas de la asistente. Y, sabe que la segunda razón de haberla dejado viva es por ese embriagante sabor que tiene, es como encontrar una botella de buen vino, única en su especie, y saber que nunca más podrás encontrar algo así.

– No importa dónde te escondas. Tarde o temprano te encontrare y podremos continuar en donde nos quedamos la última vez, sin ninguna interrupción.

Violeta se estremece al recordar esos momentos de impotencia cuando la tenía arrinconada sobre la pared mientras Liar abusaba de su cuerpo, introduciendo su repugnante lengua sobre sus heridas y sus manos reptando sobre su cuerpo. “No más” se dice así misma, sujetando con fuerza la navaja entre sus manos. Liar se gira en ese momento en dirección a una gran alacena de metal cromado. Posa su mano sobre el aza de la puerta abriéndola lentamente.

– ¡Te encontré! – sisea con alegría.

– No creí te tardaras tanto – dice, tratando de esconder su rabia detrás de una sonrisa coqueta.

Liar entrona sus ojos ante tal afirmación. Nunca creyó escuchar esas palabras de una humana y menos de ella. Sus dudas se empiezan a disipar al ver como Violeta lentamente y de forma sensual se comienza a desabrochar su chaqueta con su manos izquierda. Y, con un suave y elegante movimiento de hombros deja que su chaqueta resbale por su cuerpo hasta caer al piso. Liar sonríe satisfecha por el dulce espectáculo. En esta ocasión, Liar se acerca sus manos y con sus garras, desprendé uno a uno los botones de la camisa blanca. Las manchas oscuras de sangre seca sobre la camisa, excitan a un más a Liar.

– No creí que te gustaran estos juegos, humana.

Violeta no contesta en cambio rodea su cuello con ambas manos trayéndola hacia ella. Liar no se puede contener por más tiempo. Abre la camisa de Violeta desprendiendo las gasas y desgarrando las vendas que cubren el cuerpo de Violeta. Abre su boca mostrando sus afilados dientes como las fauces de un gran tiburón lista para atacar.

Ambas pueden sentir como la sangre comienza a fluir.

– Nunca creí encontrar a una humana como tú. – apenas puede pronunciar con la sangre resbalando de su boca.

– ¡Eso te lo puedo asegurar! – grita Violeta con rabia.

Liar apenas percibe el dolor pero si puede escuchar como su garganta silva ante la enorme herida que tiene. Da un par de pasos hacia atrás llevándose una mano al cuello antes de caer ante su propio peso.

Violeta mira su mano y una sonrisa dibuja su rostro ante la ironía de tener un pedazo de vidrio entre sus dedos. “como en una mala película de terror” piensa.

Y, aunque se consideraba una poderosa necromante, nunca pudo predecir que la mujer que diviso con un gran futuro, sería la que con sus propias manos acabaría con ella. Violeta la mira con ira mientras la ve como se convulsiona en el suelo en un intento en vano de detener la herida sobre su cuello. Pronto, el cuerpo de Liar termina bañada en su propia sangre oscura.

– Maldito monstruo, termine lo que tú no pudiste. – le afirma como sus últimas palabras a Liar, antes de salir de la habitación tambaleante ante la descarga de adrenalina que corre por su cuerpo.

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